Grupo: Tanned Tin 2012
Sala: Varios

Hay pequeñas cosas que hacen grande un festival, pequeños detalles que demuestran el mimo con el que es tratado el evento, hasta extremos de parecer una reunión familiar. Son unos cuantos años los que Tanned Tin lleva en la carretera, acercando a la Comunitat las propuestas más vanguardistas y rompedoras del momento, no en vano fueron los primeros en traer a los ahora ya consolidados Animal Collective, a unos primerizos Deerhunter, a unos Beach House que desde entonces han enamorado a medio mundo. En definitiva, que si uno echa la vista atrás el currículo del festival está de sobra avalado y ahora es cuando me vuelvo a preguntar, ¿Por qué no había conseguido ir hasta la fecha? Son muchos años intentándolo infructuosamente y el presente parecía la continuidad de mi particular maldición. Pero no estaba dispuesto a permitirlo y aunque los compromisos del fin de semana eran numerosos sentía el deber de hacer el esfuerzo y escaparme aunque sólo sea para vivir una fecha del festival. Así es como el viernes 3 de febrero fue mi bautismo en lo que espero sea una larga tradición de peregrinación a la ciudad castellonense.

Como antes explicaba, tuve que luchar contra viento y marea para poder ir al festival y el viernes pasado no sé si marea, pero viento… ay si había viento, ¡y frío! La que se pronosticaba como la noche más helada de lo que llevamos de invierno no defraudo a los meteorólogos; la rasca que pegaba era digna de una capital nórdica. Menos mal que el evento está concebido para un recinto cerrado, nada menos que el Teatro Principal de Castellón, marco perfecto para el carácter íntimo y familiar del festival. Y nada más llegar ya te sentías como en casa, con los músicos merodeando de aquí para allá, una barra que vendía copas de vino (¡blanco y tinto!) y con la cerveza 1,5 euros, los augurios eran esperanzadores.

Nat Baldwin voz masculina de los magníficos Dirty Projectors, que ya tocaran hace unos años en el festival, era uno de los reclamos más interesantes de la cita. Acompañado únicamente de un chelo hizo las delicias de los presentes, y es que aunque lo hubiera hecho a capella hubiera sonado fantástico, la marciana voz de Baldwin es celestial y las canciones de su obra en solitario dejan patente que hay mucha vida más allá de los Projectors. Sus canciones en directo se hacen más cercanas y menos enrevesadas, pues en el disco, People Changes, se puede oír todo un trasfondo de percusión y trompetas a modo free-jazz, y a veces como se dice por ahí, menos es más.

A continuación de tamaña delicia pudimos escuchar a unos sólidos Papercuts, compañeros de viaje de Grizzly Bear y Beach House, los americanos practican un pop-folk ensoñador que gira alrededor de la voz de su frontman, Jason Quever. Y aunque lo suyo sea folk de toda la vida, siempre es de agradecer cuando éste se práctica con solvencia y el conjunto resultante son canciones aterciopeladas y llenas de matices y metálicos sonidos de guitarras.

A estas alturas sólo harían falta las pantuflas y el batín para estar más cómodo, olvidada ha quedado ya la ventisca invernal y ahora sólo queda seguir disfrutando del desfile de conciertos que nos queda por delante. Los siguientes en la lista son los ingleses The History of Apple Pie. Aparentan no tener mucho más de la mayoría de edad y lo suyo parece un calco de The Pains of Being Pure at Heart, cantante de rasgos asiáticos incluida. Y aunque la propuesta formal no está mal se nota que aún le quedan un par de primaveras para alcanzar las cotas necesarias de autenticidad y estilo. Lo suyo se quedó en una actuación un tanto autista donde cada miembro iba a la suya sin llegar a estar cómodos en ningún momento, al final intentaron refugiarse en la distorsión atronadora pero fue imposible no naufragar en un concierto bastante descafeinado. Que nadie me entienda mal, si me permito ser tan crítico es porque la banda aún tiene un amplio margen de mejora y recorriendo la senda que tienen trazada pueden dar más de una alegría en el futuro, de momento ya van bien para bailes de fin de curso.

La revelación de la velada corrió a cargo de los americanos Oh! Pears. Tan sólo guitarra y batería fueron suficientes para llenar el ambiente de buen rollo con canciones alegres y campestres, el freak-folk que practican está adornado de numerosos matices y curiosamente es de muy fácil digestión, todo el público allí presente quedo rendido al final de la actuación. Numerosos aplausos y silbidos vitorearon un final de concierto con los dos miembros aporreando la batería simultáneamente y un amable Corey Duncan nos invitaba a abordarlos: “Si nos veis por ahí no dudéis en acercaros, somos muy amigables”.

El buen sabor de boca que dejó el dúo se vio cortocircuitado por unos rocosos MAIN; quien dice rocosos dice casi infumables. Los paisajes ruidistas y electrónicos eran la tónica de la actuación, con ligeras variaciones de frecuencia a modo de pitidos y bajos sordos había que estar muy metido en su concierto para no ser presa del hastío, menos mal que uno siempre tiene la posibilidad de salir a compartir unas copas de vino.

A estas alturas de la noche la gente ya está con más ganas de conciertos más movidos y los alemanes Like a Stuntman cumplieron con creces este cometido. Haciendo honor a su origen teutón no se conforman con ejecutar indietrónica corriente, lo suyo va más allá, está lleno de texturas y cambios de ritmo en la misma canción, que sorprende a cada compás. Es imposible seguirles, pues siempre se sacan algún ritmo de debajo la manga que te deja con la palabra en la boca cuando estabas apunto de clasificarlos. Es una pena que hayan tenido tan poca difusión por estas tierras, siendo como son una banda como la copa de un pino, perfectamente sincronizados, perfectamente contundentes, perfecta maquinaria alemana.

Al final de la actuación se confesaron grandes admiradores de los catalanes Za! que la mayoría de los allí presentes aguardábamos con ansia creciente. Quien ya los conozca sabrá de sobra que lo de los catalanes hay que verlo, Za! no ofrece conciertos, regala experiencias. Su puesta en escena es descacharrante y sus dos componentes parecen recién salidos de un psiquiátrico, no paran de soltar berridos impronunciables y de agitarse como si llevarán una sabandija en los pantalones, pero amigo, pocos adjetivos les puedo poner que siempre me quedaré corto, ¡¡lo de Za! ¡¡hay que verlo!! Y lo del Tanned Tin, por supuesto, también. Nos vemos el año que viene.

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