Grupo: Surforama 2011
Sala: Sala Wah Wah

Casi recuperado de la resaca de actuaciones (y otros menesteres) que ha supuesto esta nueva edición del Surforama, son muchos los recuerdos que se agolpan en la mollera; los suficientes, y suficientemente imperturbables, como para agradecer que una iniciativa de esta índole se produzca dentro de nuestras fronteras. Una obra de arte en forma de producción musical, de homenaje a la música rock y surf, que tiene en la iniciativa privada el milagro, no sólo perdurar, sino de mejorar año tras año.

JUEVES
La primera de las tres jornadas, también se echó en falta algo más de gente, parecía enmascarar la terna más endeble de las que estaban por concurrir. No me atrevo a asegurar que así lo fuera, pero de laxa tuvo poco. A-Phonics (que volvería para emocionarnos el sábado) ejercieron de correctos anfitriones y abrieron la lata con el infortunio que supuso para algunos de nosotros llegar ya avanzada su actuación. Suficiente, en todo caso, para cerciorarnos que en Valencia se hace buen surf de querencia clásica pero con la personalidad Mediterránea que Dios les ha dado. Técnicos, compactos y con las dosis de divertimento visual que se le suponen a un grupo de sus características.

La bestialidad de la noche del jueves la trajeron, desde el norte, los Tiki Phantoms. Deconstruir (a veces destruir) el surf-clásico hasta límites de punk soez se les dio de lujo. Todo un espectáculo gozar de su actitud chulesca e imperativa para con un público que, aunque no muy numeroso, se multiplico producto de la electricidad. Punk-rock anfetamínico que, saturado de reverb y ritmos surferos, golpeó contra nuestra propia calavera. Espectáculo garantizado en el que no faltó una longitudinaria conga y hasta un par de bellas (y ebrias) damas atravesando el gentío en sendas colchonetas hinchables.

VIERNES
La crecida de público en la segunda jornada fue, inexorablemente, notable aunque no se llegó al lleno. En primer lugar – de nuevo algunos con la cena todavía entre los dientes – fue el turno de Los Supertubos. Pasión máxima por el reverb y los sonidos más clásicos de la baraja que, sin embargo, no calaron (sería la hora) hondo.

Se esperaba mucho de los noruegos The Mobsmen y, la verdad, que también se quedaron algo tibios. Nada que objetar a la destreza de sus guitarras, pero la puesta en escena y la conexión con el público no llegó a los niveles que se le requieren a una banda inédita en España, arrancada de la fría ciudad de Oslo y que luce, sin rubor, capas y antifaces. Sus canciones más celebradas: “Flamenco” de Los Brincos y el “Misirlou” de Dick Dale ya en los bises.

La noche estaba en aprobado pero llegaron The Montesas y se montó el cirio. Conscientes de que eran la gran atracción de la velada, la organización les hizo la cama para que la suya fuera la única de las actuaciones del día que alcanzara, con creces, la hora y media. Los alemanes, con el distinguido Marcel Bontempi a la cabeza, se volvieron a comer, como hace dos años, el escenario de Wah Wah. Desde el teclista, pasando por el guitarra, hasta el elegante percusionista, sin duda una de las mejores bandas de rock&roll del momento. Los menos surferos del festival, pero sin salirse nunca de la veintena que engloba los años seminales del rock. En el tramo final se acoplaron sus dos inexorables go-gos, las Montesitas, y el beat, el rockabilly y el blues lo volvieron todo patas arriba. Toda una fiesta que tuvieron a bien conducir entre versiones y notables canciones propias que las tienen (a su último disco, Wrong side of town me remito). Infalibles.

SÁBADO
Aún dejándonos querer por los pinchadiscos de las jornadas ya transcurridas, tuvimos a bien esforzarnos en hacer acto de presencia en la cocktail party del sábado a mediodía. La Edad de Oro a reventar y la cerveza, las patillas, los tatuajes y los combinados ya presentes bajo el sol. Almuerzo avivado por los Martini Surfers que con el pelado Luca Ceruti a la cabeza hicieron de perfecto hilo musical para el contubernio social que tenía en la siesta parada obligada.

Algunos no hicimos siesta y es que la noche pidió paso, o eso nos pareció, antes de lo habitual. No es que nos importara pues la cita con Nokie Edwards, guitarrista de los históricos The Ventures, llegaría con la oscuridad. Si la tarea de abrir recae en los zaragozanos The Vibrants es como para hacerse a la idea de lo que la cita puede dar de sí. Siempre correctos, siempre chistosos, sin fisuras y demostrando que son una de las mejores bandas de rock clásico ya no sólo de España sino de Europa. Que recuerde, aparte de sus ya típicas versiones de “Bailando el twist” del Dúo Dinámico o “El rey de los surfers” de los Trashmen, se marcaron su propio homenaje al hombre que venía luego interpretando “Blue Moon”.

Y llegó el momento de que Sir Nokie Edwards hiciera acto de presencia. Ayudado por Juan Diego Sanchís (artífice de todo lo que estoy escribiendo y líder de los A-Phonics) Nokie tomó asiento. A sus 75 años era la primera vez que pisaba España para actuar y, nunca mejor dicho, más vale tarde que nunca. Es impepinable que los dedos ya no le responde con la rapidez de antaño, pero que me aspen si esos dígitos, que tantas melodías eternas trenzaron, no siguen siendo certeros. Además, y qué orgullo, allí estaban sobresalientes los A-Phonics (meción especial a Eugeni en la percusión) para confeccionar aquel cuadro que ya está, por siempre, en la memoria. “Walk don't run”, “Besame mucho”, “Surf rider” o “Hawaii 5-0″…algunos de los temas por los que estaremos eternamente agradecidos. En su cara se atisbaba la vida, la felicidad… en la nuestra la certeza de haber visto a un grande.

Comenzaban las fuerzas a flaquear y pocos eran mis informaciones acerca de Los Creyentes. Pues mira por donde, y por desgracia para mi esqueleto, los de Úbeda todavía trajeron la revolución a la sala Wah Wah. No tiene nombre la que liaron. Ataviados como ángeles con endemoniadas patillas se encargaron de poseer el local de una manera pocas veces vista. Rock&roll, exorcismos, eucaristías de tequila y blues llevadas a límites músico teatrales que acabaron, ya digo, por poner patas arribas el garito. Una verdadera apisonadora (al parecer comparten guitarrista con los también jienenses Guadalupe Plata) que terminó por convertir a su perniciosa religión a varias decenas de gentes que, ebrias (y yo que se que más), no dudaron en tomar el escenario que, para entonces, ya era un altar más que profanado.

Poco más puedo contar, pero al volver a casa (yo no recuerdo haberlo escrito) en mi facebook se leía: “he visto a Nokie Edwartds, ahora a los creyentes. He vuelto a creer en dios.

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