Grupo: Edwyn Collins + Colorama
Sala: El Loco Club

La vida, debería ser tan sencilla. No la vida en sí, sino la actitud frente a la misma. Tal vez como Edwyn Collins afrontó su concierto en El Loco. Aunque 'afrontar' no sea el verbo más adecuado y parezca que aquello se trataba de un 'problema'. Al contrario. Collins hizo del concierto un placer con una tremenda sencillez. Tanto, que acojonaba eso: la vida, tan fácil y tan puta.
A Edwyn Collins la vida le dio fuerte. Aquel infarto cerebral. Recuperarse fue el reto. Vivir su vida, su música y compartirla con la sencillez y naturalidad con que lo hizo en El Loco, es otra cosa. También la vida.
De cerca, bien pegados al escenario. La mejor posición para ver a la vida hacer con naturalidad. Edwyn Collins salió a escena, bastón en mano, andar torpe pero decidido, junto a Carwyn Ellis (teloneó con su proyecto Colorama) –teclados, acústica y coros– y la guitarra de James Walbourne. Abrió con el recuerdo a Orange Juice (1979-1985) con 'Falling and Laughing', que en formato acústico demostró total vigencia, esa que hace que todavía lo bailemos alguna que otra noche cuando toca recordar la esencia del sonido británico.
Porque Edwyn Collins (Edimburgo, 1959) tiene mucho que contar. De cuando hace más de tres décadas encumbró un sonido por el que todavía se pirran los más jovenzuelos del lugar. Pero ahora prefiere paladearlo, o es que no le queda otra. El caso es que es la vida misma la que le ofreció la posibilidad de darle esa otra textura rebosante de naturalidad y sencillez a su obra.
Se palpó la actitud de punk (con clase). Eso en Collins debe ser inevitable. Pero ahora, la rapidez da paso a la naturalidad. La pose de entonces es el poso de ahora. Su nuevo single, 'Dilemna' nos hizo sucumbir ante tal demostración de temple pese a ser interpretado semejante temazo en ese formato austero de tres.
La voz de Collins posee tremenda profundidad, los coros dimensionan sus canciones, la sencillez del concierto lo hizo más cercano. 'Blueboy' estuvo plagado de actitud. Faltó una patada al viento. De rabia. Pero para qué. Si la vida, como la música, con sencillez y naturalidad casi que mucho mejor. Total, llegar antes que nadie para qué. Lo mismo se intercalaron 'Consolation prize' de los tiempos mozos, como 'Home again', sin duda ya desde otro punto de vista, otro foco vital o 'Rip it up', uno de los grandes éxitos de los Orange Juice.
Antes del bis con 'Low expectations' y 'Don't Shilly Shally', cerró con la enorme 'A girl like you' con la que Collins disfruta una enormidad. Difruta tanto viendo a Walbourne mover las cuerdas de la eléctrica, como viendo las caras de felicidad del personal de las primeras filas. Así de sencillo. Seguramente se trate de eso.

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