Grupo: Sidonie
Sala: Wah Wah

Con una sala Wah Wah reventada hasta los topes por dos días consecutivos, Sidonie presentaron en Valencia “El Incendio”. Son más grandes y tienen más seguidores que nunca pero eligieron ese espacio y un aforo que permitió ver el show más de cerca, con el músculo y el sudor que se suele echar de menos en los conciertos más amplios. Una oportunidad que tardará en repetirse.

Elegimos el sábado ya que, al contrario de como hizo Unai Emery ante el Barcelona, nosotros sí que habíamos decidido salir al ataque. El trío catalán también lo dio todo (antes y después de la actuación) y facturaron un engrasado y potente bolo de más de hora y media regado de canciones de todos sus discos y chupitos de ron.

Como era de esperar, de todos modos, al nuevo disco se le dedicó más mimo y “Un día más en la vida”, “A la vera del mar”, “La sombra“, “Mi garganta” y, claro, una “El Incedio”, con la que ardió la sala, se perfilaron como las canciones más efectivas y coreadas del álbum; algunos temas más para ese saco en el que cupieron singles infalibles como “Nuestro baile del viernes” (tema que abrió el concierto de forma brutal), “Fascinado”, “Feeling Down” , “Costa Azul”, “Boheme” o el momento íntimo que supuso “El giraluna“. Cuando afrontaron otros estilos, como el rock&roll (“Viva El Loco que inventó el amor!”) o el folk (“Nueva York”) bajaron el listón de una actuación en la que volvieron a demostrar que son los reyes absolutos del single certero en lo que a la escena pop nacional se refiere.

En formación de cuatro (aunque deberíamos hablar de cinco porque el técnico de sonido se lo trajeron de casa) a Marc Ros, Jesús Senra y Axel Pi se les unió la hábil y refrescante guitarra de Vicen Martínez que, sin duda, reforzó el directo de una banda que con la complicidad total del respetable y su palpitante sex-appeal se marcó una actuación tan sobresaliente como extasiante en la que la comunión grupo/público fue total (hasta consiguieron sentar a todos en el ya clásico momento en el que Jesús acaricia el sitar para ilustrar “Sidonie goes to Varanasi”).

Si como banda fueron una llamarada de estribillos y potente sincronización, también ayudaron a apuntalar el directo los efectos (luces, sirenas, humo, confeti, flores…) y el equipo de iluminación que, para la ocasión, tuneó una sala Wah Wah que por momentos ardió a guitarrazos y palpitantes ráfagas de percusión.

Un par de bises, la inapelable “Sidonie goes to Moog” y baño de fans y fotos en el post-concierto pusieron el lazo a una noche que seguro tardó en encontrar el camino de la cama. De exquisito colofón fue la pinchada de Jesús Ordovás que, aunque estuvo algo soso y caduco en los platos, mereció, por el hecho de ser quién es y lo que representa, toda atención.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.