Grupo: Manel
Sala: Ochoymedio

No había cola en la entrada pero la sala estaba hasta arriba. Había gente en la barra, por los baños, a los lados del escenario, al frente también, en el piso de arriba, en los sofás, agobio.

El cartel del Festival Tomavistas aparecía en una pantalla enorme, iluminaba a los presentes y en él se leía que actuarán artistas del calibre de Temples, Lori Meyers, Hercules & Love Affair, Suuns, León Benavente, LA., Egon Soda o Los Punsetes los días 19, 20 y 21 de mayo en el Parque Enrique Tierno Galván de Madrid. De hecho, el directo de Manel era el aperitivo del Tomavistas y, efectivamente, hay que ir a este festival.

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El escenario se llenó de humo y cuando no se veía absolutamente nada los instrumentos empezaron a vibrar. De repente un sintetizador, después un piano y luego una eléctrica desvelaba los acordes de Les cosines, primera canción de su último Jo Competeixo, con la que ya han abierto algún que otro concierto en el que he estado. La elección de este tema es acertada, cuidada y meditada porque tiene la fuerza suficiente como para callar bocas y subir cejas.

Siguieron con BBVA y Canço de dubte, de su último disco y después repasaron canciones anteriores como Boomerang y Al Mar!. Con esta última el público se volvió especialmente loco, hubo bailes, empujones, gritos, aplausos, la gente empuñaba los vasos y los móviles por encima de sus cabezas, victoriosos. Muchos estaban borrachos de alcohol y música.

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El ambiente era más que correcto y el gentío sólo gritaba cosas en catalán. Sonó la Serotonina y las caderas de Guillem, cantante y guitarrista, empezaron a moverse, necesitadas de un seguro de vida, marcaban el compás de manera muy acertada, de un lado a otro, sin pausa pero sin prisa.

Sonó Benvolgut, luego Sabotatge y, llegados a este punto, ya estaba todo el pescado vendido. El público estaba completamente entregado, algunos miraban al escenario embelesados, prácticamente sin mover un músculo, otros agitaban su cuerpo con ánimo de desprenderse de alguna extremidad.

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Cuando quise darme cuenta sólo faltaba una canción para que el directo terminase. Tocaron Teresa Rampell y, de repente, una persona aleatoria entre el público puso sus pies en el cuello de otra persona aleatoria y, erguido, frente a Guillem, mirándole a los ojos, empezó a mover su cuerpo de forma asistemática. Los músicos no supieron muy bien cómo tomárselo así que le dejaron hacer y siguieron tocando. Final particular para un directo de padre y muy señor mío. Manel es fruta de esta temporada, son buenos músicos que se lo saben pasar bien sobre el escenario y nos hacen disfrutar sin esfuerzo.

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