En el pequeño pueblo de Park City, ubicado en el estado de Utah, al sureste de los Estados Unidos, existen ocho campamentos deportivos destinados a la práctica de esquí y snowboard, actividades que representan una de las tantas razones por las que cientos de miles de turistas invaden sus calles, restaurantes y plazas en el invernal mes de enero. Pero para quienes llevamos el cine en las venas, si hay algo que en esas fechas nos une a aquella localidad es el tradicional Festival de Cine de Sundance, uno de los más importantes del mundo y cuyos 39 años los ha dedicado a celebrar, preservar y difundir lo mejor del cine independiente.

En su más reciente edición, aparte de las aclamadas ‘A Ghost Story’ y ‘I Don´t Feel at Home in this World Anymore’, se encontraba ‘The Big Sick’, dirigida por Michael Showalter (‘Baxter’, ‘Hello, My Name is Doris’) y producida por el siempre notable Judd Apatow, ganándose la simpatía de la crítica y el público no solo por su excelente reparto sino por enfocar un tema tan delicado y mediático como la intolerancia cultural de una manera tan divertida y verosímil.

 “…no estamos ante una película fácil. La primera media hora sufre
de un exceso de clichés solo aguantables por el tremendo
carisma individual y colectivo de Nanjiani y Kazan”

En ella conocemos al carismático Kumail (Kumail Nanjiani) un taxista y comediante paquistaní que se niega a seguir las tradiciones de su estricta familia. En uno de sus tantos monólogos nocturnos, conoce a Emily (Zoe Kazan), una estudiante de psicología recientemente divorciada, surgiendo entre ambos una química que se irá fortaleciendo con al pasar de los meses hasta llegar a ese punto donde conocer a los padres deja de ser un impulso para convertirse en una exigencia. Ante la negativa de Kumail por cumplirla, y descubrir que su familia no le permitiría concebir un futuro junto a una “chica blanca americana”, Emily pone fin a la relación. Tiempo después, ella cae víctima de una grave infección y Kumail, siendo lo último más parecido a un familiar, firma un documento autorizando que la induzcan en un coma mientras intentan salvarle la vida. La posterior llegada de los padres de Emily y su inevitable conflicto con quien traicionó la confianza de su hija será el elemento diferencial que haga de ‘The Big Sick’ una de las mejores comedias románticas del año.

A pesar de sus méritos, no estamos ante una película fácil. La primera media hora sufre de un exceso de clichés solo aguantables por el tremendo carisma individual y colectivo de Nanjiani y Kazan, cuyas cómplices miradas me pusieron de su lado, llegando incluso a crear cierta expectativa por lo que su relación mostraría en esas inevitables secuencias de montaje estilo Hallmark Channel y que poco favor le hacen a la palabra elipsis.

“…una película fresca y, dentro de su contexto, atrevida, que nos
recuerda la importancia de celebrar aquello que nos une
antes que renegar de lo que nos separa”

Es la enfermedad a la que el título hace referencia lo que cambia la atmósfera de la historia, reemplazando la juvenil ilusión de los protagonistas por la dramática realidad que viven Terry y Beth, los padres de Emily, ante la posibilidad de perder a su única hija. Terry es cándido y diplomático, de gestos y miradas que parecen pedir constantemente permiso y perdón, mientras que Beth es todo lo contrario y más. Y cuando digo más, me refiero a la descomunal riqueza que el talento de Holly Hunter pudo sacar del guion que el propio Nanjiani y su pareja, Emily V. Gordon, escribieron junto a Apatow.

La influencia del productor neoyorkino no parece haberse limitado a la escritura del guion, ya que la libertad de improvisación que caracteriza su manera de dirigir actores es evidente en muchas escenas de la película, especialmente en las de Romano y Nanjiani, experimentados comediantes, logrando así una autenticidad que me hizo empatizar con sus deseos y miedos.

De todos los géneros cinematográficos, es en la comedia donde la lucha por un objetivo tiene mayor importancia, ya que empuja al personaje frente a situaciones y decisiones tan desesperantes que, en el colmo de la ironía, generan la risa del espectador. Así lo vi en ‘The Big Sick’, una película fresca y, dentro de su contexto, atrevida, que nos recuerda la importancia de celebrar aquello que nos une antes que renegar de lo que nos separa.

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