Grupo: MUCHO + Love Of Lesbian
Sala: WiZink Center

Seis de la tarde. No hay mucha cola en el WiZink Center. Espero un par de horas. De repente se abren las puertas del recinto y todo el mundo grita, seguratas inclusive. Me piden que enseñe mi entrada. Una vez. Dos. Tres veces.

Entro al estadio. Qué grande. Acelero el paso y consigo hacerme un hueco en la segunda fila. Joder, qué bien. Los focos fríos enfocan el escenario, los músicos de MUCHO, los teloneros, salen. Aplaudimos. Los instrumentos empiezan a sonar y noto cómo me vibra el pecho y el oído al unísono. Duele.

Tocan Los Amantes No Olvidan, luego Grupo Revelación. Lo están haciendo bien pero los graves se escuchan demasiado alto y parece que los altavoces van a explotar. Qué importa, me flipa. Los chicos que están delante de mí se miran entre ellos constantemente levantando sus cejas como símbolo de aprobación.

Todo lo que suena a partir de este momento es de su último disco Pidiendo en Las Puertas Del Incendio. Tocan Fue y la clavan. Capas y capas de distorsión, melodías que nacen, crecen y se reproducen, rimas acertadas y ciertas. Fue pura gloria. Fue.

MUCHO se despide y los focos se apagan. Me doy la vuelta y el recinto casi está lleno así que descarto la idea de ir al baño. Aparece el dibujo del Poeta Halley en la pantalla que hay sobre el escenario. Los focos se encienden otra vez. Qué nervios más tontos.

Se escucha la voz de Santi Balmes, está escondido cantando Cuando No Me Ves. Ah, claro. En cuanto Santi aparece las quince mil personas que llenan en este momento el Wizink Center gritan. Los músicos están emocionados y no paran de sonreír.

Tocan Allí Donde Solíamos Gritar y me rompo un poquito por dentro. LOL suena a la banda que era en el año dos mil nueve y todos volvemos a ser adolescentes, esos que fuimos cuando se lanzó su 1999. Con Los Seres Únicos creo que estoy a un paso de la felicidad y, aunque la he escuchado cien mil veces, cuando suenan los primeros acordes de Club de Fans de John Boy se me pone el vello de punta.

Pero es con Segundo Asalto cuando caigo en la cuenta de que estoy frente a un gran concierto. Tengo delante de mí a músicos con chistera que saben hacer magia, historias reales en mundos de ficción, melodías que escuecen y sanan y adultos que en el pasado fueron los niños raros de la clase y hoy han vencido.

Manifiesto Delirista hace que miles de fanáticos clamen que qué suerte que ahora hay gente que lo hace fácil y Oniria e Insomnia es una verdadera preciosidad, sin más. Todo va sucediendo entre juegos de colores, imágenes que se mezclan con las melodías que van apareciendo, el directo es contradictoriamente uniforme y multiforme.

Santi nos dice adiós con Planeador. Comenta que ojalá hayamos abandonado los problemas que tenemos ahí fuera mientras hemos estado en este concierto, sacando a nuestro propio Halley, ese que tenemos cada uno dentro. Veo alguna lágrima sobre y bajo el escenario. Sólo queda dar gracias.

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