Grupo: Jazzaldia
Sala: Playa de la Zurriola

Desde mi asiento del tren, dirigiéndome hacia el norte de la península, miraba a través de la ventana. Sabía que me iba adentrando en un paraje musical muy distinto al que había vivido unos días atrás en Benicassim. Si la masificación, el desfase y el buen tiempo habían sido la tónica general de la última edición del FIB, mis futuros días en San Sebastián se auguraban muy diferentes. Las nubes fueron cubriendo el cielo, abierto y despejado hasta entonces. Las gotas de sudor dieron paso a tenues lluvias que cubrieron el cielo en mi camino hacia el País Vasco. Tras varias horas de viaje llegué a mi destino. Mis primeros pasos por aquella ciudad me hicieron ser consciente del entusiasmo y gran acogida popular con los que es recibido cada edición del festival. Y ya van 46, que no son pocas.

La “Jazz Band Ball”
El 21 de julio tuvo lugar la apertura oficial del festival. La tradicional “Jazz Band Ball” inaugural con la que se viene abriendo cada edición del Jazzaldia fue toda una demostración de la entusiasta vocación por la música y el buen hacer de la organización. Desde el entorno que rodea al emblemático auditorio Kursaal, mirando hacia la playa, se dispusieron tres escenarios abiertos de acceso gratuito donde se dieron cita desde las ocho de la tarde diversas bandas de estilos bastante dispares entre sí. Como una agradable degustación, la posibilidad de rotar a través de los diferentes espacios y empaparse del ambiente en los que se sumergían cada uno de ellos resultaba una tentación casi inevitable. Por allí pasaron los experimentales Elephant 9, una interesantísima combinación de jazz con elementos del rock y la psicodelia; el aplaudidísimo Aloe Blacc, quien a través de su revisión de la estela musical negra fue el gran triunfador de la noche o la Tucson Jazz Institute Ellington Band, big band formada por estudiantes de instituto, quienes agradaron a través de su correcta interpretación de temas clásicos de músicos como Count Basie o Duke Ellington.

“Ladies and Gentleman, Mr. B. B. King”
El más esperado de la noche se hizo de rogar. Tras casi media hora de concierto instrumental protagonizado por la banda de acompañamiento, sobre las 10 de la noche, subió al escenario -no sin ayuda- construido sobre la playa de la Zurriola el aclamado rey del blues, B. B. King. Vestido con su habitual atuendo, sentado sobre una silla -las circunstancias se lo piden- y acompañado por su querida Lucille (una elegante Gibson negra) el octogenario músico contentó a los asistentes a través de una acertada selección de temas de su dilatada carrera que incluyó eternos clásicos como “Strung out” o “Key to the highway”. Fue más avanzada la actuación, sonando la blusera “Rock me baby” con la que los asistentes más movieron la cintura al ritmo del peculiar baile del anfitrión de ceremonias. 85 años no son suficientes para frenar al incombustible B. B. King.

Diferentes espacios para repartir los conciertos
Si algo hace especial al Jazzaldia es su apuesta por realizar los conciertos en lugares emblemáticos de la ciudad de San Sebastián. A lo largo de sus 46 años de imparable actividad el festival ha ido recorriendo hasta el más recóndito rincón de la ciudad. El tradicional escenario levantado sobre la plaza de la Trinidad, el más longevo de los presentes, ha compartido cartel con otros tantos como el abandonado polideportivo de Anoeta o el recién ampliado Museo de San Telmo, el cual este año se ha unido con fuerza para acoger algunos de los conciertos más carismáticos de la presente edición, como el ofrecido por Jan Garbarek en la iglesia del citado museo. Además de este, la terraza del naútico se ha vestido de gala para ofrecer una amplia programación dominada por Disc Jockeys, entre los que pudieron hacerse un hueco el trío liderado por el mallorquín Biel Ballester, demostrando su talento con la guitarra clásica y una excepcional lectura de la música de Django Reinhardt.

El pop también tiene su sitio
Los puristas del festival vienen echándose las manos a la cabeza desde la decisión de hace unos años de incluir una programación de grupos principalmente pop entre el resto de músicos. Sin embargo, esta visión más plural y abierta no hace más que entusiasmar al que disfruta con igual intensidad del Screamadelicaa de Primal Scream que escuchando aquel fantástico Kind of blue de Miles David.

Enfocado casi como un duelo de titanes, este año el reparto de los días entre los grupos de pop ha conllevado a una atractiva puesta en escena de bandas coincidentes en diversos elementos y referentes musicales.

Guitarras ruidosas y mucho reverb
La segunda noche guardaba entre trapos de seda la última gran confirmación del festival, tras la caída del cartel de Deer Tick y Fanfarlo: la del trío femenino Vivian Girls y la resurrección sobre el escenario de Galaxie 500 por parte del que fue su padre y mentor, Dean Wareham.

Ante un público más bien discreto tuvieron que tocar las de Brooklyn. Con la última incorporación de la banda a la batería, Cassie Ramone (guitarra y voz principal) confrontó la transparencia sonora de las bandas vecinas con su particular despliegue de guitarras sobresaturadas y melodías pegadizas. Lo suyo es algo así como una relectura del punk de los Ramones a través de sonidos más surferos y una estancia previa en la escena “noisera” de finales de los ochenta. Temas de su último disco (“I heard you say” o “Take it as it comes”) dieron paso a sus canciones más conocidas (“Tell the world” o “All the time”) apenas sentidas entre un público más expectante que efusivo. Destacar el excelente sonido del escenario verde.

Como recién levantado de la cama –así parecía su look– salió al escenario Dean Wareham vestido totalmente de blanco, seguido de su novia y bajista en la banda Britta Philips, Jason Lawrence a las baquetas y, a diferencia de lo que había visto en pasados conciertos del grupo, el valenciano Miguel Martínez se incorporó como segundo guitarrista. A través de un sonido más cercano a Luna que lo plasmado en su etapa al frente de Galaxie 500, tal y como se preveía, Wareham repasó los grandes éxitos de la banda. Destacó –si acaso– entre el resto “Fourth of july”, la versión de Joy Division (“Ceremony”) y la de Yoko Ono (“Listen, the snow is falling”). Se mostraron algo sosos y ajenos a lo que ocurría, con mayor apariencia de tratarse de un trabajo formal que de un sentido concierto.

Al ritmo de la electrónica sobre la playa de la Zurriola
Coincidiendo con la noche del sábado, un gran número de personas con ganas de fiesta se desplazaron hasta la playa de la Zurriola para disfrutar de los conciertos de dos de las bandas más recientes y comentadas del synth pop actual.

Tras varios minutos de inofensiva lluvia que parecía ir a aguar el concierto, salió al escenario Crystal Fighters. Gracias a su condición de banda pseudo-local (es marcado su acercamiento al folclore popular vasco y reiterada su admiración por éste) gozaron del entusiasmo y beneplácito de los asistentes desde la primera nota. Si en pasados conciertos de los británicos se echó en falta la txalaparta, aquel instrumento tradicional vasco que suena en varios cortes de su disco, en esta ocasión tuvo especial protagonismo en prácticamente todas las canciones. Mientras que Gilbert Vierich y Graham Dickson (sintetizadores y guitarra, respectivamente) se empecinaban con contundencia en aporrear las maderas del citado instrumento, Sebastian hacía de las suyas desplazándose efusivamente de un lado a otro del escenario alzando su voz por encima del resto. Con agrado se recibió “I do this ever day” o “Plage”, pero la calma de la mar adyacente se convirtió en un imparable aluvión cuando sonaron temas como “I love London” o “Xtatic Truth” (cantado parcialmente en castellano). Fue un gran concierto el que dieron. Y ya van muchos.

Para gozo del paladar del insaciable consumidor de tecno pop, aún quedaba por delante el directo de Cut Copy. Las arenas de la playa se convirtieron por momentos en una improvisada pista de baile. Solo faltaron las luces de colores que iluminan el techo de cualquier discoteca que se precie. Aún así, los australianos supieron brillar con luz propia. Su amplia amalgama de expresiones evocan a un elegante pop de sintetizadores que no oculta su añoranza por los años 80. Desde Kraftwerk hasta Hot Chip pasaron por mi mente a lo largo de su actuación. Mostraron sobre las tablas el discazo que tienen entre manos. Zonoscope está destinado a dejar huella, y así suena en directo –lo que ya son– hits de la talla de “Need you now” o “Take me over”.

Un sentido homenaje al jazz fusión
Junto a otros músicos como Weather Report y John McLauglin –exponentes clave para entender la confluencia entre jazz y rock de los años setenta– el jazz fusión tuvo su particular homenaje en la recién concluida edición del Jazzaldia. Mi cita fue en el auditorio Kursaal, donde tuvo lugar el reencuentro que dio vida de nuevo por cuarta vez en la historia a Return to forever, pioneros en el enfrentado y amado ambivalentemente jazz fusión de principios de los 70. La banda liderada por Chick Corea hizo vibrar a las gradas del auditorio, aforo al completo. Virtuosos e interminables solos, una conexión total con un público entregado y un repertorio de sobra conocido por todos fueron los puntos definitorios de un concierto que duró más de dos horas y en el que tuvieron cabida los temas más célebres de la banda como “Medieval overture”, “Captain señor mouse” o la adaptación del Concierto de Aranjuez a petición de uno de los asistentes. Junto al reputado pianista, brilló sobre el resto la impresionante técnica –algo tendenciosa al exhibicionismo– y agradable simpatía de un Stanley Clarke a las cuatro cuerdas en estado de gracia.

Conclusiones
La inevitable “solapación” de conciertos, en especial con los de pop, me obligó a perderme alguno de los más preciados encuentros del festival, como el de Mavis Staples en la plaza de la Trinidad o el directo de Cyndi Lauper y su blusero último disco. Una lástima que aún me reconcome por dentro. Aún así, mi experiencia por un festival que hasta ahora no había transitado me ha dejado tal cantidad de buenos recuerdos que ni la lluvia que trató de empañar el ambiente familiar y apacible de la cita podrá borrar. El Jazzaldia es un evento único, planteado en un marco incomparable, como lo es la ciudad de San Sebastián, en el que cada concierto nace, engulle las emociones que sobrevuelan en el ambiente y crece con una contagiosa vitalidad.

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