Grupo: Tindersticks + Thomas Belhom
Sala: Espai Rambleta

Un cielo gris de británica compostura se instalaba en Valencia el jueves 25 de octubre. Lo traían ellos. Junto a los instrumentos y unos trajes planchados, viajan con su propio firmamento. Tidersticks no dejan nada al azar. Sus conciertos, como el de Valencia, son puro arte matemático… porque la exactitud, igual que a veces el caos, es bella.

Una cerveza, un cómodo asiento y la oscuridad. Los de Nottingham, casi sin decirnos ni hola, ya habían arrancado con la puntualidad que se les presupone. La humedad de allí fuera desapareció y, de repente, estábamos en una buhardilla parisina y Stuart Staples cantaba para cada uno; temblando, modulando la voz de esa manera que trasciende al mundo del color y se vuelve en blanco y negro. Elegancia de una banda que acaricia sus instrumentos con dulzura de sastre y que talló las canciones a medida.

Su último album, The Somethin Rain, acaparó casi el total de una actuación demostrando, a diferencia de otros clásicos, el poder de hipnosis que atesoran en directo pese a no encadenar las composiciones que les han situado en lugar privilegiado 20 años después. “Medicine”, “Chocolate”, “A night to still”, “Come inside” y, sobre todo, “This fire of Autumn” fueron ejemplos de una ejecución de seda donde aparecieron guitarras oníricas, xilófono, bajo, teclados, melódica, Hammond y la magistral percusión de Earl Harvin, que, de tan rica en recursos y matices, restaba, sólo por momentos, protagonismo al bueno de Staples.

“No place so alone”, “Factory Girls” (Falling down a mountain) o “Another night in” mantuvieron encendida la llama de esa hoguera que dilataba nuestras pupilas, alimentándose de pop, jazz y la oscura madera del soul. Aquello se consumió y uno se quería quedar allí, obnubilado, toda la noche. Las palmas y los silbidos nos recordaron que, aunque sintiéndonos solos, éramos uno 600. Ellos, amables e inmaculados, respondieron con dos bises y una propina en forma de cover de “Man Needs A Maid” de Neil Young.

El anterior miembro de la banda, y multi-instrumentista Thomas Belhom, había abierto la noche con un leve concierto en el que se acodaron algunos de los miembros de Tindersticks y que, cumpliendo a la perfección su papel de secundario, dibujó bonito capotazo para templar el espacio de cara a los protagonistas de la noche.

De agradecer (más en los tiempos que corren) el regalo y prometedor prefacio de un II Festival Urbano que seguirá alumbrando el frío otoño que ha comenzado con el lluvioso atrezo de Tindersticks. Fue salir del concierto y haber escampado en lo alto. Los charcos del suelo lo eran también del alma y siempre para el recuerdo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.