Grupo: Dcode Festival 2012
Sala: Universidad Complutense de Madrid

Septiembre es un mes raro, siempre entre el bajón de la vuelta al cole y las ilusiones de un nuevo curso, los días aún calurosos y las noches cada vez más fresquitas. A este mes peculiar le podemos añadir ahora otra característica, la de tener un festival, el DcodeFest, que oscila entre los extremos de lo brillante y lo flojo. A continuación, los detalles de las dos jornadas de la cita madrileña.

+ VIERNES 14:

Fijarnos como objetivo las 19 horas para llegar a tiempo para asistir a la vuelta a Madrid de Dorian, era por lo visto ver las cosas desde un punto demasiado optimista. Una hora entera de cola para la tradicional recogida de pulsera festivalera no permitió volver a disfrutar del set del grupo. Una pena, siempre sienta bien volver a escuchar un “A Cualquier Otra Parte”…

Fueron finalmente las canciones de los suecos de Kings of Convenience las que marcaron nuestra entrada en el recinto de la Universidad Complutense de Madrid. El dúo cae de maravilla, son lo más cool del norte de Europa, pero después de haberlos visto varias veces, siempre nos viene a la mente la misma pregunta: ¿Para cuándo un nuevo disco?. Su set siempre es impecable, los bailecitos de Erlend Øye siguen teniendo su gracia, y los programadores del DcodeFest supieron perfectamente en que franja horaria tenían que tocar los suecos. Puesta de sol, temperatura perfecta, cielo rosado, todos los elementos reunidos para dejarse llevar al son de KOC. Muy bien, pero ya… Ya está bien.

Satisfactoria sorpresa la que se marcaron los franceses de The Shoes. Todavía no muy conocidos por estos lares, si tuviésemos que definir al grupo, bastaría con nombrar su hit “Time To Dance”. Porque así fue, una hora de baile frenético, con referencias a finales de los 80, principios de los 90, todo ello regado de samplers de Stereo, Mc’s y su “Connected” o Robin S y su hitazo “Show Me Love”. El público respondió con creces a la llamada al baile de los franceses armados de múltiples percusiones, máquinas y un bajo letal. Sin duda la revelación de esta jornada. De todas formas hubiese sido complicado encontrar a otra revelación visto el cartel ofrecido para esta primera jornada: Dorian, Niños Mutantes, Dinero, Napoleon Solo, Triangulo de Amor Bizarro… Ya vistos y revistos. A la que sí hubiésemos podido otorgarle el premio, es a Kimbra (que sí, que la conocéis todos, la compi de Gotye)… pero no tuvimos el placer de comprobarlo, demasiado atrapados por el Art-Rock de los belgas de dEUS y ya presos del ansia pre-Sigur Ros.

De Sigur Ros toca hablar ahora. Las palabras no son fáciles de encontrar para calificar el concierto que ofrecieron los islandeses en el DcodeFest. El contexto seguramente no fue el idóneo para recibir a un grupo que se merece una atención infinita a la hora del directo. Los festivales, sin embargo, ofrecen a menudo un público que está por estar, que está porque mola estar aquí, ¿pero a qué precio para los que de verdad están por la música? Los islandeses tenían 1 hora y media de bolo programado, y esos 90 minutos fueron de una intensidad absolutamente incomparable con cualquier otra cosa que se pudo ver durante el festival. Sigur Ros hipnotiza, vuelve epiléptico, emociona al más no poder. Unos lo entienden, o lo intentan entender. Otros hablan de verdadero coñazo, de que no pintan nada aquí… con lo cual los segundos preferían hablar, gritar, reírse, enseñar lo bonito que era su disfraz. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero no lo hagas aquí delante del escenario, si no te importa una mierda lo que estás escuchando, vete a la barra del fondo, coño… Los 13 músicos subidos sobre el escenario ofrecieron un concierto espectacular, dejando boquiabiertos a muchos. Si alguien pensaba que el momento de Sigur Ros había pasado, más tras la bajada de listón que han metido en su última entrega discográfica, pues de eso nada, siguen siendo, sin lugar a duda, uno de los grupos más potentes e interesantes en directo a nivel mundial. Faltan superlativos para describir a la experiencia de Sigur Ros en directo. Maravilloso.

Después de tales momentos, uno se sentía vacío, por la entrega durante el show de Sigur Ros; vacío a nivel emocional, y casi sin ganas de seguir, ya que estaba casi todo dicho. Pero otros grupos querían dar guerra y consiguieron llenarnos. Triángulo de Amor Bizarro se presentaban sobre el escenario Heineken y cumplieron con creces. La calidad sonora de los escenarios del festival ayudó a TAB y a su repertorio. Los gallegos siempre debería de sonar así: potentes, sucios, contundentes. Presentaron cuatro nuevos temas, y el público respondió dejándose las suelas de las zapatillas sobre el césped. Por si cupiese aún alguna duda de que estábamos ante una de las mejores bandas del panorama nacional, ellos lo recordaron máxime teniendo la difícil tarea de hacer la transición entre los dos cabezas de cartel: Sigur Ros y Justice.

Como último plato fuerte para esa primera noche quedaban los franceses de Justice (en la foto). Esos tíos son unas máquinas del directo. Vayan donde vaya, arrasan. Las máquinas son también el material que acompaña al dúo en sus despliegues en vivo. Con la música electrónica siempre nos quedará la duda de qué se “toca” en directo y qué se deja de “tocar”. Aún así, la hora no era para hacer esas preguntas. Dos muros gigantescos de amplis Marshall, su cruz y otra serie de artefactos formaban parte del decorado. Lo de Justice fue una invitación al baile electrónica/heavy metal… No dejaron indiferentes a nadie, su puesta en escena fue perfecta y las mezclas de sus canciones, muchas de ellas revisadas para el directo, hicieron de su puesta en escena un verdadero espectáculo. Dos veces notamos problemas con el sonido, pero aquello no bastaba para desanimar al público y para hacer de esa primera jornada del Dcode un éxito.

+ SÁBADO 15

Si siguiéramos con las peculiaridades de septiembre y del DcodeFest podríamos añadir que claramente hubo dos jornadas muy distintas: un viernes más “indie” (aunque no del todo) y un sábado más “mainstream” (aunque no del todo tampoco).

Empezamos esa jornada con el conjunto español que mejor representa el rock en todos los sentidos de la palabra, Cápsula. Actitud y autenticidad en el escenario, a ellos sí que nos los podemos creer. Lo dieron todo, a pesar de solo contar con un aforo de unas 100 personas delante del escenario Heineken. Puro rock’n’roll y punto.

Los que fueron una de las revelaciones de la pasada edición del FIB, Django Django, ofrecieron, de nuevo, su directo impecable para plasmar las brillantes composiciones de su primer disco. Los ingleses dispararon durante una horita (que se quedó corta) sus balas de pop-psicodélico, hacia un público que dejó de buscar la sombra, por mucho calor que hiciese; la llamada al baile por parte de Django Django era demasiado fuerte como para poder negarla. Dieron en el blanco, sin ninguna duda.

Lüger, de estos grupos que finalmente no son tan habituales en carteles de festival, pisaron el escenario Heineken con su directo arrollador. Recordaron, una vez más, que son unas bestias sonoras y físicas. Lo del percusionista de la banda es de otro mundo, mantiene el ritmo a base de hostias de las que duelen cuando las recibes. El día de hoy pintaba muy bien hasta ahora en cuanto a grupos nacionales, hasta que se torciera la cosa.

Disculpadme si ofendo a unos y si este relato se convierte en algo quizás demasiado personal, pero me piden relatar lo que veo y lo que siento. Con grupos como The Right-On’s y Supersubmarina no siento nada, no me procuran ningún tipo de emoción y cada vez les veo menos interés. Por una parte, The Right-On’s son unos músicos con mucho talento, pero me cuesta pillarles el rollo. Ese rock’n’roll clásico 6o’s/70’s que se empeñan a recrear, según mi punto de vista no aporta nada. Quizá es de valientes atacar un género en el cual todo está ya hecho, pero sería aún más valiente o creativo aportar algo novedoso al género. Lo repito, estos tíos son verdaderos músicos, pero que poco disfruto al verlos en directo, y no fue la primera vez. Pude verlos y conocerlos un poco dos veces por EE.UU., y después de verlos unas cuantas veces más por España. Se acabó, nunca más. No trago. No me lo creo. Lo siento.

Ahora me doy cuenta de que quizás acabo de ser violento con The Right-On’s, cuando los que menos interés despiertan en mi son los otros, Supersubmarina. Encontraron su nicho de forma rápida, se situaron por el indie-caigo-bien-a-todo-el-mundo, se aprendieron de memoria la receta y mi conclusión personal es que son ahora un verdadero aburrimiento. No dejaron de repetir que “arriba esas chicas de Madrid”, esas fueron las palabras dirigidas al público, huecas y sin sentido, rozando el ridículo. Sí, soy duro con ellos, pero joder… Escuchar la misma canción con letras flojas durante una hora cansa bastante.

Turno para The Kooks. No nos mintamos, los dos primeros Lps de los ingleses son discos repletos de hits, temazos, pop-songs perfectas. Ellos mismos definen a su tercer disco como diferente, creado bajo otro concepto. Qué placer escuchar de nuevo “Seaside”, “Sofa’s Song”, “She Moves In Her On Way”, “Oh Lala”, “Naive”, “Do You Want to”, “JUnk Of The Heart”, … en fin. Con lo anteriormente citado queda todo dicho. Invitaron a Mark Foster, de la banda Foster The People, para interpretar su hit “Pumped Up Kicks”. Una hora de placer Pop. Que vuelvan cuando quieran.

Para nosotros esta edición del DcodeFest se iba a terminar con el concierto (o representación de circo) de The Killers. Lejos queda el grupo autor del disco Hot Fuss, que convenció a casi todos en su momento. Brandon FLowers & Co ahora quieren competir con Coldplay en su carrera para ser U2. Lo único que consiguen con aquello es perder completamente su personalidad propia. Tienen grandes canciones, sí, pero por favor bajaros de las nubes que solo vosotros conocéis. Los tíos no dejan que se les haga fotos, lo controlan todo hasta tal punto que da asco y no deja ningún espacio para la naturalidad, la improvisación. A fin de cuentas, huelen mal… Yo no puedo considerar a The Killers como un gran grupo de Rock, me es imposible, quieren serlo, pero no, no va a poder ser.

Como conclusión, 35.000 personas, según la organización, asistieron al festival, lo cual es un éxito para el Dcode. Que sigan, que Madrid lo necesita. La organización mejoró muchísimo en comparación con el primer año (recogida de pulseras aparte), el recinto es muy cómodo, los escenario suenan bien… solamente le falta encontrar una verdadera identidad para convertirse en una de las citas imprescindibles de este país. Lo conseguirán, fijo.

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