Grupo: Vetusta Morla
Sala: Wah Wah

Se puede y se va a intentar plasmar por parte del aquí escribiente las sensaciones y emociones que rezumaron el pasado sábado en la sala Wah Wah, pero Tomi no lo pudo expresar mejor cuando acabado el concierto y simplemente espetó aquello de “qué grande es la música!”.

Obviando esta perfecta síntesis de cinco palabras, allá vamos:

A diferencia de la noche anterior en el malogrado Greenspace, la sala Wah Wah aportó la calidad acústica a la que nos tiene acostumbrados para el gozo y disfrute de un acontecimiento musical de tal hechura, aunque nosotros ingenuos aún no sabíamos muy bien lo que estaba a punto de pasar.

Vetusta Morla llevan nueve años en esto de la música moviéndose en pequeños círculos concéntricos, pero ofreciendo directos desde finales del 2002, experiencia incalculable que les va a catapultar directo a los cielos si es que queda sentido común en este país…

Nueve años, justo el tiempo que han decidido esperar hasta publicar su primer trabajo Un día en el mundo (sin contar su E.P. del 2005 Mira); y válgame dios que es mucho mejor no haber sabido de su existencia hasta tan solo unos meses atrás, porque la espera ante tal despliegue se hubiera convertido en algo simplemente irracional.

Y sabedores de ello, retrasaron el inicio del sábado por la noche descontentos con el equipo sonoro de la sala. Comportamiento de estrella precoz, cuando cientos y cientos de artistas con más caché y trayectoria que ellos han pasado por el escenario sin rechistar, principalmente porque no existen los motivos para ello. La reprimenda es necesaria, como también lo es rendirse ante el mejor concierto que estos ojos y oídos han visto y escuchado en este año, utópicamente superable en los meses venideros.

Las referencias son apreciables pero borrosas, difuminadas, en realidad disueltas en lo que al fin y al cabo es su propia poción y que tiene en su primera capa de sabor la voz de Pucho, personalísima, compleja, laberíntica, con tintes de Buckley, de Piaf y por qué no decirlo, también de Shakira.

Pero más allá de ello son “simplemente” las canciones, las maravillosas canciones, las que hacen de los madrileños una de esas bandas que abofetean a todo aquel pesimista crónico que sólo sale a pescar fuera de nuestro propio charco, plas! plas!.

Desde el primer acorde al último la sala y la banda fueron una, conexión instantánea y eterna, una auténtica lástima las personas que no pudieron entrar, todos los billetes estaban vendidos desde días atrás.

Destacar algún tema sobre el resto sería presuntuoso y una completa gilipollez, así que me lo voy a ahorrar, pero esa despedida de “Saharabbey Road” fue uno de esos momentos mágicos que te hacen sentir mejor persona.

En fin, que volviendo al principio..qué grande es la música!

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