Grupo: Foc Festival Moncofa
Sala: Polideportivo Mulifuncional

Andrew Thompson, Nando y el que os habla habíamos sopesado los pros y los contras de coger el coche y hacernos 50 km. en una angosta- ya llevábamos alguna cerveza y era agosto- noche de viernes. La reciente muerte del periodista musical Tony Wilson nos puso melancólicos así que la tarde la habíamos pasado viendo “24 Hour Party People”; los bailes espasmóticos de Ian Curtis y el espíritu gamberro de los Happy Mondays estaban de nuestra parte cuando decidimos que sí, que hacia el FOC 07 que nos íbamos… Tendrás que llegar al final de esta crónica para saber si mereció la pena.

Después de media hora preguntando a bakalas y domingueros- que por supuesto nos respondían con cara de no tener ni papa- por unos conciertos de pop, rock y electrónica a lo largo de la extensa costa de Moncofa, ya nos dimos cuenta de que habían, para esta séptima edición, cambiado el festival de ubicación y alejado del mar. Por fin, el autóctono propietario de una heladería nos ilustró, sobre una servilleta, un mapa que resultó infalible para topar con “el polifuncional”, junto al cementerio.

Varias proyecciones se estampaban sobre la pared del polideportivo cuya función esta noche iba a ser la de albergue de vanguardia sónica. La música electrónica con alma fashion pop o electropop ya azotaba el aire de la agradable noche y las instalaciones aguardaban, impecables, al grueso del público todavía por llegar. Aprovechamos, a pesar del retraso, nuestra puntualidad para colarnos en la prueba de Megaphone ou La Mort y las vibraciones metálicas del sonido en la estructura nos recordaron temerosos a la sala Greenspace. Fuera era el territorio de los deejays y también se caldeaba el ambiente.
(*Entrevista más detallada del grupo en www.vinilovalencia.com/entrevistas.php?id=41)

Con mucho gusto conocimos a Benigno, de la organiozación, que, con la amabilidad que se echa de menos en la mayoría de festivales, nos tendió las acreditaciones y nos informó de las ruedas de prensa express que se sucederían tras cada actuación y donde una periodista local de atractivo cuerpo rubio acapararía, en exclusiva, nuestra atención y la de los grupos. Era hora de dar una vuelta por una zona de invitados con mucha miga.

Periodistas, travestis, homopunks, heteropoperos, chicas y chicos guapos adornaban una animada parte VIP donde pudimos charlar con, entre otros, Chimo Bayo; era la fiesta de la electrónica freak y, claro, él no podía faltar. Simpatiquísimo, de verdad. Las miradas, de todos, las acaparaba el dúo protagonista de Punk Bunny que en triquini y fardahuevos, respectivamente, se paseaban a sus anchas exhibiendo(se) espontaneidad y cercanía. Poca cosa con el show con el que deleitaron en el escenario.

Si punk es actitud provocativa, sin duda que los son. Pero claro, hay peligro de prostituir el término ya que no se vio ningún instrumento sobre el escenario a lo largo del envite. Apuesta bailable y provocativa si fue y así, con un kamasutra electrónico, crearon en la expedición atómica las dudas de si esto debería considerarse como música o no. Andrew Thompson, británico y clásico él, abogaba indignado por el no y aseguraba que el cantante la tenía pequeña pues no se la paraba de tocar. Nando y yo nos reímos y bailamos ¿No consistía en eso?

Pero perdón porque me he adelantado y es que antes estuvieron las actuaciones nacionales.

Megaphone ou La Mort, no estuvieron a su altura, sin estar mal. El thelemin de Alfred había pasado a mejor vida minutos antes de la actuación y sin caja mágica los presagios ya no molaban. La frialdad de ser los primeros (poco público todavía) y algunos problemas de sonido no dejaron salir, casi hasta el final de la actuación, a los Megaphone ou La Mort que uno ha visto en otras ocasiones. El rock psicodélico y recitado del grupo valenciano-internacional comenzó a remontar, como ocurre muchas veces, casi sobre la bocina; y en ese momento final, con un John Martínez enjaulado- debido a la altura y distancia escenario/público-, banda y afición conectaron de manera suficiente para no tener que poner excusas a su premio de ganadores del Concurso de Maquetas del festival.

A Ciëlo le había tocado el segundo lugar y la tarea de defender el electropop patrio. Con una puesta en escena sosa en la que lo más notorio fue la niña (hija o sobrina) que les acompañó de la mano por la zona acotada para invitados y que luego esperaba el final de la actuación- sentadita en una silla- a un lado del escenario, no encandilaron a un público que se decantaba, afuera, por las dosis electrobailables que dispensaba los dj´s con sus equipadas mesas informáticas. Nacho Canut y Alaska, en los 80, ya entendieron mejor a Billy Idol.

La pista comenzó a tener buena pinta con la salida de Hogg Doll. Uno creía estar viendo a Deborah Harry en tiempos pasados, pero por desgracia aquello no era Blondie. La muñeca en cuestión es la diseñadora Pam Hogg. En la imprescindible cada viernes Cartelera del Levante, Eduardo Guillot, me había informado, ese mismo día, que la cosa iba a bascular por el glam, el rockabilly y la new wave. Pues todas esas cosas juntas y el sonido, por fin, de guitarras y bajo de carácter agresivo argumentaron el apellido punk del festival. Estética y buenos alimentos para el primer plato fuerte de una noche que no se liberaba totalmente del sonido en conserva.

White Rose Movement eran los importantes de la noche y de ahí que los últimos. Hasta en el FIB habían tocado el pasado año, vaya. Y claro, como venían de las islas británicas y habíamos visto el film de Winterbottom antes de venir les preguntamos, en rueda de prensa previa, por Joy Division y, a parte del nombre- de inspiración segunda guerra mundial-, no adujeron, para nuestra pena, mucha similitud con los reyes de la escena de Manchester, pero que sí apreciaron, sin embargo, hacia sus sucesores, New Order.

Y la verdad es que, y después de bailar un rato al ritmo de los discos de Alex Murray Leslie (Chicks On Speed), Nando, esa noche conductor, dijo encontrarse cansado. Y claro, como amamos nuestras vidas y los puntos del carné más que Ian Curtis, pues nos tuvimos que marchar antes de la actuación de White Rose Movemen, que, además, tampoco eran de Manchester, sino de Londres. Le preguntaré a Eduardo Guillot y de paso sigo aprendiendo.

Festival original y arriesgado. Un año más el Foc Festival de Moncofa y Dress For Excess demostraron personalidad y disposición a traernos grupos de otra manera casi imposibles de ver por estas tierras. Música que entra por los ojos y que te obliga a bailar. En el camino de vuelta, Sondre Lerche (www.vinilovalencia.com/discos.php?id=14) sonaba y debatíamos sobre las influencias de lo que acabábamos de presenciar sin ponernos, para nada, de acuerdo. Sí, valió la pena.

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