¿Hay normas para la revolución? ¿El feminismo es de pensamiento único? Y lo más importante, ¿todos los puntas de vista (éticos) tienen cabida en el mismo movimiento?

Mientras aún nos damos palmadas en la espalda por el sensacional (y presidenciable) discurso de Oprah Winfrey el pasado domingo en la gala de los Globos de Oro desde Europa estalla la burbuja: el lunes un centenar de artistas e intelectuales francesas firmaban un más que polémico comunicado, publicado en Le Monde. En dicho comunicado se asegura que “la violación es un crimen, pero un flirteo tenaz o torpe no es un delito y una galantería tampoco es una agresión machista” y prosigue, “como mujeres no nos reconocemos en este feminismo que más allá de la denuncia del abuso de poder y toma el rostro de odio a los hombres y a la sexualidad”.

Dicho comunicado lleva la firma de entre otras la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet o la cantante Ingrid Caven y no ha tardado en encontrar respuesta: “En Francia, cada día, centenares de miles de mujeres son víctimas de acoso. Decenas de miles de agresiones sexualesY centenares de violaciones”, responde una treintena de mujeres, entre ellas la militante Caroline de Haas.

En esta nueva tribuna del miércoles se señala que “con este texto tratan de volver a imponer el tabú que empezamos a levantar. No lo lograrán”. A su vez el grupo de militantes feministas francesas considera que la mayor parte de personalidades citadas en Le Monde son “reincidentes en materia de defensa de pedocriminales o de apología de la violación” y utilizan su “visibilidad mediática para banalizar la violencia sexual” y “desprecian el hecho de que millones de mujeres sufran o hayan sufrido este tipo de violencia”.

En el texto original publicado en Le Monde y que al parecer fue elaborado en primera instancia por la escritora Catherine Millet también se exponía que la liberación de la palabra (desde que el caso Weinstein saltó a la primera plana mundial) se ha transformado en lo contrario: “se nos ordena hablar como es debido y callarnos lo que moleste, y quienes se niegan a plegarse ante esas órdenes son vistas como traidoras y cómplices”.

En definitiva, estamos ante un debate de proporciones descomunales, como siempre en la reciente historia con un toma y daca desde ambos lados del Atlántico y en el que se entremezclan cuestiones como la libertad sexual, el nuevo auge del puritanismo y por supuesto la integridad personal y la libertad de mantener que un no es un no.

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