En 1986, tras una actuación teatral en Broadway, se celebró una fiesta en el apartamento de Kevin Spacey. Las horas pasaban y uno de los presentes, aburrido, decidió buscar un reducto de intimidad en una de las habitaciones para matar el rato viendo la televisión. El asistente era Anthony Rapp, intérprete de tan sólo 14 años de edad. El único adolescente del lugar.

Cuando la fiesta acabó y todos se marcharon, Kevin Spacey entró en la habitación y se acercó a la cama donde se encontraba el joven. Sin el consentimiento de Rapp, el oscarizado actor se tumbó encima de él con la intención de mantener relaciones sexuales. Según el relato de Anthony Rapp, que en la actualidad participa en la serie de Star Trek, se zafó de él y se dirigió hacia la puerta. Un “insistente y tambaleante” Spacey, se interpuso, pero la situación no llegó a mayores y el adolescente se marchó de la casa.

Más de treinta años después, y suponemos que motivado por el clamor de la industria y los medios en contra de Harvey Weinstein, el pasado lunes Anthony Rapp decidió denunciar públicamente a Kevin Spacey por acoso sexual. Si las acusaciones eran ya graves de por sí, la estrella empeoró su situación utilizando dos justificaciones y/o excusas para desviar la atención en un comunicado hecho a través de Twitter: su estado etílico en el momento de los hechos y su orientación sexual.

“Esta historia me ha llevado a abordar otros asuntos sobre mi vida. Ahora elijo vivir como un hombre gay. Quiero afrontar esto de forma honesta y abierta, y eso empieza examinando mi propio comportamiento”.

Tras la denuncia y posterior defensa de Spacey, las reacciones no se hicieron esperar y tanto la industria del cine como medios y colectivos LGTB no dudaron en criticar la nefasta estrategia del oscarizado intérprete. Un comunicado que ha ido en contra de los propios intereses del actor, que ya ha visto perder el EMMY honorífico que iba a recibir y la suspensión sine die del rodaje de la próxima temporada de House of cards.

‘House of cards’, en la cuerda floja

Lo venimos diciendo desde que salió a la luz el caso Weinstein: Hollywood va a cambiar. Hollywood TENÍA que cambiar. Décadas de abusos, denigraciones sexuales, cosificación y discriminación de la mujer que, con la caída del productor estrella de los últimos veinte años, es posible que lleguen a su fin. Un efecto dominó que está a punto de llevarse por delante al mismísimo Kevin Spacey y la serie que venía protagonizando los últimos cinco años.

Tan sólo un día después de la denuncia a Kevin Spacey, Netflix anunció que la próxima temporada de House of cards iba a ser la última. Una sexta entrega que no apuntaba a final de la serie, y que hacía sospechar que la plataforma streaming no quería verse envuelta en la polémica y desligarse de cualquier proyecto con el actor. Pero, a raíz de la muy criticada defensa de Spacey y de las reacciones de industria, medios y público, ayer anunciaron que el rodaje quedaba suspendido indefinidamente. Una decisión que aísla más a la estrella.

Mientras siguen llegando las críticas al protagonista de películas como ‘American Beauty’, Netflix parece que ya podría estar trabajando en un posible spin-off de ‘House of cards’ con el actor Michael Kelly a la cabeza. Si el gigante del streaming es capaz de cancelar el primer gran proyecto de su historia, no dudamos de que las denuncias a Harvey Weinstein y Kevin Spacey puedan traer a Hollywood un cambio de paradigma y el final de sus abusos machistas.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.