Grupo: Pere Ubu
Sala: 16 Toneladas

Pere Ubu llevan paseando su mala leche por los escenarios desde el año ‘75 y este pasado domingo los de Cleveland no podían faltar a su cita con el público valenciano. Fue en la joven pero exitosa sala 16 Toneladas, ante la que cualquiera que pasara, podía observar al frontman David Thomas junto a su joven batería, apurar las últimas caladas antes de subir al escenario.

La sala fue llenándose paulatinamente hasta que los artistas hicieron ademán de empezar el espectáculo.  Fue un concierto íntimo, con el número de asistentes que cabe esperar un domingo por la noche. Los escasos pero entregados seguidores no quisieron perder la ocasión de vivir una noche, cuanto menos, interesante.

El primer palo se lo llevó el DJ de la sala ante el cabreo de Thomas, que se encontraba indignado cuando la música no dejó de sonar mientras el grupo esperaba en el escenario: “¿Quién coño te crees que somos? ¿Los putos Kings Of Leon? ¡Cuando el grupo sube al escenario tienes que apagar la puta música, y quítame esas mierdas de luces de colores de encima!”. Era cierto, fallo del DJ, pero seguramente, una lección que nunca olvidara. Y empezó el concierto.

En la primera parte de su set, los seis experimentados “outsiders” de la música popular se dedicaron a deleitar al personal con unos largos y bizarros temas. Luego descubrimos, de parte de Thomas, que aquello era solo “some stuff that we were making up”, básicamente, “cosillas” que se estaban sacando, presumiblemente improvisadas. Esta primera parte terminó abruptamente cuando Thomas exclamó: “Los masturbadores de atrás ya os lo explicarán, porque yo no. Volvemos en 20 minutos”. 20 minutos que resultaron ser 30… Pero esperamos religiosamente a la vuelta del grupo, que esta vez vino con una actitud diferente, en especial la de su Frontman, que se permitió bromear un poco con el público, haciendo referencia a su anterior mosqueo: “Sabéis, agradezco la selección de música que nos habéis preparado, pero cuando el grupo sube… Tío, tienes que bajar eso de inmediato. Normalmente me gusta decir primero algo bueno, luego algo malo, y terminar con otro halago, soy esa clase de hombre. Me gusta hacer un sandwich de cumplidos, aunque esta vez me he saltado la primera parte”. Su relajado parloteo acabó repentinamente cuando un audaz espectador decidió que era el momento oportuno de interrumpirle preguntando (en un terrorífico inglés) “Guot miusic du yo laik??” su respuesta fue corta y concisa: “This is not a conversation, this is one way, baby”. Y empezó la segunda parte.

Esta vez la reacción del público a los temas fue bien distinta, posiblemente porque éstos ya eran los que forman parte de su repertorio. Canciones directas, enérgicas y sorprendentemente bien llevadas, a pesar de su naturaleza profundamente experimental. Post punk de la mejor calidad. La interacción de Thomas con el público continuó entre tema y tema, incluso bromeando con las famosas naranjas valencianas, o dando ambiente a mitad de una canción ondeando un calcetín que previamente había retirado de uno de sus ancianos pies. Jugó también a hacerse el déspota con su banda, aunque fue el joven batería Steve Mehlman (típico look surfero americano, luciendo las famosas mechas californianas) el que más palos se llevó. Se notaba la complicidad entre ambos, que de nuevo, salieron a fumar un cigarro antes de hacer el bis, 5 minutos durante los cuales nos pidieron silencio absoluto hasta que volviesen al escenario.  Eso hicimos (algunos), a cambio, nos regalaron un bonito bis.

Un detalle justo antes de acabar: nos tenían preparada una divertida canción cuyo único objetivo fue promocionar su flamante merchandising. Así que mientras Thomas cantaba, Mehlman obedientemente enseñaba al público vinilos y camisetas de su último trabajo, Carnival of Souls.

Una peculiar forma de acabar un concierto muy especial.

Foto destacada de Pepe Ignatius.
Crónica de Bruno Zapater.

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