Grupo: Primavera Sound 2012
Sala: Varios espacios

Hace unos meses me fue encomendada la titánica tarea de hacer un foto reportaje del Primavera Sound, solo y por mi propia cuenta. Ya entonces podía vislumbrar las carreras interminables bajo el sol abrasador, las casi quince horas metido en el recinto, los pies al rojo vivo, el dolor corporal generalizado, el mega-bajón post-festival (extendido fenómeno a estudiar, psicólogos ahí tenéis un tema de tesis doctoral). Uno siempre se puede imaginar lo que pasa en el Primavera Sound pero es una experiencia que hay que vivir para saber de lo que se habla y con siete Primaveras a la espalda, créeme que sé de lo que hablo. A continuación tenéis la crónica más subjetiva posible (¿y qué crónica no lo es?) del que según Ira Kaplan (Yo La Tengo) es el mejor festival del largo y ancho mundo: Primavera Sound 2012.

+ PRIMAVERA SOUND 2012: miércoles 30 de mayo

La primera jornada del evento transcurriría en las inmediaciones del Arco del Triunfo, en el paseo Lluís Companys, evento de acceso gratuito que nos presentaba un surtido y muy sólido cartel de grupos a disfrutar, imposible perdérselos. Y de esta manera, recién llegado a Barcelona, hice mis primeros sprints por el horroroso metro de la ciudad Condal -¡escalera arriba, escalera abajo!- para llegar a tiempo al concierto de Jeremy Jay. Nada más abandonar las instalaciones subterráneas, los acordes de la primera canción se dejaban oír con contundencia, el a priori sonido lo-fi del americano se oía con nitidez y el acompañamiento a la voz de la despampanante teclista, sumaba enteros al resultado. Sentados y con litrona en mano disfrutamos de un recorrido a lo largo de sus últimos discos, haciendo hincapié en su última realización: “Dream Diary” sin olvidarse de canciones memorables de discos pasados, tales como “Beautiful Rebel” y “Airwalker”, para cerrar un concierto más que disfrutable.

The Wedding Present fueron los encargados de secundarlo, y si hace unos años nos visitaron recordándonos aquel maravilloso “George Best” ahora era el turno de recordar uno de los discos que más he disfrutado en mi adolescencia: “Sea Monsters”. David Gedge, como único miembro original, se encargó de hacer temblar el arco de triunfo con los riffs más rápidos que se le recuerda a la historia del rock y una a una fueron cayendo las maravillosas joyas que componen este disco, hablamos de “Dalliance”, “Dare”, “Suck” y el reproche a las amantes de una sola noche, aquellas que no quisieron saber más de nosotros, llamado “Blonde” ¡Gigantes!

Lo de The Walkmen ya todos lo conocemos, un grupo increíblemente solvente con un frontman que se come el escenario con patatas, Hamilton Leithauser es un verdadero animal detrás del micro, pega unos berridos que te ponen la carne de gallina y su banda desata el infierno cada vez que se sincroniza, en el mismo concierto tocaron: “The Rat” “Postcards from Tiny Islands” y “Angela Surf City” ¿Cómo os quedáis? A nosotros nos cabía una sandía por el c…

A pesar de que aún faltaban por salir los Black Lips, la decisión popular fue la de irse pitando para el Apolo (la organización ya avanzaba que no habría sitio para todos) y aprovechar la insuperable oferta gastronómica de los bares circundantes –¡el tercio de Estrella a un euro! A ver si aprendemos- Aquella noche prometía y vaya si cumplió, menudos tres conciertos vivimos a continuación.

Os cuento ya de entrada que nada más ingresar a la sala me encuentro con Dustin de Beach Fossils, grupo al que había entrevistado hace un par de años, quien generosamente nos invitó a pasar al backstage. Obviamente era una invitación que no podíamos declinar y obviamente querido lector, el acto siguiente fue saquear la nevera del lugar, todo hay que decir que los artistas allí presentes ya habían dado buena cuenta de casi su totalidad. Tal es así que Caroline de Chairlift se encontraba momentáneamente indispuesta, por decirlo así, estado que por fortuna no llegó a mayores. Y por si todo esto fuera poco en el momento que nos disponíamos a salir, para alinear la primera fila, nos encontramos con el bueno de Alex Kapranos (Franz Ferdinand) a quien saludamos alegremente. Después de todo este carrusel de emociones la noche ya estaba vendida a muy buen precio.

Chairlift dieron uno de los mejores conciertos del festival (y eso que estábamos a miércoles) haciendo vibrar una sala con un directo al que el disco no hace justicia. “Something” suena delicado y sobre producido en la mini-cadena, lo que vimos aquella noche fue una banda con un músculo y una energía que no nos esperábamos, sonaron contundentes y aunque lo suyo fueron seis canciones, el concierto fue perfecto, dejando para el final la guinda del pastel, “Amanaemonesia”. Todo eran camisetas empapadas al final.

A Beach Fossils, como ya comentaba antes, le conocíamos el directo de hace un par de años y eran una apuesta asegurada. Bien hay que decir que no sonaron como en aquel Primavera Club 2010 (aquello fue glorioso) pero mostraron el nervio que solo dejan ver sobre las tablas, transformando sus canciones en speedicas píldoras de baile incesante. Todo lo brumosos que suenan sus discos, los convierten en puro baile acelerado doblando las revoluciones y destrozando cuerdas y platillos.

Adam Bainbridge alias Kindness era el encargado de cerrar la noche y sus baladas atmosféricas, que ratos suenan a música Disco estroboscópica, a ratos a Rihanna y Beyoncé de after, se convierten en directo en pura música negra más cercana al funk que a otra cosa. Los bailes recuerdan a Michael Jackson y las coristas negras pueden dar fe de mi teoría, el sonido de un bajo omnipresente que parece tener las cuerdas sueltas, lo hace inconfundible. Estábamos delante de un soulman bailongo y parecía que en cualquier momento se iba a arrancar con los pasos del famosísimo Moonwalk. Había que verlo, no se estaba quieto, ahora se quita la chaqueta, luego baja, se tira al público, vuelve al escenario para bailar por el suelo. Si así a primeras parece algo gracioso o incluso ridículo, ya te digo que con la música de fondo daban ganas de imitarlo y hasta uno se animaba con el “crowd surfing” (eso de tirarte sobre público y que te manteen un rato). En fin, que eso era un escándalo de concierto, todos salimos de allí más que pagados y con demasiado baile encima para ser el primer día de festival, lo que se supone era un aperitivo… ay la que se nos venía encima…

+ PRIMAVERA SOUND 2012: Jueves 31 de mayo

Segunda jornada de festival y ahora sí empieza lo bueno. No es poca la gente que se acerca al Parc del Frum a tempranas horas, retando a un sol que se empeña abrasarnos la sesera.

Cuál será la sorpresa al encontramos con los Black Lips trepados en el autobús Red Bull situado en la cuesta que lleva a la entrada, practicando como siempre ese rock gamberro y camorrista que los caracteriza. Claro está, no podían faltar los escupitajos, los tacos y ese himno en el que se ha convertido: “Bad Kids”. Lúdicamente incorrectos.

Ahora ya estamos dentro y como otros años una sensación de nervios y euforia me embarga, es curioso, ya son unos cuantos años asistiendo pero aún me pongo nervioso como si del primer beso se tratara y por muy absurdo que parezca, ya empiezo a temer porque se acabe, como cuando eras niño y no querías que su serie favorita acabara nunca ¡ay!

Y el concierto que nos sirve de inauguración festivalera es el de Baxter Dury, concierto que muchos esperábamos ansiosos, pues si se basaba en las canciones de su último disco (“Happy Soup”), había una victoria asegurada. El problema fue que el concierto llevó un rumbo muy errático, no supo enlazar las canciones ganadoras y hubo muchos altibajos, por no decir que el parón y parón entre canción, con consecuente charla, terminó por adormecer al público. Aún así se veía muy a gusto sentado.

Iceage no defraudaron y a pesar de las caras de estupor del público, pero sobre todo de los técnicos, seguridad y personal de escenario, estuvieron geniales. A qué tanto alboroto pensaréis, pues básicamente que el cantante iba como una cuba de borracho. Fue un concierto punk en toda regla, a Johan Wieth no le iba la guitarra y su reacción fue ensañarse con el micrófono y lanzar cosas al foso, había que esquivarlas. En conclusión, tuvimos treinta minutos de distorsión y gritos a todo meter y todo esto sin casi respiro, más que un concierto fue una patada en la entrepierna y si de ellos se tratan, que me pateen cuantas veces quieran.

No cabía duda que aquel era el día del escenario Pitchfork, la sucesión de conciertos que ahí se celebrarían era insuperable, de esta manera sólo había que repostar y esperar al siguiente concierto, el de Grimes. Y creo que no me equivoco al decir que en proporción aforo de escenario-cantidad de gente fue el más multitudinario, no veas lo que nos costó salir, digo lo de salir porque en lo personal no aguanté más de tres canciones. No sabría definir muy bien por qué, si por ver el rollo cyber-perroflauta que llevaba, si era que las canciones sonaban demasiado cojas con ella sola sobre el escenario, si es que estaba siendo demasiado buenrrollista, ¡uf! Se hacía muy cansino, esa es la palabra, más aún si teníamos a los Afghan Whigs (foto de cabecera) tocando en el escenario principal…

Los de Greg Dulli dieron un concierto rocoso como su música, encuadrada dentro de la hornada de bandas como Dinosaur Jr. o Mudhoney, supieron mantener la tensión y regalarnos lo mejor de su producción. El concierto osciló entre las baladas con toques soul y los guitarrazos con batería contundente que los caracterizan, sin duda alguna dejaron contento a más de uno.

Un denominador común en el Primavera Sound es que no te da respiro, el aluvión de conciertos y montajes entre éstos es tal, que apenas te da tiempo a emborracharte y menos aún a cenar, uno tenía que alimentarse a base de queso cheddar en polvo y barritas multi-cereales, no quedaba otra. De esta manera ya estábamos de vuelta en el Pitchfork para ver como White Denim se metían en un callejón sin salida, una decepción de concierto, se enredaron en improvisaciones infinitas y se olvidaron de las canciones más directas. ¡Qué pesados se hicieron! Cuando parecía que la cosa remontaba, venga otra vez a darle a los solos y a la dispersión (que no distorsión), si por lo menos hubieran remontado en la dirección de su tema insignia: “Heart from Us All”, ejemplo de lo que debería haber sido su concierto y no fue.

Y estas cosas que tiene un gran festival es que te ofrece muchas opciones y escenarios (ocho en el caso del Primavera) y de repente te encuentras con un concierto interesante sin esperártelo. The Experimental Tropic Blues Band, grupo belga que tocaba en el espacio más reducido de todos, el Adidas Original, recordaba mucho a The Jon Spencer Blues Exlplosion y no sólo en lo enrevesado del nombre, sino también en la contundencia del directo y explosivo sonido. ¡Agradabilísima sorpresa!

Thee Os Sees por su parte cumplieron con las expectativas. Todos acudíamos con la idea de presenciar los berridos de su cantante femenina, Brigid Dawson, que en el disco suenan fantasmales. Y eso precisamente fue lo que Thee Oh Sees nos regalaron, un concierto de garaje-monster con trallazos de guitarra y animadas transiciones de percusión espasmódica. Por fortuna o desgracia (según como se mire) el grupo alargó unas canciones más su concierto, pues tal y como nos contaron se habían tenido que llevar al hospital a un miembro de Sleep (banda que los sucedía). Me decía un amigo: ¡Claro, le da al alpiste cosa fina, no sabe decir que no, no sabe decir que no! Las risas valieron, pues menos mal no fue a mayores, ya nos encargamos nosotros de revisar las necrológicas al día siguiente.

¡Ojito ahora! que llega uno de los momentos del festival, la hora de Refused. Los suecos volvían a la carga después de varios años en barbecho y vaya si venían con ganas. En detrimento de The XX y Franz Ferdinand (que tenían toda la pinta de querer matarnos de aburrimiento) peregrinamos al escenario Ray Ban para ser testigos de lo vigente que sigue la mayoría de su discurso. En palabras del frontman Dennis Lyxzén: “cuando decidí volver a juntar la banda estuve echando un ojo a las letras que escribí hace ya veinte años y me di cuenta que ahora volvían a cobrar más sentido aún”. Su discurso anti-sistema tomó el protagonismo y su grito de guerra fue: ¡Robemos a los ladrones!, ya se imaginarán quienes, los bancos y banqueros. Refused siempre han sido lo que The Hives han querido y nunca podrán llegar ser y aquel día nos lo dejaron clarísimo.

Aún huyendo de Franz Ferdinand, nos acercamos a ver a A$AP Rocky, una de las promesas Hip-Hop que poblaban el festival. La curiosidad podía a la certeza de ver un concierto ya visto infinidad de veces, pues ya sabemos que los de Alex Kapranos siempre tiran del primer disco para levantar al público y la primera vez está bien, la segunda hace gracia, la tercera ya es perfectamente prescindible. Lo de A$AP Rocky, para los que no somos muy amantes del Hip-Hop se quedó en mera curiosidad.

Imaginar que después de todo este recorrido todavía quedaban cuatro de los reclamos más grandes del día; en esos momentos uno no conoce el cansancio, la música ha conseguido arrancarnos del plano terrenal y ahora mismo flotamos cual decibelios por todo el recinto, nuestra próxima parada: Japandroids. El dúo canadiense pudo superar de pleno las comparaciones con No Age, y cogiendo lo mejor de éstos y agregando un poco de personalidad propia ejecutaron un concierto que hizo vibrar a todos los asistentes, desde el foso el pogo se veía descomunal y uno agradecía que hubiera una valla de por medio, guitarra y batería son suficientes si de ellos se trata.

Para terminar la noche teníamos tres platos fuertes de la electrónica más avanzada, tres estandartes en sus géneros. Primero The Field, sueco que ha hecho de la repetición un arte, un amigo me decía después del concierto de una hora: “ha tocado sólo cuatro canciones”, sólo cuatro, sí, pero con tanta fluidez y tanta riqueza que no pudimos más que quedarnos embriagados después de tamaña demostración.

Erol Alkan y después Rustie sonaban a fin de fiesta glorioso, pero no te fíes mucho de mí, a esas horas uno ya no está para ser objetivo, se entrega al baile con desenfreno y se olvida de todo lo demás. Como entenderéis, ya no son horas. Y aún nos quedaban dos días de festival, madre mía…

+ PRIMAVERA SOUND 2012: Viernes 1 de junio

¿Pero qué cojones haces aquí tan temprano? Era la frase de bienvenida con la que me recibía un amigo a la entrada del Parc del Fòrum. Qué va a ser hombre, vengo a hacer la cola del paro, ya que está tan de moda ¡No te jode! Que va a hacer uno tan temprano en el recinto si no hubiera algo digno de merecer tamaño sacrificio. Y en el caso del Primavera Sound, créeme, siempre hay algo digno, a la hora que sea.

En este caso no solo se trataba de algo que mereciera la pena, no señor, nuestra presencia ahí hacía realidad los sueños y las fantasías que hemos acumulado desde hace años. Veníamos a ver a Jeff Magnum, líder de una de las bandas malditas más emocionantes que ha dado la música: Neutral Milk Hotel. Quién haya escuchado a conciencia su obra magna: In the Aeroplane over the Sea, y no se ha echado unas lagrimas por la belleza de tal pedazo de disco, es que no tiene alma. Eso fue precisamente lo que sucedió en la oscuridad del Auditori del Fòrum, después de hacer una cola kilométrica y siendo nosotros de los primeros, conseguimos ocupar nuestro asiento con el concierto ya en marcha. La rabia contenida por este fallo organizativo se vio enseguida aplacada por el clima litúrgico del asunto. En medio del escenario, sentado en una silla y acompañado únicamente por unas cuantas guitarras, se encontraba Jeff Magnum, desglosando una a una las maravillosas canciones de aquel mítico disco. No faltó ninguna y a pesar que a alguien se le pudiera ocurrir: “no sería mejor con toda la orquestación”, ya les digo desde aquí que lo que presenciamos aquella tarde fue un momento único, un momento que quedará grabado eternamente como uno de los conciertos más hermosos que a servidor le ha tocado presenciar. Lloramos como Magdalenas y cantamos con él, salimos tan emocionadas cual damas de honor en una boda, sin comentarios que hacer, sin charla ninguna, había sido testigo de algo muy grande, imposible de verbalizar.

Vais a disculpar la solemnidad pero narrar momentos como el vivido, lo requiere. De hacer a un lado la solemnidad ya se ocupo Rufus Wainwright, hecho una espantajería, vestido de ¿Galliano? ¿Custo? ¿Desigual? Lo que fuere, era imposible perder de vista a la estrella principal del escenario, Rufus ya no es un chaval y se le empieza a notar. A estas alturas maneja el cotarro a la perfección, es un perfecto director de orquesta y tiene a su banda entrenada para que le obedezcan al más mínimo gesto. Todo hay que decirlo, no era momento de detenernos en su actuación, lo tenía muy jodido, por no decir imposible, para superar a la anterior, así que al poco decidimos dirigirnos al escenario Pitchfork (bendito Pitchfork) para ver qué tal se le daba al proyecto grupal de Jana Hunter, Lower Dens.

Hay que decir que terminó sumándose a la lista de naufragios, grupos que teníamos muchas ganas de ver y que en directo no dieron la talla. Y es que su última referencia “Nootropics” nos daba razones de sobra para pensar que el concierto podía ser más. La realidad es que estuvo caracterizado por el aburrimiento y los medios tiempos, no se animaban a despegar, tan sólo tuvieron un destello de lucidez momentáneo con “Brains” single absoluto del disco, a ésta supieron aumentarle intensidad y de esta forma regalarnos los seis mejores minutos de su actuación.

Casi por casualidad y de pasada nos detuvimos a presenciar uno de los momentos que hacen tan grande el festival, en el escenario Ray Ban había toda una orquesta de salsa, o eso pensamos mientras nos acercábamos, pero más de cerca nos dimos cuenta que sobre el escenario estaban colisionando dos mundos, de nombre Afrocubism, conjunto conformado por miembros cubanos y malienses, todo un espectáculo. La sangre latina empuja y es inevitable echarse unos bailes al son tropical. Numerosos integrantes de bandas locales se hallaban desperdigados entre el público(los de Mujeres, los Za, Extraperlo…), incluso el mismísimo Alberto Guijarro, director del festival, sonreía satisfecho la ver la variedad de ofertas que ofrece su festival.

Ya que estaban, no nos queríamos perder el inicio de The Cure, para los que ya los hemos visto otras veces, no era necesario el visionado completo. Ya sabemos que los de Robert Smith siempre cumplen, te hacen conciertos interminables y te tocan todos sus grandes temas, y canciones raras (ya no caras B, sino caras C, más que rarezas son mierdezas) y canciones que no tocan hace años, y te cuentan chistes (humor gótico), ya solo les faltan las versiones ¿O ya las han hecho? En fin que Robert Smith no sabe lo que es que le pidan un bis, a los fans no les quedan ganas y quietos paraos que esto no ha terminado. Mira que me encantan como el que más, pero mejor nos vamos de nuevo al Pitchfork, sí de nuevo. ¿Quién toca ahora? Te vas a cagar, tocan Sleigh Bells y si los rumores son ciertos se va a caer el escenario…

Y por fin vimos un concierto que cumplió nuestras expectativas con creces. La cantante, Alexis Krauss, es verdadero torbellino, se retuerce y gira como una peonza, se desgañita y berrea como posesa, un verdadero espectáculo. Todo esto acompañado por el sonido atronador de la guitarra de Derek Miller, disparada a través de un muro de amplificadores Marshall situados de fondo, que de tan fuerte que sonaron nos dejaron un precioso peinado liso hacia atrás a todos los presentes.

De camino hacia la otra punta del recinto, un kilómetro que había entre el escenario Pitchfork y Mini, volvimos a escuchar las notas de un concierto interminable de The Cure, los ingleses ya llevaban dos horas y pico y ahí seguían.

Llegados a este punto era inevitable el cisma grupal, pues estaba a punto de producirse el montaje más doloroso de todo el festival, a la misma hora en dos escenarios distintos tocaban The Drums y M83, un dolor punzante se apoderó de nosotros cuando al salir los horarios del festival confirmamos tan dura realidad, había que elegir y así lo hicimos. En mi caso tuve que ceder ante la novedad, a The Drums ya los había visto en otras ocasiones mientras que M83 se alzaba como uno de los reclamos más jugosos del festival.

Y se puede decir que cumplió, pero sin llegar a emocionar, el francés hizo uso de toda la fantasía que envuelve uno de los discos de 2011, estamos hablando de “Hurry Up, We’re Dreaming”, incluido disfraces, luces caleidoscópicas y cacharros traídos de otro planeta, estuvo correcto y aunque se podía esperar más, creo que nadie se fue descontento. Menos aún si para cerrar la actuación se sirvió de ese nuevo himno contemporáneo que es: “Midnight City”, hizo temblar el suelo de tan alejado recinto, la expresiones de euforia y los saltos eran la tónica en el público y al abandonar la zona se veían caras sonrientes lo que más.

Y a continuación lo que para muchos fue el concierto del festival, The Rapture venían con su flamante nuevo disco bajo el brazo y sin dejar de lado sus referencias anteriores nos regalaron un concierto lleno de euforia y sudor, de baile y desenfreno, puro delirio. La banda muestra una solidez sobre el escenario muy propia de su ya larga andadura, no son unos novatos en esto de exaltar masas y se saben de memoria el set list perfecto para cada ocasión. Comentaba antes que no dejaron de lado temas de discos anteriores y de esta manera hicieron sonar grandiosas canciones como: “Olio” o “Echoes” (tema principal de la celebrada serie Misfits) para terminar su rotunda actuación con “How Deep is your Love” que hizo cantar a miles de personas. Para resumir su actuación la palabra más usada fue: “Brutal”.

Lo que si fue brutal, aunque de una manera distinta, fue el concierto de araabMUZIK; quien dice concierto, dice sesión de dj, dice posesión infernal. El americano estaba enajenado y aporreaba, a una velocidad no perceptible para ojo humano, sus consolas MPC 2500. Se trataba más de un espectáculo visual que de otra cosa, llegaba a ser hipnótico e incluso llegaba a infundir cierto miedo, hubo gente que huyó despavorida ante tamaño espectáculo. A priori lo que se podía esperar era una sesión con más flow, más funk si cabe, más acorde con su última realización: Electronic Dream; lo que allí nos encontramos fue la locura más absoluta, el sonido nos hacía recordar a Tony Montana disparando con su ametralladora M-16 mientras dice: “Say hello to my little friend”.

Los encargados de cerrar la fiesta fueron Rebolledo y Matias Aguayo que supusieron un fin de noche (principio de mañana) muy animado, dejando claras sus raíces latinas su propuesta electrónica oscilaba entre ritmos tropicales y techno alemán, no en vano Matías es residente de la ciudad de Colonia desde hace varios años y miembro destacado del sello Kompakt. Incluso se atrevieron con una remezcla de Celia Cruz, que sin duda fue uno de los momentos más memorables del festival.

Y viendo el amanecer en el horizonte, con las zapatillas gastadísimas y el alma doblegada abandonamos un Parc del Fòrum al que todavía le quedaba una jornada más que ofrecer, jornada en la que entregaríamos todo los que nos quedaba dentro.

+ PRIMAVERA SOUND 2012: Sábado 2 de junio

Por fin hemos llegado al último día del festival, a estas alturas no sé muy bien si estar triste o aliviado, pues me da la impresión que ya he dado casi todo lo que tenía y estoy más bien en reserva. ¡Pero qué cojones, estamos en el Primavera Sound! Una cita que llevo esperando todo el año y no hay cansancio que valga, es el pensamiento que se me ocurre a continuación y de esta manera soy el primero en plantarme en el recinto, a penas abren las puertas, a las cuatro de la tarde.

A esas intempestivas horas el sol cocina en estofado lo que queda de mi estropeado cerebro tras tres días de festival y la búsqueda de sombra se hace imperiosa. Es poca la sombra que se puede hallar en el escenario Adidas pero de alguna manera me las ingenio para poder disfrutar del concierto de los chilenos Astro sin ser víctima de una insolación, lipotimia o bajón de azucar. Astro es una banda de Santiago de Chile que pisa por primera vez tierras europeas para dar un único concierto dentro del marco del festival, una banda de la que he tenido numerosas referencias procedentes de todo artista chileno con el que he hablado. El pasado año redacté un informe sirviéndome de una serie de entrevistas que tuve con bandas sudamericanas que formaban parte del cartel, y hubo un denominador común en todas ellas, señalar a Astro como uno de los grupos más interesantes de la nueva hornada chilena. Y va a ser que es cierto, Astro se desmarca de cualquier referencia con la que se le pueda emparentar, tienen un universo tan propio que su música es deliciosamente original. El concierto transcurrió con algún que otro problema técnico pero al final salieron victoriosos gracias a las canciones del discazo que acaban de sacar: el homónimo “Astro”.

Acto seguido nos dirigimos a ver el descalabro de Sandro Perri, el que se suponía tenía que ser una de las actuaciones del festival se consumó en un naufragio absoluto, un concierto sin timón que osciló entre los guitarrazos y medios tiempos que no iban a ningún lado, las canciones se hacían eternas y en ningún momento se hizo justicia al luminoso: “Impossible Spaces”. Fue un suplicio para los que estábamos ahí y por su bien esperábamos que terminara ya, pero él se empeñó en propinarnos un final de concierto lleno desvaríos instrumentales, ¡decepción! (chiste fácil: la próxima vez no va ir a verlo ni perri… ahí lo dejo)

Los que sí consiguieron propinarnos una buena paliza fueron Lisabö, los vascos nos dieron tal repaso que parecía que nos hubiera atropellado un camión. Y como dice un amigo, todos los grupos deberían tener dos baterías; ¿¡pero cómo suena eso, por Dios!? El grupo tiene una dilatada carrera a sus espaldas y saben muy bien cómo manejarse sobre el escenario, son pura energía y nervio, puro musculo y rugido, no en vano ya han ostentado el título de mejor directo nacional hace unos años. Se notaba que tenían ganas de tocar, que son animales de concierto, y no desaprovechan ni un minuto tras los micros para dejarnos muy claras sus ideas, agradecieron a amigos y gente que los ha ayudado todo este tiempo pero sobre todo metieron mucha caña a políticos y banqueros, culpables de la situación actual, con un contundente: “No vamos a dejar que estos hijos de puta se carguen el mundo”. Qué más se puede añadir.

Mientras el festival nos dejaba un inusitado momento de respiro nos acercamos al salón acústico Myspace donde nos encontramos con Villarroel, agradable sorpresa que nos deja con la curiosidad suficiente para seguirles la pista, seguro que su hilarante propuesta nos reserva más de una cosa interesante.

Antes del conciertazo que nos esperaba, era apropiado darnos un homenaje y zamparnos así el chorizo criollo con morcilla que ofrecía la parrilla de la zona Pro, por supuesto con su botella de vino correspondiente.

Y es que estábamos a punto de vivir otro de los momentos del festival, Beach House, concierto que auguraba numerosos llantos y desmayos, venían a presentar su flamante y recién estrenado nuevo disco: “Bloom”. Y hay que decirlo, Beach House siempre cumplen, siempre están a la altura, siempre son capaces de sacarnos más de una lagrima. Para los que pudimos asistir el verano pasado a esa delicatesen de dos días que fue “Fly me to the Moon” y presenciamos su emocionante concierto, pocas sorpresas nos estaban reservadas, ya entonces tocaron gran parte del set list que forma parte de su nuevo disco y ya entonces vibramos como el que más. Este año, pues, se repetía un poco la experiencia, pero no podíamos perdérnoslos, de esta manera disfrutamos de gran parte de su concierto para luego emigrar de nuevo hasta la otra punta del recinto y encontrarnos con el final de concierto de Real Estate. Por lo que oímos habían ofrecido un concierto correcto sin más, en la tónica que nos tienen acostumbrados.

Los que no nos tienen nada acostumbrados a verlos en directo son OFF!, por lo menos en mi caso y así es como nuevamente fui testigo de cómo el hardcore se apoderaba del Primavera, aunque no me considero gran fan de este estilo hay que decir a su favor que sobre el escenario se crece hasta cotas de disfrute muy altas. Así pues, la bestia a la que llaman OFF! Se encargó de apalearnos con dura, durísima música. Toda una sacudida que hizo saltar por los aires cualquier resquicio de cansancio que tuviéramos encima, mientras presenciábamos tamaño espectáculo nos dimos cuenta que a un metro escaso de nosotros se hallaba el mismísimo Jeff Magmun, sí, sí, Jeff en persona y además viendo un concierto de OFF! Es difícil encontrar dos estilos más antagónicos, como los que practican ambos músicos, pero ahí estaba plantado con una media sonrisa dibujada en la cara, casi me da un ictus cardiaco –no fue el único artista que vimos disfrutando un concierto desde el público, los había en todos los escenarios-.

Si de conciertos amables se trataba lo tuyo era ver a continuación Chromatics, banda americana que hace escasos meses volvía a contraatacar, después de cinco años, con un disco como una catedral, estamos hablando de “Kill for Love”. Y básicamente a la presentación de éste estuvo dedicado el concierto, sin olvidarse del fabuloso “Night Drive” claro está. La beldad castaña que tienen como cantante, de nombre Ruth Radelet, se encargó de hipnotizar a todo el público masculino y el resto de la banda se encargó de conquistar a todo quisqui, sonaban grandiosos y las canciones elegidas no daban respiro, se sucedían hit tras hit para culminar en un apoteósica versión de Neil Young :“Into the Black”. ¡Maravillosos!

Nuevamente nos tocaba acometer la kilométrica peregrinación hacia el escenario Mini, más conocido como Mordor (curiosidad: en el trecho de camino había un camión estacionado que llevaba el logo de Umbrella, sí, sí, la corporación de Resident Evil, y algunos incautos hacían cola para entrar a saber para qué, lo mejor era no sucumbir a la curiosidad, no vaya a ser que…)

No sólo teníamos que llegar hasta allí sino que al finalizar el concierto de Yo La Tengo teníamos que volver al lugar de origen, pero mira, por Yo La Tengo esto y más.
Da igual el número de veces que hayas visto a los de Hoboken, da absolutamente igual, tienen una capacidad de sorpresa y un repertorio tan extenso que cada vez es como la primera. Como ya nos tiene acostumbrados Ira Kaplan entra en trance durante cada concierto y aporrea las cuerdas de su guitarra sin clemencia, te azota con un riff ensordecedor para luego sentarse a los teclados y cantarte una nana de lo más tierna. Así son Yo La Tengo, polos opuestos, tormenta feroz y dulce calma, son “Sugarcube” y “Stockholm Sindrome”, son “Autumn Sweater” y “Blue Line Swinger”, son una de las mejores bandas que tenemos en activo y aunque las veces que los hayas visto las tengas que contar con los dedos de las dos manos, siempre son un reclamo ineludible. ¡Larga vida a Yo La Tengo!

Ha llegado el momento “chillwave” del festival y primero le toca el turno a Washed Out, el proyecto de Ernest Greene que el año pasado nos regaló uno de los mejores discos del curso: “Within and Without”, álbum de electrónica aterciopelada, perfecta banda sonora para hacer el amor, como bien muestra su portada. Digo la verdad cuando afirmo que Washed Out era uno de los grupos que más ilusión me hacía ver en el festival y quizás esto jugó en su contra, tenía las expectativas muy altas y el concierto no pudo alcanzar semejantes cotas, fue alegre, disfrutable, pero inconstante, por no echarle en cara que se dejara unas cuantas canciones que esperábamos ansiosamente ¿Un ejemplo? Soft, insigne canción que sirve de faro guía a tan perfecto disco, pues va y no nos la toca el c… (colega), así como otras tantas del disco mencionado. Digamos que la elección del set-list no fue la más acertada, estuvo demasiado centrado en los Ep’s anteriores y no sacó a relucir las virtudes de su inmensa última obra, aún así le damos el voto de confianza, se lo tiene ganado, la próxima vez será, ¡eso seguro!

Al acabar el concierto aún pudimos pillar a los estruendosos Justice, tal era el volumen de su concierto que entre canción y canción de Washed Out se oía el apocalipsis de fondo. Y así desde la lejanía vimos a los dos gamberros franceses echar el resto y dejar a un público alucinado mientras se despedían mostrando sendos dedos medios, en su línea.

El encargado de clausurar el festival (salve Dj Coco y sus memorables sesiones de fin de fiesta) era Neon Indian, el americano/mejicano Alan Palomo –no os riáis- parecía que acaba de aterrizar en la ciudad condal, se le vio un tanto apurado en la prueba de sonido, pruebas que normalmente se realizan por la tarde, antes de la apertura de puertas. Aún así estuvo gigante, un showman en toda regla, que sabe como atraer los focos sobre sí y como ganarse a los presentes con una retahíla de canciones insuperables. Alan venía a presentarnos otro de los discos más encumbrados del año pasado: “Era Extraña”, y en esta ocasión salió victorioso, era inevitable caer rendido ante semejante despliegue de melodías fascinantes, el momento de “Polish Girl” fue uno de los más celebrados y bailados, todos rendidos a sus pies.

De esta manera, un año más, el Primavera Sound llegaba a su fin y un año más nos resistimos a que se acabe, bailamos hasta que venga el cordón de seguridad para expulsarnos a la calle y aún en la calle, nadie se quiere ir a su casa, ¿Dónde nos vamos de after? Era la pregunta más habitual y así pues terminamos prolongando el ineludible final, brindando con cervezas y croquetas, brindando por más Primaveras, por el de este año y por los que vendrán, porque sean muchos más y porque nos pillen confesados.

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