Grupo: Llum
Sala: Deluxe Pop Club

Si la jornada del jueves destacó por ser uno de esos días grises y fríos en los que lo único que apetece es quedarse arropado en la cama, al lado del agradable calor de una estufa, la salida más acertada para escapar de esta melancolía resultaba la terapia contra la tristeza que Jesús Sáez nos ofrecía a través de su nuevo proyecto (en lo que a presentaciones se refiere, pues como él ha comentado ya diversas veces Llum existe desde hace varios años).

El pequeño pero acogedor espacio que ofrece Deluxe Pop Club se vistió de gala para la ocasión. Un telón rojo de terciopelo junto a la tenue iluminación de varias cintas de luces inspiraban una ambientación de lo más “cabaretesca”. No merecía menos, pues suponía la presentación en concierto del batería de los extintos Polar, ahora ocupando la parte delantera del escenario en la guitarra y voz.

Se llevaba tiempo esperando la oportunidad de disfrutar en directo de unas canciones que a través de Jabalina Música se han editado recientemente en EP y que han gozado de una bienaventurada acogida por público y crítica. Pocas veces se había dejado ver antes encima del escenario acompañado por una guitarra, como la agradable sorpresa que brindó a los asistentes de aquel concierto especial que Josh Rouse ofreció hace dos navidades acompañado por algunos de sus amigos. Llum refleja el entusiasmo y optimismo ausente en Polar, un rayo de luz (valga la redundancia) en oposición al sonido oscuro y triste que destacaba en la banda valenciana.

Las dos primeras canciones con las que abrió el concierto fueron interpretadas íntegramente por él solo, nada más que acompañado por su guitarra acústica. Tras éstas, se unió en un lateral del improvisado escenario su amigo y compañero de Polar, Jesús de Santos. A lo largo de la noche éste fue dando sonido a todo tipo de “cacharros” musicales (ukelele, metalófono y una reducida batería), acompañando sin quitar protagonismo a la voz de Jesús. Con motivo de este cambio de roles llegaron a bromear los dos músicos, aludiendo a la anterior situación en la formación de Polar, donde el que en el concierto del viernes ocupaba una segunda posición, destacaba como el “frontman” del grupo Polar. Una serie de bromas que fueron intercalando entre canción y canción demostrando un extraordinario sentido del humor, consiguiendo sin ser su propósito amenizar aún más la cálida velada.

Junto a las canciones incluidas en el mencionado single, sonaron varias no publicadas hasta la fecha en ningún soporte. Suponemos que lo harán en el que sea su primer disco de larga duración. La particular creación musical de Jesús se mueve dentro de un exponente común, evocando a un mismo imaginario: los musicales clásicos de Broadway, redefinidos desde una perspectiva lo-fi sin excesivos adornos, desarrollando un sentido musical muy personal, casi inédito, totalmente al margen de cualquier moda o exigencia comercial.

El sabido aprecio que Jesús tiene a los musicales fue mostrado a lo largo del concierto. La carta de presentación de Llum parecía ser además un breve recorrido por la historia del cine. Stanley Donen es el director al que dedica una de sus canciones y al que recordó al versionar el tema originalmente escrito por Irving Berlin e interpretada por el citado cineasta al recibir un Oscar (como el músico valenciano citó al introducirla). Junto a ésta, siguiendo la estela del resto de canciones, Jesús no pudo resistirse en adaptar a su estilo una de las canciones incluidas dentro de la banda sonora de Blue Velvet (“In dreams” de Roy Orbison).

Lo más sobrado del concierto -en apreciación del que escribe esta crónica- es el kazoo introducido en algunas de las canciones tocadas, más adecuado para las chirigotas gaditanas que para un concierto de estas características. Aporta un tono burlesco en contraste con el idílico romanticismo que tiñe las canciones de Llum.

El mejor momento de la noche llegó con la interpretación de “It must be love”, incluida en el citado vinilo de 7”. La voz de Jesús, transformado por momentos en Frank Sinatra o Dooley Wilson, destacó en esta canción por encima del resto. No era difícil cerrar los ojos e imaginar a un seductor Humphrey Bogart tratando de conquistar a Ingrid Bergman en Casablanca. Una canción preciosa, sensible, directa que enamora al escucharse en casa y aún más en la cercanía del directo.

Tras el bis, sonaron las tres últimas canciones de la noche. A parte de la mencionada versión de Blue Velvet, pudimos escuchar “Dragón”, única canción cantada en castellano y “New York, New York”, versión de la canción popularizada por Sinatra a finales de los 70.

De haber sido cine, nos habríamos acercado todos los presentes para acompañar a coro las letras cantadas por Jesús junto a una coreografía propia de los mejores musicales de Broadway. Pero aunque en lo más profundo de mi imaginación habría deseado que así fuese, aunque la música invitaba a trasladar nuestra existencia a las calles mojadas de una romántica ciudad norteamericana y olvidar cualquier pena presente, nos tuvimos que conformar con ser espectadores pasivos, pero testigos de la resurrección en un formato humilde y reducido del clasicismo Hollywoodense. Un concierto que se despidió entre las sonrisas de los que allí nos dimos cita.

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