Grupo: V Creampop: Niños Mutantes + Polock + Radar
Sala: Palza del Centro Social Bernia

Unas trescientas personas se dieron cita en Benissa para contar que estuvieron en el V Creampop. Un festival, más que recomendable, de esos que tienen en la cercanía su máximo aliciente. Desinterés económico y valentía de unos organizadores que ya, de primeras, es de aplauso.

El cuero rodaba en el Ellis Park y mientras Polock se esmeraban en la prueba de sonido; una prueba para la que Niños Mutantes (que no se habían querido perder ni minuto del trascendental encuentro) no pusieron lo que se dice facilidades, negándose a compartir backline y sin ceder ni un ápice en la posición de su instrumental. Ni que decir tiene que Radar y, más todavía, Plastic Frostik Machine no pudieron festejar el gol de Villa. Bastante tuvieron con aprovechar el poco tiempo que tuvieron para el chequeo sonoro.

Ya estábamos en semis cuando los granadinos Plastic Frostic Machine, pasada la medianoche, exprimían la media hora con la que se tiene que conformar habitualmente el que abre cartel. Treinta minutos que me pillaron desprevenido, y así eran Radar los que presentaban credenciales en el coqueto escenario de la Placeta del Centro Social Bernia. Primeros compases borrascosos merced a un sonido defectuoso que no tuvo remedio hasta casi la cuarta canción. Una constante que sucedió, también, en el resto de actuaciones que necesitaron de veinte minutos para atinar con las cuestión sónica. ¿Para qué entonces las pruebas de sonido? Y pensar que se perdieron el partido.

Al trío Radar, de todos modos, poco le importó lo adverso. Jorge, Javi y Daniel celebran cada actuación como si fuera la última. Sus composiciones, algo tiernas cuando se escuchan grabadas, cobraron violencia y ruidismo bautizando un sugestivo directo. Jorge Álvarez perdió incluso las gafas en uno de esos pasajes en los que agitó, feliz, su Telecaster. Directas, sencillas, pildorazos power punk de gustoso consumo. Terminaron invitando a algunos de sus amigos a subir a escena y con ellos, en tono jocoso, hacer su propia versión del “Bailando, bailando” de ¿Paradisio?

Polock también detentaron (y muchos) problemas sonoros de partida. Cuatro gotas de lluvia interrumpieron la actuación cuando sólo había sonado “Sometimes”. La cosa pintaba mal y a Pablo (el guitarrista) se le moría el amplificador nada más escampar las nubes. Por sus mentes debió pasar el abandono y más si tenemos en cuanta que llevaban dos días de carretera en el cuerpo.

Fue el poder de reacción y la destreza de su técnico, Alberto Díaz, quienes al poco rato rescataron la esperanza. Ya se habían cantado dos de sus rompe-pistas -“Nice to meet you” y “Fireworks”- y me preguntaba qué se habían dejado para el final de una fiesta que comenzaba a sonar de lujo. “Not so well” o “Tenderlies” rayaron con elegante perfección y, de repente, la banda (la misma que estuvo a punto de bajar los brazos minutos atrás) iba como la seda. Imponentes los interludios instrumentales con los que alcanzaron las cotas más altas de emoción de toda noche. Riffs, efectos, brillante percusión, bajo penetrante y decorosas guitarras fueron garantes de ese sonido que deambula entre lo pop, lo indie, los eighty y lo funky. Lo de Polock ya es serio.

Niños Mutantes subieron al escenario haciendo gala de la simpatía de la que habían adolecido en las pruebas. Perdonados. Juan Alberto Martínez avisaba de que no se preocuparan por la camisa que se calzaba, que aquello iba a ser grato. Mismas dudas sonoras en los comienzos y problemas con algún que otro borracho que quería irrumpir en escena. Pero los granadinos son carne de directo y lo volvieron a demostrar. Compactos y vehementes se mostraron sobre un repertorio que tiraba de último álbum. Las noches de insomnio es un paso más de estos “tapados” la primera del indi nacional. La psicodélica electrónica de “Quiéreme como soy”, la rabia de “Días complicados”, el nerviosismo adictivo de “La voz”, el pop con aires folkis de la pegadiza “Errante (canción mutante)” o la complaciente gelidez del tema que da título al álbum (estas dos en los bises) no faltaron a una cita que, a esas alturas, ya tenía a todo el público en danza. “En la tierra”, “Bárbara”, “Sapos y culebras”, “No puedo más contigo” o “Te favorece tanto estar callada” se colaron en la fiesta para goce y disfrute de unos asistentes que recibieron con reciprocidad el pop independiente y pedalero de los granadinos.

Ellos no querían pero el respetable manda y en su segundo bis tuvieron que calmar los ánimos con su personal versión del “Como yo te amo” de Rafael. Rondaban las cinco de la madrugada y las autoridades de la zona comenzaban a perder la paciencia. Fin.

Para cerrar, y ya a cubierto en el claustrofóbica sede del club social, pinchábamos Los Átomos Djs. Está mal que yo lo diga pero los osados que optaron por quedarse no pararon de bailar. Y, por supuesto, también acabó aquello por invitación de los agentes de policía locales.

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