Grupo: Delorean y Señores
Sala: Ochoymedio

Tomavistas Ciudad, ciclo de conciertos madrileño, que se precia de ofertar a bandas no muy reconocidas pero sí muy recomendables, trajo a Delorean y Señores. No quedó más remedio que acudir a su llamada, era la forma de calentar motores de cara al Festival Tomavistas que se celebrará en mayo del 2017.

La noche arrancaba con Señores. Había poco público pero nada me extrañaría que éste aumentase con el tiempo porque su puesta en escena da para aplaudir fuerte.

Sobre el escenario, tras la espalda de Señores, un proyector emitía una imagen de nubes blancas y azules esponjosas, imagen tierna que se antojaba robusta al mezclarse con los temas indie-rock que iban sucediéndose. Su setlist estaba llena de canciones de su nuevo trabajo La Luz, como Democracia Enferma o Estrella de la Muerte, donde guitarreo y rock colega fueron de la mano, los presentes íbamos acercándonos tímidamente hacia el escenario encantados de ver lo que estaba pasando.

De repente el proyector reprodujo un vídeo que desvelaba las primeras confirmaciones del cartel de la próxima edición del Festival Tomavistas, entre los que se encuentran Los Punsetes, Egon Soda, Los Nastys, Alien Tango, Suuns, Delorean, Baywaves, White Bats, Schwarz, Quentin Gas & Los Zíngaros. Ahorremos para la entrada.

Turno para Delorean. En cosa de cinco minutos los técnicos de sonido llenaron el escenario de cables que conectaban con teclados, sintetizadores, baterías eléctricas, micrófonos, movidas. Cosa llamativa fue que, aunque este grupo atrajo a más público que el que había al comienzo de la velada, tampoco es que la sala estuviese especialmente llena. Y es una pena, porque esta banda lo está petando fuerte fuera de España pero dentro de ella parece que no tanto. Los españoles nos las gastamos así.

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Total, que en cuanto los de Delorean empezaron a tocar los focos de luz parpadearon en consonancia con la electrónica que sonaba. Las canciones de su nuevo disco Muzik nos empaparon mientras los que estábamos allí asentíamos con la cabeza por inercia. Sonó Epic y me hipnotizó, luego otros temas anteriores como Deli, también. Parecía que cada tema vibraba más que el anterior. Había electricidad, era música de pista de baile y encima estábamos en ella. De repente alargaban algunos temas, no había estructuras rígidas, todo estaba vivo. Sólo quedaba cerrar los ojos y mover el cuerpo de un lado al otro.

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Al final, cuando la música dejó de sonar y la sala quedó vacía, aún quedaba en mis oídos parte de lo que había escuchado. Sensación de haber disfrutado en los dos directos, cada uno de su padre y de su madre pero que, en una misma noche, cuajaron. Señores por el desenfado, Delorean por su electricidad.

Algo más de atención tendríamos que prestar a la música que es producto nacional, que de otras cosas no, pero de música sí podemos presumir.

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