Grupo: Primavera Sound (Viernes 29 de mayo) - Crónicas del Primavera (Día 2)
Sala: Parc del Fòrum

La verdad es que estábamos frescos. La decisión de pegarse un poco de playa antes de volver al recinto fue, sin duda, uno de los aciertos del fin de semana. Tortilla de patata, baño en el mar y algo de vouyerismo fue un desayuno más que completo. Tras una ducha y algunas cervezas ya estábamos allí de nuevo.

Nos perdimos a Damien Jurado, Extraperlo (aún sonreimos un poco con su pop hawayano-vaquero en la mini-tienda de campaña de Ray-Ban) y Rosvita; qué le vamos a hacer. Al día le pasó como a la vida misma: cuando crees que no va a pasar nada memorable, cuando te relajas, ocurre algo grande. De veras que pude experimentar aquello que me habían contado: el Primavera es un festival donde descubres grupos. Mientras pensábamos en la táctica a seguir en las gradas del Rockdelux el agradable pero algo ñoño country-rock de Maganolia Electric Co. nos acompañaba.

Si en la crónica de ayer echamos de menos el escenario Pitchfork, en la de hoy las mejores sensaciones van a ir destinadas a este lugar. Empezamos allí con The Pains Of Being Pure at Heart. Un grupo de pop en toda regla. De lejos parecían Los Planetas, de cerca los mejores Ash. Un lujo a pesar del nombre.

Antes he mentido porque empezar, empezamos con Los Punsetes en el Ray-Ban. Las revistas nos habían dicho que para ser moderno había que verlos y allí que nos fuimos. Estuvo bien. Fue algo original. Ruido de fondo para un punk insidioso y ochenteno que por ironía y envoltura (que envuelve) estuvo a la altura de lo esperado. “El Escorial” y “Dos policías” fueron interpretadas con tanta desidia que llegaron. Reseñable atuendo y actitud de una frontman que ni parpadeó. Tenía su morbo.

Pero volvamos al Pitchfork. Casi de casualidad dimos con nuestros huesos en Crystal Antlers; la polla. Alt-country de calidad y original puesta de en escena de una banda que a base de bases pregrabadas, ruido y un actitud demoledora, nos recordó que estábamos en el mejor festival de España (y Catalunya). Se fue ruidificando la cosa hasta un final inolvidable al que se unió The Vivian Girls (a las que también nos los perdimos).

La última sorpresa del Pitchfork fue The Mae Shi. A estos si que fuimos con intención y, vaya, acertamos. Tres niñatos adorables poseídos por la electrónica a los que no les faltó de nada. La interacción con el respetable fue constante y de allí no se quería mover nadie. Que si desplegar una bandera, que si ataques Iancurtianos, que si guiños a Devo, que si pum que si pam.

Ya estábamos excitados y decidimos sacrificar a Art Brut (parece ser que mal hecho) para tirar de perritos calientes (5 euros) y cervezas. Jarvis Cocker se encontraba en el mismo espacio que nosotros y eso se siente.

Y allí estaba. Era tal y como me lo imaginaba. No paró. Jarvis Cocker fue (es) un ciclón. Sus discos en solitario no son como para llevártelos a una isla desierta, pero cuando él las canta todo cambia. Se mueve, se sube a los amplis, bromea con las primeras filas. Sexo en directo vestido de traje y con barba maqueada. “Jarvis” y, sobre todo, “Further Complications” acapararon la hora y pico de derroche físico. De Pulp no quiere ni acordarse. De “Common People” está hasta los huevos. Y qué culpa tendré yo.

Entre medias nos desvirgamos en el ATP con Shellac. Mucha tralla en forma de blues-rock y post-rock (que al fin al cabo acaban en rock) que si no llega a ser porque he visto a The Black Keys en Londres (soy así de guay), hubiera salido impactado. Me encanta cuando el batería pasa a la primera línea de escena como si de Xabel Vegas, a los mandos de Manta Ray, se tratara. Buena descarga de adrenalina antes de darnos cuenta que la jornada estaba llegando a su ocaso.

Spiritualized me aburrieron así que no le dedico más (ala lo que ha dicho!).Ya eran muchas cervezas y bailar con Bloc Party nos pareció perfecta guinda. Eran de lo más comercial de festival y los verdaderos culturetas no querían verlos ni en pintura, pero nos encantó. Con Kele Okereke tocado con una gorra, camisa de leñador y los amplificadores a todo meter, no se guardaron ninguna de sus eléctricas perlas. Llámale perlas, llámale “Hunting for Witches”, “Helicoter”, “Banquet” o “Song for Clay” con la que comenzaron. De lo nuevo, que es más electro que rock, también cayeron cosas. Ya estábamos a tope.

*Ya sé que prometí ir a ser feliz con el segundo pase de My Bloody Valentine, pero por deferencia con mi pareja y sus oídos, al final decidí no desplazarme hasta el Auditori. Marcos, un amigo de fiar que sí fue, me contó que estuvo más emocionante la primera noche al aire libre.

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