Grupo: Tardor
Sala: Palau de la Música

Una sensación que es difícil de olvidar es aquella que uno siente por primera vez cuando reside en un país extranjero. Tras el (necesario) miedo inicial llega una inesperada sensación de euforia, algo parecido al subidón de Jack cuando gritaba lo de “soy el rey del mundo”. No es una cuestión monetaria, ni sentimental, sino de viveza, de salir de la zona de confort y experimentar la supervivencia adaptada al siglo XXI. Sin embargo esa sensación contrasta abismalmente con la que uno vive cuando regresa a casa tras un largo periodo de ausencia.

El último jueves de septiembre, casi rimando en verso con su propio nombre, Tardor regresaba a su casa. Además lo hacía a una de esas estancias que a cualquier grupo le gustaría pisar, la sala Joaquín Rodrigo del Palau de la Música. La razón era la presentación de su tercer disco de estudio, “Patraix“, registrado durante este verano bajo la supervisión y producción de Ricky Falkner y Luis Martínez. “Patraix” es un álbum en el que, como en las buenas películas, es muchas cosas a la vez. Por supuesto transmite el sello ya inconfundible de Tardor, el del pop (de espíritu) juvenil de alta orfebrería. La segunda característica reconocible del ADN Tardor es la claridad de sus letras, capaces transferir desde la calidez de la niñez junto al amor maternal, pasando por las relaciones juveniles a la vera del Mediterráneo y por supuesto el late motive de esta crónica: la vuelta a casa.

Todas estas cumbres (y alguna más) Tardor las asaltó durante su particular reconquista con canciones como “La corda”, “El final”, “Catamarà”, “Nevar a València” o “Vull que comprem una casa”, todas ellas pertenecientes a Patraix. Junto a estas las ya clásicas “Ontàrio” o “L’Eufòria” uno descubre que, casi sin querer, Tardor a aglutinado una docena de canciones capaces de plantar cara al set list de cualquier cabeza de cartel en cualquier festival veraniego. Por si esto era poco el final con una sala puesta en pie y Àlex Martínez cantando entre el público despertaba los sentimientos de todos los asistentes.

Esa extraña sensación de la que hablaba al comienzo tras la vuelta a casa es la del autodescubrimiento de uno mismo y de aquello a lo que hemos llamado hogar toda la vida. Esos rincones de la ciudad por los que aún no habíamos paseado, y que pasan a convertirse en los recovecos perfectos para volverse a enamorar, para volver a volar, pero esta vez con los pies en el suelo. Tardor ha vuelto y con su regreso no sólo han redescubierto su ciudad, sino que también se han ganado por derecho propio ser una de las figuras musicales más a tener en cuenta en los próximos meses.

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Fotos: Iván Navarro. 

Crónica: Sergio F. Fernández

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