Grupo: Joe Crepúsculo
Sala: Wah Wah

Lo de Joe Crepúsculo ya no admite dudas. O al menos quien esto firma ya no las tiene. Y esto no ha ocurrido tras verle por segunda vez en la sala Wah Wah. No. Su tercer álbum en dos años ya se lo dejó claro. ‘Chill Out’, que así se llama su tercer trabajo, viene a refrendar que nos encontramos ante una especie de genio de acusada personalidad, y sonido, lenguaje y universos propios, que ya es bastante. Muchos se pasan una buena temporada intentando sonar a algo, y a final lo único que dan son bandazos con más tropiezos que aciertos.

Joe Crepúsculo es algo más que flor de un día. O eso esperamos: que dure un buen rato. Aquel sorprendente número uno entre lo mejor de 2008 en una reputada publicación musical con sus dos primeros álbumes –‘Escuela de Zebras’ y ‘Supercrepus’– y su posterior tournée por todos los festivales de mayor prestigio del país no fueron casualidad. Él se lo curra y tiene melodía, gancho, letras emocionantes y, sobre todo, unas altas dosis de sencillez que lo hacen más entrañable aún.

El concierto de presentación de ‘Chill Out’ en la sala Wah Wah fue auténtica apoteosis. Apoteosis interruptus, eso sí, porque la intensidad del concierto quedó al final en sólo 50 y pico minutos de baile imparable desde la primera ‘Todo lo bello es gratis’, una pieza con marchamo de himno porque consigue recoger a la perfección todas las pretensiones (o la falta de ellas) de este artista que se resguarda tras el pseudónimo de Joe Crepúsculo, pero que en realidad se llama Joël Iriarte y que casi siempre va acompañado por su fiel compañero Sergio Pérez (productor del reciente álbum); y hasta la última, una versión tecnificada de la profunda ‘Al alba’ de Luis Eduardo Aute.

Joël y Sergio aguardaban al inicio del concierto a pie de barra, mientras los seguidores se agolpaban frente al escenario. Saludaron a Nacho Vegas, que el día antes había tocado en el Puerto de Valencia y que no quiso perderse un concierto que le dejó gratamente sorprendido y con una ligera sonrisa de felicidad en el rostro, luego atravesaron la multitud, se subieron al escenario, encendieron las máquinas que se gastan, le dieron a la tecla, y como si de un auténtico resorte se tratará en la sala ya no hubo humano que no agitase alguna de sus extremidades. Fue reveladora esa primera imagen.

Entre canción y canción una pequeña introducción. Como el año pasado, los regalos de mecheros al personal y la comparación con los de Castellón, y como novedad el recuerdo a Rita Barberá y el homenaje obligado al barrio de El Cabanyal –dos de los grandes protagonistas de las veladas musicales del fin de semana: La Habitación Roja, Nacho Vegas, Los Planetas y Joe Crepúsculo se acordaron en sentido opuesto (para bien) del barrio marítimo de Valencia y (para mal) de la alcaldesa de la ciudad–. Para ella, por cierto, ‘Escuela de Zebras’.

Auténtica invitación al baile, apoteosis en fin, con verdaderos clásicos recientes del pop patrio como ‘Baraja de cuchillos’, ‘El día de las medusas’, ‘Ama y haz lo que quieras’ o la mágica ‘Suena brillante’, que por su fuerza en directo elevó más todavía el nivel de un concierto en el que no faltaron piezas de más reciente creación pero de enorme valor como la mentada ‘Todo lo bello es gratis’, a la que sólo le faltó el detalle de esa guitarra acústica que tan especial la hace, ‘Toda esta energía’, ‘Diriri Dararara’, ‘Ritmo mágico’ o ese monumento que se llama ‘Una paloma atraviesa el fuego’, que tras el olvido en la Apolo de Barcelona no se le pasó el incluirla en un repertorio que debe alargar más para próximos directos. El público fue feliz –lo primero que transmite esta banda–, pero se quedó con ganas de más.

Habrá que hacérselo mirar. A Joe Crepúsculo le sobran canciones de calidad e inmensas profundidades, personalidad y, sobre todo, el fervor de un público que se le rinde a sus melodías con una facilidad pasmosa, pero con apoteósica razón.

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