En la nueva película de Isabel Coixet nos encontramos ante la adaptación de una obra, a cuanto menos imponente: ‘La Librería’, de Penélope Fitzgerald. La directora nos traslada a pantalla, con una dulce precisión, la historia de Florence Green, una mujer viuda, sencilla y discreta que desea abrir en un pueblo costero de Inglaterra una librería para mantener vivo los recuerdos de su esposo. Pero en este camino va a encontrar numerosas dificultades.

Si hay algo que hace que nos enamoremos de las producciones de Coixet, es el rigor y la delicadeza con la que trata cada detalle y que encuentra su cénit en esta última obra de la mano de Emily Mortimer.

A través de lluviosos paisajes florales, juegos de té, mobiliario inglés de ensueño, mansiones imponentes, alejadas y tenebrosas (todo ello al estilo del siglo XIX) se muestra un relato de coraje de cómo luchar contra las adversidades que día tras día minan nuestras esperanzas. Un relato de cómo el poder y el dinero  siempre tienen la batuta y lo importante que es mantener vivas nuestras pasiones todo ello ligado con una clase magistral de literatura.

Emily Mortimer está sobresaliente en su languidez, delicadeza y corrección. Entra en la larga lista de personajes creados por Isabel Coixet que no encajan en su entorno. Bill Nighy, apuesta segura, nos traslada y nos ayuda en ese recorrido de grandes obras literarias. Pese al odio de su personaje a las hermanas Brontë, vive su propia historia victoriana representando a un Señor Rochester algo más entrado en años pero igual de atormentado, gruñón y con mucha sensibilidad.

Patricia Clarkson, una suma más a la elegancia que caracteriza la película, es la figura del poder y autoritaria que acostumbra a tener un séquito a sus pies. La riqueza de la actriz está una vez más en su gesticulación. Así como veíamos en ‘Cairo time’, los momentos más reveladores de su personaje no son a través de diálogos.

‘La librería’ es una obra enriquecedora con un ligero tono amargo pero con ciertos regalos que hacen que te dejes llevar por lo aterciopelado del relato.

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