Grupo: The Wave Pictures
Sala: Centro Cultural Octubre

Lo de los Wave Pictures en la tarde del jueves era como para llegar y ponerse a escribir…

Se les perdona el llegar tarde y con pinta resacosa; se les perdona la dejadez en el vestir y que no sepan chapurrear ni gota de castellano; se les perdona que, según ellos, les haya sentado mal un bocadillo y estén sufriendo uno de los peores días de sus vidas… Se les perdonó todo en cuanto se pusieron a tocar los primeros acordes.

Acompañados por las canciones de su imprescindible primer Lp, Instant Coffe Baby, y una tímida simpatía coral (al estilo Beatles o Beach Boys) que les convertía en angelitos adorables, se hicieron pronto con los poco más de noventa afortunados que caben en la acogedora (todos sentados) sala Octubre. “Cassius Clay” cayó en segundo lugar y la forma de puntear y hacer solos de guitarra de Dave Tattersall ya avisaron de alguna posesión satánica y de que aquello iba, incluso, a superar las expectativas del disco.

Si uno se fijara en la cara y la pose de Tattersall, diría que la cosa no va con él, que pasaba por ahí; pero cuando, entre canción y canción o como arrebato final, se pone a devorar la guitarra ya todo da igual; incluso que se quede cabizbajo. Se descubre, de repente, a un prodigioso solista de rock al que con las vista cuesta seguir los dedos y cuya roja cabeza se encuentra a punto de estallar entre las primeras filas de atónitos mártires. Brutal fue lo que cuento en la coreada “Strange Fruit For David”.

De la importancia del trío, no dejó de dar muestras el bonachón de Franic Rozycki que aporreó las cuerdas de su bajo o se echó a los coros con tanta introversión como presencia y, sobre todo, la aportación de Jonny Helm: el batería que todo frontman quisiera tener. Helm canta él solo (“I love you the best”), hace perfectamente los coros, se levanta con el trueno, guarda un humor envidiable y, claro, toca la batería como un puto crack. “Just like a drummer”, que llegó ya en los albores, fue una fiesta de palmas y participación con el público que bien pudo servir de homenaje a este gregario de lujo.

Por el camino, entre lo que se vendía como pop, pero jugó a ser rock, calypso e, incluso jazz y blues, se coló una nueva canción con aires country de nombre “Canary Wharf” y que, por lo visto pertenece a su nuevo If you leave it alone. Aquello se había hecho muy corto cuando anunciaron que se estaba acabando la cosa con la animada “Leave the Scene behind” como excusa. Por si no era bastante, Alberto (que así parece llamarse el road manager español que les acompaña) subió de manera improvisada para arrebatarle el cencerro a Jonny Helm y, desafinando, hacer más divertido, si cabía el concierto.

Antes, de todos modos, interpretaron una más oscura y de tempo más pausado canción compuesta a medias, parece ser, con Stanley Brinks; que me aspen si no se llama “Bed side”, pero, en todo caso, es de bien parido ser agradecido. Lo digo porque la huella de Herman Düne y, por supuesto, de Hefner (y del mismo Darren Hayffman) es más que patente en las irónicas, londinenses, románticas, alcohólicas y cotidianas historias que, con la estremecedora voz de Tattersall como sangrante altavoz, están a la altura, en muchos casos, de los mismísimos Smiths. Y de hecho con una bárbara “Kiss me”, homenaje, a Mr. Morrissey, se marcharon a sabiendas que el bis era inexorable.

Y no fue uno si nos tres bises para los que dejó, ya con la exultante grada en pie, “Instant Cofee Baby”, “Friday night in Loughborough” y “I love you like a madman”. Tras 14 temas y casi hora y media ya sólo daban ganas de ponerse ciegos a cervezas y ser feliz. En mi caso, escribir.

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