Grupo: Mando Diao, Lori Meyers, Triángulo de Amor Bizarro, El Columpio Asesino, Anni B Sweet...
Sala: Ciudad Deportiva Guillermo Amor (Benidorm)

El domingo acabó una edición más del Low Festival, y lo hizo con el cartel más liviano en lo que respecta a los nombres principales de la programación. No obstante, la jornada de clausura nos dejó algunos interesantes momentos musicales a lo largo de la tarde y de la noche.

Agorazein, el grupo de trap formado por C. Tangana, Sticky M.A., Jerv.Agz., Fabianni e I-Ace, abrieron el festival en el escenario Matusalem a las siete de la tarde, ante un imponente calor vespertino pero con una buena cantidad de público ya congregada en el recinto. La fórmula de la banda es el trap de manual, con bases omnipresentes y un montón de personas en el escenario corriendo de un lado a otro y cantando raro. Como esto no es ni un artículo de Vice ni un post reflexivo-musical de Facebook no entraremos a valorar el trap y su significado en la cultura millennial, sino que nos limitaremos a relatar que la actuación fue correcta para pasar el rato y amenizar las últimas horas de sol.

En el Estrella Damm, la primera actuación de la tarde corrió a cargo de Anni B Sweet. La meteórica proyección de la cantautora malagueña iniciada en 2009, que la llevó a tocar por todo el globo y a colaborar con artistas como los granadinos Lori Meyers, quizá ha quedado algo estancada en el último año, pero lo cierto es que su último álbum, Chasing Illusions, le ha permitido girar y girar desde que fue publicado en 2015. En el Low, ella y su banda ofrecieron uno de los últimos conciertos de su gira, y por ello seleccionaron algunas canciones inéditas e inusuales en sus conciertos.

Triángulo de Amor Bizarro (Foto: Iván Navarro).

Triángulo de Amor Bizarro (Foto: Iván Navarro).

La de Triángulo de Amor Bizarro era una de las actuaciones más esperadas del día, y la conclusión tras presenciarla es que el suyo habría sido uno de los conciertos más destacados de todo el festival si los problemas de sonido del escenario Matusalem no lo hubieran boicoteado. El estruendo de la batería era similar a recibir mazazos de gong en el esternón, y la gravedad del bajo tapaba completamente el sonido de la guitarra. Lo mismo había sucedido el día anterior con Viva Suecia o Los Punsetes, y lo mismo ocurriría horas después en el concierto de El Columpio Asesino. Sea como fuere, la banda desplegó a la perfección los temas del fantástico Salve discordia, y su cohesión como cuarteto sirvió para confirmar que nada sobra y nada falta en el colectivo gallego.

Minutos antes de las diez de la noche, Lori Meyers se erigieron por méritos propios como el cabeza de cartel de la última jornada del Low, con un show tan visual como musical que incluso convenció a los más escépticos -he de admitirlo-. El concierto, eso sí, fue conservador y tuvo sus altibajos, especialmente en la parte central. No obstante, el inicio con “Vértigo I” y “Evolución” y el ritmo frenético de la sección final con temas como “Alta Fidelidad” o “Mi Realidad” dejaron un muy buen sabor de boca.

Lori Meyers (Foto: Iván Navarro).

Lori Meyers (Foto: Iván Navarro).

Y si los granadinos se erigieron como el cabeza de cartel de la noche, fue porque los a priori encargados de realizar ese cometido, Mando Diao, decepcionaron. A lo largo de su actuación, el vocalista Björn Dixgård insistió repetidamente en que la banda había pasado por un mal momento en los últimos dos años. En 2015 el guitarrista Gustaf Norén, uno de los miembros fundadores, abandonó el grupo, y desde entonces la deriva de los suecos ha resultado dramática. Lejos queda la frescura y la brillantez de álbumes como Bring ‘Em In (2002), Ode To Ochrasy (2006) y, en especial, Hurricane Bar (2004). En la actualidad, los integrantes de Mando Diao dan bandazos de estilo y tan pronto interpretan una balada de piano y voz como sacan al escenario una mesa de mezclas, interrumpen el ritmo de la actuación y pinchan un tema a modo de DJs.

Llegaba el turno para El Columpio Asesino. Los pamploneses son uno de esos valores seguros en la madrugada de un festival, con su estilo punk electrónico y sintético y con sus letras crudas que van desde el susurro hasta el berrido del baterista Albaro Arizaleta y la vocalista Cristina Martínez. Aun así, no fue la actuación más completa de la banda (uno de los motivos fueron los problemas técnicos antes mencionados), y las “Babel”, “Perlas”, “Diamantes” o “Ballenas Muertas en San Sebastián” no despertaron el interés de demasiados asistentes más allá de las primeras filas. No fue hasta que llegaron los últimos dos temas cuando el público se desmelenó. El primero fue la siempre peculiar y salvaje versión del “Vamos” de los Pixies y el segundo, cómo no, la archiconocida, archibailada y archipinchada “Toro”.

El Columpio Asesino (Foto: Iván Navarro).

El Columpio Asesino (Foto: Iván Navarro).

Las notas de “Toro” sonaron también en el concierto de Fangoria minutos después en el Estrella Damm. Con las clásicas “Ni tú ni nadie” o “El rey del glam” se vivió una de las actuaciones más festivas de la noche a cargo de la banda liderada por Alaska, que en Benidorm se encontró como en casa, en el festival que decidió encasillarla hace algunos años en el confuso y vasto saco del indie.

 

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