Grupo: Built to Spill + Disco Doom
Sala: Wah Wah

Cada uno al final suena como es y sus circunstancias. Si Built to Spill hubiera en algún momento roto los pronósticos, todo su arsenal estaría como más prefijado, sería más propio, pero también más previsible y, sobre todo, más afilado. O no. El caso es que las circunstancias con Built to Spill han colaborado en que la paleta se abriese y el frente fuera bien amplio. En eso no hay duda: la jungla de los 90 en la que empezaron a morder casi les obligaba o de lo contrario habrían encabezado la vanguardia. El respeto lo han ganado yendo de la luminosidad de las cuerdas a esas mismas guitarras más densas. Esos largos desarrollos o bien la mesura al otro extremo, y en medio una amplia gama de recursos. En fin, que Built to Spill tocaron todos los palos.

Buit to Spill paraban en Valencia en un gira que más allá de convocar a los fieles a los sonidos americanos que se distinguieron de mitad de los noventa en adelante, seguro que atrapó a alguien recien caído del árbol. Era estrategia pura, o si fue pura casualidad, que se lo apunte quien sea. Había necesidad de concierto bajo tencho, para distinguida minoría y además con banda de semejante talla. Y así se vivió entre la afición más puesta en la materia y divos tipo Antonio LuqueSr Chinarro en los carteles–, quien en sus inicios también se decantó por semejante estilo. La necesidad la nutrió el grupo comandado por Doug Martsch con suma facilidad pero asumiendo los riesgos que necesita un grupo con más de 20 años de trayectoria y sin arrepentimiento alguno ante la obra realizada.

Porque es lo que quedó claro. Desde el mismo inicio: arrollando, haciendo malabares con los tempos, sujetando de primeras toda la atención y volviendo a acelerar. La primera sacudida duró sus diez minutos: imposible la indiferencia con 'Goin' against your mind'; grande el riesgo con el que se abordó el recital. Grandiosas algunas soluciones y un par de momentos de excesiva densidad mal ligada. Algún paréntesis excesivo entre canciones se hizo evidente cuando el concierto consiguió fluir pausa. La entrega no faltó. La rotundidad sin concesiones tampoco.

Built to Spill emparentó a Pavement, The Smiths o el rock duro, pongamos que de Metallica, versiones incluidas. El riesgo, repetimos, fue evidente. Que bandas así, tocando todos los palos, no suelen. Pero también es cierto que en Wah Wah fue todo mucho mejor cuando la luz pop brilló más. Al finalizar una velada que abrió el trío suizo Disco Doom con especial gusto por el ruido, la multitud de corrillos a las puerta de la sala señalaban: un buen concierto con tela que cortar. Así da gusto empezar la nueva temporada.

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