Grupo: Oasis
Sala: Palacio de Deportes de Madrid

Ir en metro a un pedazo de concierto, es un poco raro, y más si vas directo desde el trabajo. Es lo que tienen las macrociudades. Y ya sabemos que a veces lo macro sale barato, pero no proporciona la misma calidad.

En esta ocasión fueron los ingleses Oasis a los que les tocaba llenar el Palacio de los Deportes para presentar en España su último largo Dig Out Your Soul. Miles de fans (15.000) abarrotaron las gradas y la pista de un recinto que no ofreció su mayor calidad acústica, y tanto voces como guitarras no estuvieron, en muchos parajes de la velada, a la macro-altura de la cita.

Y es que, he de decir, que el concierto no me satisfizo demasiado, quizás porque las expectativas con las que fui no se cumplieron ni de cerca. Tenía muchas ganas de ver a los de Manchester, hace tiempo me los perdí en el FIB, y mi asistencia a la próxima edición (donde han confirmado presencia) no la tengo clara del todo.

En mi opinión, Oasis se ha convertido en un show ya predeterminado, que funciona, pero que se ve venir.

Me creía muy listo imprimiendo el tracklist del concierto, recien sacado de internet. Mi sorpresa fue que al llegar al concierto, demasiada gente lo tenía… ¡en el móvil! Podría recitar la lista entera de canciones pero esto consiste en destacar lo mejor (al menos para mi).

Comienzo con “F…in’In The Bushes (Standing on the Shoulder of Giants)” y que hizo vibrar al apelotonado personal. El guión lo siguieron a la perfección, repaso a su discografía con “Rock’n’Roll Star”, “Cigarettes&Alcohol” y “Supersonic” (Definitely Maybe), “Songbird” (Heathen Chemistry), “Lyla” (Don't Believe The Truth), y las más legendarias “Don't Look Back In Anger”, cuyo punteado debe pasar a la historia, “Wonderwall” y “Champagne Supernova” (What's The Story Morning Glory?) De los pocos temas del nuevo álbum que valieron la pena citaría “Waiting for the Rapture”, “I’ am Outta Time” y “Falling Down”.

La puesta en escena, perfectamente estudiada. Liam Gallagher, que se había cortado la melena y lucía gafas de Lennon (tal vez lo único que le acerca ahora mismo al Beatle), y sus múltiples posturitas, muecas, gestos y demás comportamientos chulescos. Totalmente impasible ante el fervor del publico, manos a la espalda y de vez en cuando sorbo a la taza de ¿té?. Increíble la forma de reírse del miedo escénico.
Sólo las (sospechosas) desapariciones del flamante vocalista permitieron lucirse a Noel Gallagher, un tanto marginado en el lateral del escenario, imponiendo que es él el autentico motor interno del grupo.

En definitiva, un concierto al que tenía demasiadas ganas, y que merece la pena ver una vez en la vida. No sea que venga el típico listo, los compare con los Beattles y te arrepientas de no haberlos disfrutado en directo. Próxima cita, el FIB.

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