Director: Woody Allen

Era la mañana del 13 de diciembre, y yo pedaleaba en uno de los pocos días de frío barcelonés de camino a los cines Verdi, pensando en Annie Hall, en Melinda y creyéndome en Manhattan. Intento evitar recuerdos cinematográficos sobre la última década del director. Siento los mismos nervios que sientes cuando te vas a encontrar con tu primer amor y sabes que todo van a ser decepciones. Llego a mi destino y, con los ojos y la esperanza a media hasta me siento al fondo de una sala llena de periodistas a la espera de que las luces se apaguen y empiece la película.

Se hace el silencio en la sala y ¡Oh, escucho la voz en off de un narrador!, parece que Woody Allen sigue siendo el mismo. Sonrío con algo de ilusión mientras un plano lleva a otro plano y este otro nos lleva a Justin Timberlake. Me quito la bufanda y empieza el show.

Diálogos abundantes y monólogos me recuerdan que estoy ante una película de Woody Allen mientras pasan planos repletos de una iluminación Wes Andersiana que se transforman en escenarios de teatro exagerados y satíricos. Me siento rara, llevo una hora en el cine y no he recibido nada, pasan los minutos y siento que estoy mirando a una pantalla vacía, sentada en el metro escuchando conversaciones ajenas.

Miro a Kate Winslet y su bipolaridad me hace sentir bien. Agradezco su interpretación y pienso que todavía puede salvarse algo entre unos personajes buscados y rebuscados en el baúl de los recuerdos de los clichés. Me relajo y entiendo el drama. Rebusco en el pasado de unos protagonistas desdichados, inventando en mi mente una historia paralela, quizás anterior. No puedo quedarme en ese momento, mi mente me pide algo más y la pantalla sigue estando vacía.

Siento la nostalgia en cada plano, siento a un Woody Allen que quiere retroceder en el tiempo, siento su afán de expresar pero no veo nada.

Escucho alguna risa y veo a un hombre mirar el reloj compulsivamente, como intentando que cada minuto dure la mitad. Creo que no soy la única decepcionada.

Sólo quedan 15 minutos para completar esta eterna hora y 40 minutos de película. Ya he perdido casi del todo el interés, pero guardo una mínima esperanza para el final. ‘Seguro que se saca un as de la manga’, pienso.

Aparecen los créditos y media sala sale con prisa. Me quedo un rato pensando como no ser subjetiva.

Wonder Wheel, la nueva película de Woody Allen, se estrena en España el próximo 22 de Diciembre, como un bonito regalo navideño que nos hace el director a todos aquellos que algún día lo idolatramos.

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