Grupo: Ezra Furman & the Boy-Friends
Sala: La Rambleta

Martes, suena el despertador demasiado pronto, como cada mañana. Los cinco minutos que estiras en la cama son los culpables de que luego llegues tarde al trabajo. Lo normal de un martes… La semana acaba de empezar y el fin de semana queda demasiado lejos aún. Hundido en ese pensamiento te vibra el móvil: un recordatorio.

Evento: Ezra Furman & the Boy-Friends

Lugar: La Rambleta

Hora: 21.45

Aquí tengo el privilegio de entrar en la maquina del tiempo y adelantar el reloj 13 horas.

El Ram Club está preparado para el concierto, eso sí, con menos gente de la que se esperaba. ¿Cuánto tiempo llevamos renegando de que en Valencia no conseguimos rascar ni una fecha de algún grupo internacional que pase por Europa (no cuento los festivales de “música” que se celebran en verano)? Y cuando lo tenemos…

Un solo de bombo da inicio al concierto. Con él salta al escenario Ezra Furman y su banda o como él los llama: sus “boyfriends”.

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Es innegable que durante las dos primeras canciones mi déficit de atención fue alto por culpa del cantante del grupo. La estética, las vestimentas, la actitud nada más subirse al escenario y sobre todo su voz, me embobaron durante un buen rato e hicieron que mi cabeza no pudiera parar de asociar referentes: El garbo de Bowie, la voz rasposa de Jake Bugg, el rollazo de Buddy Holly, hasta la ambigüedad de Lou Reed, del que se ha declarado incondicional en alguna ocasión.

El bolo empezó bastante lento y con algún que otro problema de sonido, pero poco a poco Furman nos fue adentrando en su mundo de locura y de tinieblas, haciendo que pasáramos de verle como el típico niño raro, a verle como el niño incomprendido que por fin ha encontrado el medio y el modo de manifestarse.

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La cosa se fue animando después de “My Zero” y su nuevo single “Lousy Connection”. Dándonos un show en el que, como unos funambulistas, la banda iba saltando de un género a otro haciéndonos disfrutar de cada registro: del rock and roll clásico hasta el rockabilly, pasando por el punk.

Así se bajaron del escenario y, tras unos minutos, dieron pie al bis. La mejor parte de la noche sin duda. Apareció el de Illinois solo ante el peligro, cautivándonos con su voz, creando un silencio sepulcral con “Wild Feeling”. Siguió a banda completa con una cover-regalo de Arcade Fire, “Crown of Love” y acabaron convirtiendo la noche en una fiesta con “Restless Year”, haciéndonos olvidar que era martes noche…que en unas horas ya sería miércoles y que el despertador iba a sonar como cada día por la mañana.

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Fotos: Fran Calabuig
Crónica: Estefanía Mora

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