Grupo: Perdido y la octubre band
Sello: Musice
Año: 2011

Perdido y la Octubre Band es el proyecto que reúne a los valencianos Alex Jordá, Txema Mendizábal, Pablo Marín y Quique Estevan, músicos de excepción activos en mil y un proyectos, entre ellos el de su paisano y estandarte de la canción de autor Manolo Tarancón, con quien les hemos visto sobre el escenario desde hace años. Ahora, juntos en pos de un propósito propio, se unen para defender las composiciones de Estevan que han recogido en TodaVía, un disco que parte de este juego de palabras para hacer un viaje entre 10 conjuntos de imágenes que se visten en clave de folk pero que también se adornan con prendas de otros estilos elegidas a conciencia, ni demasiado camufladas ni demasiado chillonas.

TodaVía empieza con tintes de bucolismo cotidiano con Mañana de domingo, canción que despistará al oyente primerizo con su estribillo en el que parece que se busca un jack (cable de guitarra), aunque en realidad se hace una curiosa referencia al actor de Brokeback Mountain Jack Twist. Del día a día de cada uno pasaremos al mundo que rodea a los músicos con La cantante del show, donde el ritmo, pese a su suavidad, se acelera poniendo definitivamente en marcha el álbum. La canción nos hace recordar a lo mejor del Quique González más tabernario pero con un punto más de dulzura.

Discutir, pese a su título es una canción muy positiva y que pega un pequeño tirón hacia el ambiente que dará El síndrome del escritor francés, un tema tan enérgico como misterioso, en el que Estevan deja levemente el idioma del cantautor realista para poner un dedo del pie en la alegoría (“una reunión de moscas”). En vagón de cola Perdido y la Octubre Band ejerce un romanticismo grácil y habla de los sentimientos universales con una sencillez que hace que tanto música como melancolía lleguen sin obstáculo al receptor. Después sonarán ecos de oleaje con El barco de Peter Pan, en la que el pedal steel de Mendizábal da el punto de inflexión para una canción que deja flotar la música como si fuera la espuma de un gran vaso de leche.
Las historias ajenas más sórdidas aparecen en Mademoiselle Seberg aunque la narración volverá pronto a la primera persona con la tristeza de Quemar el tiempo, pieza en la que aparece la voz de un atormentado y rotundo Manolo Tarancón, que pone la guindilla a este tema inquietante que es para quien escribe uno de los más conmovedores. Después está Lucas Manhattan, un tema muy en la línea del Superman de Quique González, pero con otro personaje y otra historia, claro. El disco cierra con Londres, donde Estevan se lanza al piano para contar una historia de lo doloroso de las despedidas cuando el amor es realmente verdadero, broche de platino para un disco de folk, pop y rock de manual en el buen sentido, con su dosis de personalidad. A las percusiones exactas y poéticas de Alex Jordá y las maravillas sobre cuerda de Txema Mendizábal se suman las guitarras de Pablo Marín que, junto con la voz y composiciones de Estevan, crean un álbum de estilo propio con ecos del citado Tarancón, Quique González o Fabián. Un disco que aporta un grano de arena, una piedrecita casi, al mundo de canción de autor con ropajes, en la que esta banda ha escrito ya, sin duda, su primera página.

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