Género: Cine documental

Una de las novedades de la presente edición del Documenta Madrid es el ciclo “Desde lo femenino”, orientado a retratar fenómenos que aquejan la condición de la mujer en la sociedad. Bajo la mirada de ocho directoras provenientes de Brasil, Colombia, Francia, España, Líbano y Estados Unidos, somos testigos de la selectiva globalización de abusos, miedos y restricciones orientados hacia a la mujer de todas las razas, religiones y condiciones sociales y económicas.

Co-producida, escrita y dirigida por Xiana Do Teixeiro, “Tódalas mulleres que coñezo” (2018) forma parte de este ciclo. El documental, presentado en Málaga y Barcelona, es un relato generacional estructurado en tres partes: las dos primeras protagonizadas por mujeres que comparten experiencias y puntos de vista sobre aquello que la autora define como “el mito de la igualdad de género”. En ellas vemos el miedo de enfrentarse a lo inevitable ya sea directa o indirectamente, así como la indignación hacia una sociedad que normaliza por un lado y promueve por otro el desequilibrio social entre hombres y mujeres. El tríptico de la película se cierra con un grupo mixto de adolescentes, estudiantes de instituto, cuyos gestos, miradas y discurso frente a esta problemática muestran lo mucho que hay que trabajar para ponerle fin a este fenómeno.

Una propuesta diferente, atrevida, cercana y de altísimo valor pedagógico y artístico, “Tódalas mulleres que coñezo” compite en la sección Largometraje Nacional. Posterior a su proyección y coloquio en la Sala Plató de Matadero Madrid, conversamos con su directora.

La película presenta tres grupos de conversación sobre una misma temática bajo atmósferas distintas. En el primero vemos un grupo de amigas compartiendo la tarde en un bar, en el segundo entran a tallar personas con un punto de vista más analítico y formal, y en el último vemos un grupo mixto de adolescentes en un instituto. ¿Cuál fue tu intención con esta estructura?

En la película planteo que hay una problemática que afecta la totalidad de las mujeres, a su universo. Quise plantear esta estructura tríptica, aunque podría ser más bien concéntrica, de manera que en el primer nivel (grupo) accedemos a un conocimiento a través de la emoción y de la intimidad. En un segundo nivel ponemos estos conocimientos en relación a un pensamiento más teórico y crítico que nos lleva a ver que esta violencia sexual contra las mujeres en la calle es algo muy estructural y con una política económica por detrás, algo sobre lo que considero importante formar un discurso. Y en un tercer nivel vamos a un escenario más real y mixto, contrario a los dos primeros. La película apela a la persona espectadora directamente con el mensaje de que hay algo que debería despertar su interés sobre lo cual él/ella debería reflexionar y generar un debate, preguntar a las personas de su entorno. Y la película hace esto al “acabarse dos veces antes de acabarse”, es decir, una conversación que se termina es retomada desde otro escenario y así con un tercer escenario. Esa estructura que se quiebra, ese pequeño shock del metarrelato, creo que directamente apela a que tu, como espectador, también sientas que estás frente a un discurso construido en un aparato cinematográfico pero que puede trascender tanto su problemática como, desde luego, ese aparato a través del cual es proyectado.

“La película propone construir un discurso propio sobre

nuestras experiencias, nuestros cuerpos, del cual me

parece se nos había expropiado”

Además de ser una estructura que genera empatía con el espectador a través de los contextos en los que se llevan a cabo las conversaciones…

La empatía es super importante. Te ves un poco incluido en esas situaciones. Casi como si te estuvieras tomando algo con esas chicas en la primera conversación, sobretodo si eres mujer. Pero desde luego, al ver que las audiencias son incluidas todo el rato en el discurso de la película…yo la concibo como un documental participativo no solo dentro de la ficción, sino fuera de ella.

En pasadas entrevistas llegaste a definir tu anterior película, “Carretera de una sola dirección” (2016), como una especie de catálogo sensorial de los prostíbulos de calle y carretera de Navarra. ¿por qué ahora con “Tódalas mulleres que coñezo”, optas por una pieza más descriptiva y donde lo informativo toma más importancia que lo sensorial?

No la concibo como una pieza informativa sino como una que retrata un proceso de trabajo. Lo informativo tiene más que ver con reseñar algo que es muy novedoso o con dar unas conclusiones y en este caso no es así. Esto tiene que ver más bien con plantear muchas preguntas. De todas formas, “Carretera de una sola dirección” es una película muy particular en mi trayectoria, ya que me plantée un dispositivo muy formal en concreto, una manera de trabajar con la que no estaba acostumbrada, es decir, desde lo anti humano, negando la humanidad en base de no mostrar ni un solo rostro, ni una sola voz y ni una sola palabra en un discurso dirigido a señalar ciertos problemas sociales.

En este caso decidí que la herramienta fundamental de conocimiento y de discurso cinematográfico era el diálogo, sobre todo en espacios seguros, como son los que aparecen en las dos primeras secuencias de la película. Además, considero al storytelling como una estrategia muy gustosa. Los relatos que se cuentan oralmente, el cine hablado o algo que no esté muy cortado en el montaje y que respete la manera de hablar de la gente y la elocuencia de sus silencios. La película propone construir un discurso propio sobre nuestras experiencias, nuestros cuerpos, del cual me parece, a las mujeres, se nos había expropiado. Entonces, en esa construcción del discurso el diálogo es algo fundamental.

Xiana do Teixeiro y parte del reparto, en el coloquio posterior a la proyección de la película.

“Considero que la violencia contra las mujeres tiene

 detrás un modelo de economía política”

De los tres grupos de conversación que vemos en la película, los dos primeros están íntegramente constituidos por mujeres y solo el tercero presenta hombres ¿a qué responde esto?

En la tercera secuencia queríamos poner en diálogo estas propuestas de debate que se trabajan en la primera y segunda, pero con un escenario más real y fiel a la sociedad actual. Creo que fue interesante ver cómo reaccionaban personas de géneros distintos ante una realidad que afecta a una de ellas de una manera tan diferente como afecta a la otra. Se les plantea la misma situación a chicos y chicas que presentan la misma educación, en el mismo instituto, que cada día se ven, comparten mesas y, sin embargo, muestran reacciones diferentes.

Para mí fue especialmente importante en la película el papel de facilitadora desde mi rol de productora. Para ello lo que intentamos fue construir condiciones donde fuera lo más acogedor posible para un trabajo de compartir y colectivizar experiencias personales de las participantes, lo cual me llevó a tomar decisiones de tipo formal y que tiene que ver con el diseño de producción. Prioricé un espacio cómodo para hablar por encima de un rodaje fácil o técnicamente más adecuado. No usamos iluminación o equipo de sonido profesional. En el cine documental, si lo que queremos es acercarnos a una realidad debemos respetarla e intentar captarla aunque sea de una forma precaria. No condicionar lo que está sucediendo por obtener algo técnicamente virtuoso.

Uno de los segmentos que más llamó mi intención fue la discusión en torno al papel de la familia en esta problemática. Una de las participantes llega a afirmar que para ella sería más difícil lidiar con un hijo violador que con una hija violada ¿qué reflexión te merece esto?

Las máscaras que llevamos en el espacio familiar son muy peculiares y difíciles de cambiar a lo largo del tiempo, ya que aunque los hijos crezcan, las máscaras no cambian. Creo que la familia puede ser un lugar maravilloso, pero tiene una potencial naturaleza represora, que por cierto es muy aprovechado por la política y sus agendas conservadoras que defienden el concepto de familia parental. Lo que padres y madres transmiten a sus hijas a veces no tiene tanto que ver con el bien de ellas sino con una ideas un poco totalizadoras de lo que su vida supone con respecto a la vida de la familia. El hecho de que las experiencias de la hija hable de toda la familia o el que una hija violada sea una vergüenza para toda la familia, por ejemplo. Al final es un aparato totalizador de la experiencia y el cuerpo de ella. Yo creo mucho más en las propuestas feministas que en los años 70 fueron bastante polémicas, por ejemplo, la de Camille Paglia, quien ya en su momento planteaba que, si en la calle a las mujeres las violan o corren el peligro de que las violen, y los padres encierran a sus hijas para que sufran ese abuso, ellas por lo menos deberían tener el derecho a decidir si quieren exponerse a tal riesgo.

Fotograma de la película. Fuente: WalkieTalkieFilms

En el coloquio posterior a la proyección de tu película se plantearon posibles soluciones en un corto y mediano plazo, estando muchas de ellas orientadas a empoderar a la mujer. ¿No crees que también se debería educar a los hombres?

Hubo aportaciones hacia la educación enfocada en deshacer esa vieja masculinidad rancia, anclada a un patriarcado que no beneficia a nadie porque deja a los hombres un papel super ingrato: el hecho de que cualquier hombre por la calle y en el día, si se cruza con una mujer sea visto como un posible agresor o violador ¿por qué tiene alguien que conformarse con eso? ¿por qué no ser percibido como una persona que fluye por el espacio público? Mi idea es que es necesario hacer un cambio de modelo social. Porque además, y esa es una de las conclusiones a las que se llega después de ver la película: las violencias nunca están desconectadas. Considero que la violencia contra las mujeres tiene detrás un modelo de economía política. Son una manera, todas ellas, en continuidad, desde las violencias pequeñas y simbólicas hasta las más espectaculares y físicas, de controlarnos, de mantener un status quo patriarcal, etcétera. Para ello la educación es básica. A mi me gusta pensar en la educación de las personas adultas también, porque lo de pensar en las nuevas generaciones es una manera de echar las pelotas fuera ¿sabes?

“[…] es muy duro sentirme limitada cuando al mismo tiempo

te han educado bajo el mito de la igualdad de género”

La película inicia con un fragmento de una entrevista a Nina Simone, donde define la libertad como la capacidad de vivir sin miedo. Con ese concepto en mente y teniendo en cuenta la actual coyuntura social ¿te consideras una mujer libre?

[Una ligera sonrisa seguida de un silencio] Yo…tengo un poco de obsesión con la libertad. Siempre quiero despojarme de lo que me resta y limita, en muchos ámbitos. Es un ideal. Pero es bonito saber que caminas hacia él aunque es muy duro sentirte limitada cuando al mismo tiempo te han educado bajo el mito de la igualdad de género, diciéndote que eres igual a tu hermano, pero en realidad jamás vas a poder hacer nada de lo que hace él. Siento que soy mucho más libre de lo que son muchas otras mujeres, también porque tengo unos privilegios, por el lugar en el que he nacido. Soy una mujer más o menos blanca, aunque en Estados Unidos no me consideran una pero en Europa sí, además de tener cierta formación cultural, etcétera. Hoy soy más libre de lo que era hace cinco años y espero ser más libre dentro de diez años de lo que soy ahora.

¿Por qué elegiste rodar la película en blanco y negro?

Pues, creo que hay una línea que nos conecta a todas las mujeres. Es decir, este problema, las violencias y el sometimiento hacia las mujeres es algo bastante atemporal, y yo creo que el blanco y negro transmite esa atemporalidad. Una línea de continuidad entre los tres grupos que aparecen en la película. Este formato también tiene que ver con el hecho de que la película, al estar en blanco y negro, consigue centrarnos en el discurso oral y en unos cuerpos que escuchan. Cogen ese discurso, lo reflexionan, lo reciben, lo negocian y finalmente, lo colectivizan.

Resume en una palabra la siguiente expresión: hacer cine en España.

No sé si siento que hago cine en España. Siempre me he sentido muy desconectada. Hago mis películas y luego ya veo si la voy a enseñar o no. Esta película se hizo con una subvención gallega, de modo que fue un poco más hacer cine en Galicia. Hacer cine en Galicia, hoy en día, es un poquitín más fácil de lo que era hace años, por modas, por etiquetas y también por determinadas políticas culturales.

“Tódalas mulleres que coñezo” compite en la sección Largometraje Nacional.

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