Grupo: Naranja
Sala: Siroco

Todo el mundo debería ir al menos una vez en la vida a un concierto de Naranja aunque no los conozca absolutamente de nada, ahora explico por qué.

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Sí que es cierto que cuando los vi tan jovencísimos pensé que se habían perdido al salir del colegio pero bastó con que tocasen sólo un par de canciones para hacerme callar la boca. Manejaban el escenario con tanta seguridad que parecía que habían nacido sobre él, iban cambiando de instrumento, ejecutaban cada uno de ellos con coherencia y fuerza, charlaban con el público y todos, absolutamente todos los allí presentes, bailamos todo el pop que nos ofrecían.

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Repasaron su Extraños Equilibrios y a mí que me perdonen pero es que en directo el disco cobra mucho más sentido. Artificial, que es un tema con letra irónica y melodías multiformes o Gran Azul que puso el local patas arriba y cuyo final lo mezclaron con el de Hey Jude. El directo cada vez resultaba más interesante, la gente estaba especialmente animada, el cantante Pablo López tenía una voz desafiante a la par que atractiva y de repente, en el momento más álgido de lo que estaba pasando en la Sala Siroco, tocaron Mi gran noche de Raphael, haciendo que el público la bailase con pogos, sí, con pogos.

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Toronto cerró el directo y con ella una noche redonda. En resumidas cuentas, no sabía lo que iba a escuchar y lo que conocía mejoró en vivo y en directo así que hubo mucho espacio para la sorpresa.

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Es increíble lo que pueden hacer estos cuatro chicos encima de un escenario a tan temprana edad y más increíble resulta que no se les preste más atención. Así las cosas, puede que recuerden a Izal, Supersubmarina y/o a otros muchos grupos indie de a pie pero demostraron tener personalidad suficiente como para ganarse su propia parcelita en la escena de la música nacional. Tiempo al tiempo.

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