Grupo: Pumuky + Gaf y La Estrella de Muerte
Sala: Sala Matisse

Cuando desde La Redacción Atómica aupamos a Plus Ultra como mejor álbum nacional del año 2011, ya éramos conscientes de la dificultad que contraería llevar al directo un trabajo tan atmosférico y onírico. Los meses de espera para presenciar la reproducción del disco en vivo no habían sino aumentado nuestro enganche y obsesión para con unas canciones tan adictivas como mágicas. Si a eso le sumamos el poco apego de Jaír Ramírez (cerebro del entramado sonoro de Pumuky) por el escenario, las dudas y los miedos a que fuera prostituida la exquisita obra grabada aumentaban. Para arreglar la cosa Jaír respondía así, pocas horas antes del bolo, a nuestra pregunta de cómo afrontaba la actuación de esa noche: “nunca se sabe, además estoy con un virus y ya veremos cómo responde la voz”. Aún así, me planté en Matisse

Los también canarios Gaf y La Estrella de Muerte –teloneros de toda la gira, no en vano esta se ha producido gracias a la iniciativa Canarias Crea-, ya estaban a lo suyo cuando entré en una sala que rozaba la centena de cuerpos. Sentados en sillas y presos de una inquietante oscuridad, solo rota por las intermitentes luces de pedales y mesas de mezclas, seis músicos se esmeraban en crear un incómodo universo noise que, sin embargó, me engulló de trago. Inusual banda de comportamiento estático cuyas canciones superan, fácil, los quince minutos y que mantienen en un desconcertante vilo a base de post-rock y psicodelia. Trompeta, percusión, teclados y, sobre todo, guitarras se encargaron de finalizar el extraño espectáculo que acabó en una placentera y potente eclosión sonora.

Llegado el momento se descubre ante nosotros Jaír Ramírez. Delgado y más joven de apariencia de lo que se le suponía a su grave voz, formaban junto a él, su hermano Noé Ramírez (guitarras), Nacho Yoldi (bajo), Vicente Rosati (batería) y Edu Martínez (teclados y sintes). Todos ellos son Pumuky, y el grupo (mitad catalán, mitad canario), más que nunca, se encargaría de secundar a un líder que, tras retraído saludo, parecía que les necesitara más que nunca.

El primer impacto con el tema “Plus Ultra” es agresivo, costó encajar la pomposa galaxia conseguida en el estudio bajo la contundente pegada del formato banda de rock. La voz ocupa un perturbador primer plano que era difícil de digerir. Pero fue cuestión de tiempo acostumbrarse a la puesta en escena, y pronto músicos y técnico de sala llegaron a la esperada entente donde instrumentos y voz se volvieron líquido continente de un profundo océano de intensidades.

Para cuando suenan “Phoebe”, “Quinta de Regalería” y “Gara” (hasta ahora siguiendo el apolíneo orden establecido en el disco) uno ya ha aceptado la más que decente defensa del directo que escupe la PA de la sala. Noé se dejaba la piel haciendo saltar estrellas de las cuerdas de su guitarra y Jaír se sobreponía a las malas pasadas que le deparaba su tocada voz, cerrando los ojos, sin mirar a la cara pero dándola.

Todavía aturdido por la hostia de los cuatro temas de apertura, como escupido por las olas a una orilla de dolorosas constelaciones sentimentales, “Nira” rompió, con sus personales percusiones, el orden de los acontecimientos, pero sólo de forma anecdótica ya que la instrumental y abrasante “Pleamar”, seguida del galáctico galope de “Causa vs efecto” redondearon una primera parte del concierto que, con Plus Ultra como médula espinal, ya era magno.

Aunque por allí se coló, con ruidista permiso, “Moriarty y la Combustón Espontánea”, el final estaba reservado a la crema de El Bosque en Llamas, su anterior álbum y a través del cual nos hipnotizó sin permiso. “Lobo Estepario Contra Caballos Desbocados” y, sobre todo, la emocionante interpretación de la sólida “Eléctrico Romance…” -en la que pidió la colaboración del saxo de Gaf…– cerraron la selección titular de cortes, dejando a las claras que el disco anterior, por concepción, era más llevable al directo.

El Bosque en Llamas también acaparó los bises y así la elegante sobriedad de “Si desaparezco” dio paso a “La Metamorfosis”. Canción concluyente para la que Jaír invitó a parte de Gaf y la Estrella de Muerte y así todos marcarse, como buenos paisanos, una explosiva y contundente traca final de electricidad y ruido.

Como cuando acabas de escuchar Plus Ultra: una profunda sensación de desorientación lo inunda todo…. Pero luego sonríes y caminas hacia delante como si fueras mejor.

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