Grupo: The Veils (+ Basia Bulat)
Sala: Wah Wah

¿Alguna vez habéis pegado un polvo con un pibón… pero en realidad no os lo habéis acabado de pasar bien?

Son situaciones paradójicas, puesto que todos los factores parecen estar a favor, pero lamentablemente eso no garantiza los fuegos artificiales ni esas secuencias a cámara rápida del abrirse de las flores y el despertar salvaje de la naturaleza.

Ese es exactamente el sentimiento que recorre mis venas desde la noche en que asistí a la actuación que ahora relato. Para más inri la sala Wah Wah estrenaba/duplicaba sus cajas de amplificación y tras la entrada de la banda en el escenario aquello parecía que iba a ser el orgasmo del siglo.

Pero transcurridos unos segundos, la cosa empezó a fallar. Todos empezando a mover las cabecitas porque ese pedazo de grupo llamado The Veils se contorneaba en sensual recorrido indicándote con dedito y gesto sexy que le siguieras a la alcoba, la lástima es que poco a poco nos fuéramos quedando por el camino.

Vale que Finn Andrews y compañía desprendan calidad, dosis de sensibilidad y crudeza a partes iguales por cada poro de sus cuerpos, pero nunca acabará de alcanzarnos si, como dijo Jose Wah Wah, “se traen a su primo” de técnico.

Andrews tiene una voz rasgada natural que le gusta saturar, y es bien cierto que en determinados cortes como “Three Sisters” o “Pan” se transforma en un punzón que te araña hasta el mismo alma. De ahí a lo que sonó (una especie de carrusel deportivo medio desintonizado) hay un trecho por muy cool y desinteresado que puedas ser o al menos parecer. Una auténtica pena.

Por lo demás, aunque desgraciadamente siempre a la sombra de esto anterior, caímos sin remedio en las redes hipnóticas del cuarteto afincado en Londres. Pese a las luces de “Sit Down By the Fire” o “The Letter” que recordaron a los temas más brillantes de los primeros U2 (allá por el pleistoceno) pasando por guiños incontestables a Nick Cave en “Calliope” y “Jesus For the Jugular” hasta llegar al subidón de “Advice for Young Mothers to Be“.

Destacados en el juego de las intensidades, viajaron del clímax hasta el más mortal de los silencios. Construyeron, destruyeron y volvieron a alzar.

“Not Yet” y la apocalíptica “Larkspur” (con destellos a lo Buckley) cerraron la noche con Dan Raishbrook sacando notas imposibles de su guitarra con un arco de violín.

Anteriormente los canadienses Basia Bulat habían estado en las tablas, pero no me dió tiempo a verlos… Me contaron que me perdí una vocalista cuya voz es inversamente proporcional a su menudez (por cierto hizo coros con The Veils en algunos parajes de la velada)…pero vamos, que los guardamos para el siguiente revolcón.

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