Grupo: Andrew Bird
Sala: Mynt (Madrid)

He reescrito este inicio tropecientas veces porque es difícil empezar a describir algo para lo que no existen demasiadas palabras, aunque ese sea mi trabajo (ahora igual por mi exceso de sinceridad va y mi jefe me despide…) y además sinceramente sea mi intención, aunque se me antoja bastante complicadito…

La sala Mynt de Madrid acogió este pasado sábado uno de esos conciertos que no deberían terminar jamás, que son en algunos casos únicos en la vida de aquellos que tuvimos la suerte de estar allí…como veréis la imparcialidad me la he dejado en casa, pero es que a veces es mejor que se quede planchando la ropa.

Veinte minutos antes de que comenzara la sala estaba prácticamente desierta, con lo que nos planteamos el hecho de que nos habíamos vuelto más freakies de lo que pensábamos, pero resulta que los demás raritos fueron llegando y al final pues mira, la sala a reventar y todo el mundo a la espectativa.

Martin Dosh (baterista) entró primero en el escenario para ir, cual chef japonés, cocinando con batería, teclado y sintetizadores unas bases y secuencias en directo que ya valían el precio de la entrada, todo con una iluminación y un sonido absolutamente perfectos.

Poco más tarde entraron Jeremy Ilvysaker (bajista) y el propio Bird, que comenzó a derrochar su infinito talento con el violín, xilófono, guitarra, voz (dios como me recordaba a Jeff Buckley), silbido, palmas…en fin todo aquello que se encontraba sobre el escenario, hasta desembocar en “Imitosis”. El concierto acababa de empezar y ya el público estaba totalmente obnubilado.

Siguieron un gran número de temas de su última creación “Armchair Apocrypha” (Heretics, Plasticities, Simple X…)así como del aclamado anterior “Mysterious Production of Eggs” (A Nervous Tic Motion of the Head to the Left, Masterfade, Skin is my, Banking on a Myth…) a parte de otros temas de trabajos anteriores más relacionados con el sonido jazz y cabaret que llenaron las dos horas para un público que mostró uno de los mayores respetos que yo haya visto (recuerdo haberme acercado a la barra y darme vergüenza pedir una copa porque el de los hielos era el único sonido de la sala aparte del de los artistas).Y es que desde luego nadie estaba allí por casualidad.

A la salida, todos andando sobre nuestras nubes, se escucharon silbidos hipnóticos durante el resto de la noche…

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