Grupo: The Dream Syndicate
Sala: Wah Wah

Pese a que la formación original de la banda no fuera la que estuviera sobre el escenario, pese a que Steve Wynn pasa por Valencia con “relativa” frecuencia, pese a que el disco que se iba a interpretar, Days of wine and roses (el primero de la banda) se editara hace justamente treinta años, y pese al elevado precio de las entradas (veinte euros anticipada, veinticinco en taquilla), todos esos factores no fueron óbice para que el público decidiera no asistir al concierto, ni mucho menos para que las expectativas de los asistentes fueran bajas.

Se suele decir que “el tiempo pone a cada uno en su sitio”, y lo cierto es que no vamos a entrar a valorar si a The Dream Syndicate la historia le ha hecho justicia o no, pero lo que sí podemos decir es que la banda californiana sonó “como Dios”. El rango de edad de los asistentes comprendía una horquilla de unos treinta años, pues encontramos a chavales de no más de veinte con algunos grupos de fieles de la banda que rondaban el medio siglo de edad, pero todos lo dieron todo, y cuando decimos “todos” nos estamos refiriendo tanto al cuarteto que había sobre el escenario como a la sala, prácticamente llena, que desde el primer acorde hasta el último acople estuvo completamente entregada. Quizá la sorpresa vino desde el remolino de las primeras filas, más propio de un concierto de punk adolescente que de una banda de estas características, en el que los codazos y los empujones eufóricos, especialmente en los primeros temas, dieron a entender que la gente se lo estaba pasando en grande, y que la banda estaba ejecutando las canciones con la fuerza necesaria y suficiente como para provocar cierta catarsis entre las primeras filas. El grupo lo dio todo (lo que pudo) y el público se lo devolvió todo (todo).

Podríamos destacar “Then She Remembers”, “Tell Me When It's Over”, “Definitely Clean”, “The Days Of Wine and Roses” o “Halloween”, pero sería injusto resaltar unas canciones sobre otras . La banda sonó, (¡vaya que si sonó!) y las canciones estuvieron a la altura sin ninguna duda. La gente lo disfrutó y al final del concierto en el aire flotaba la sensación dulzona de haber pasado un rato magnífico escuchando un buen concierto. ¿Acaso se puede pedir más?

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