Entrevistamos a: Julio de la Rosa
Redactor: Andrés Verdeguer
Género:
País: España

Mantenemos una conversación con Julio de la Rosa. La excusa es su actuación en el Deleste Festival, que se celebra en Valencia (Espai Rambleta) los días 18 y 19 de octubre. Eso es algo que le motiva de forma sobrada a De la Rosa porque se trata de un festival que cumple todos los requisitos, dice, para ser “una gozada”. Pero la conversación como que se alarga y se va por profundos derroteros y la actitud vital y la mirada a la obra se va plasmando pregunta a pregunta. Con ustedes Julio de la Rosa.

Estás anunciado el viernes 18 de octubre en la primera jornada del Deleste. Un festival para un público selecto y en un espacio ideal para disfrutar de la música en directo. ¿Apetecen estos proyectos y conceptos de festival?
Así da gusto. A mi las multitudes me echan un poco para atrás. Suelo ir a muy pocos festivales como espectador. Porque no me gusta lo que se crea en este tipo de sitios. En cambio, estar en un festival de estas características es una gozada. Ojala todos fueran así, como el Deleste.

La ilusión se nota ante esta cita. Entre otras cosas por poder desplegar a toda la banda por el escenario. A Jorge Fuertes a la bateria, las percusiones por Filo Santiago, Nieves Lázaro en plan multinstrumentista, a Jaime Olmedo al bajo y Dani Llamas a la guitarra.

El año lo empezaste publicando ‘Pequeños trastornos sin importancia’. ¿Cómo va pasando este 2013 con el nuevo disco?
Bien. Contento, digamos. Hacía mil cosas. El disco tuvo muy buena aceptación y la verdad es que no me puedo quejar.

Todavía le queda vida, ahora además del Deleste tienes nuevas citas.
Sí, ahora sacamos un videoclip de un ‘Corazón lleno de escombros’ (el 8 de octubre), que rodé este verano. Y ahora estos conciertos, festivales, también concierto en el Teatro Lara de Madrid. Tampoco es que me haya prodigado presentando el álbum, pero cuando hay buenas oportunidades pues hay que hacerlas.

¿Por qué no te prodigaste y llegan ahora las citas más importantes?
Ya se sabe que el panorama no da para mucho. Además llevo una banda de seis músicos, más técnicos de sonido… y como tengo ya el culo raspado, no me apetece salir si no le puedo garantizar un dinero a la gente con la que voy. Entonces por eso, en función del dinero que hay para el concierto toco de una manera u otra: con banda o yo solo. Pero además de a mis discos y mis conciertos, también me dedico a escribir, saqué una novelita hace poco, o a hacer bandas sonoras para películas. Entonces me voy cuadrando para hacer una cosa u otra.

Toda esa actividad como creador no la podrás detener. ¿Eres metódico en los procesos que sigues?
No, no especialmente metódico. Pero tengo mi propio látigo y me obligo más que a ser disciplinado, a echarle horas al asunto. Al fin y al cabo me divierto haciendo cosas y así, mientras pueda seguir pagándome el alquiler y pueda entretenerme, pues sí. Me encanta hacer un disco, pero también me gusta hacer la banda sonora de una peli, me encanta encerrarme y ponerme a escribir un libro, también me encanta de repente hacer mis propios videoclips o rodar un cortometraje como estoy haciendo ahora mismo. Son inquietudes, culo inquieto que soy, y así mientras puedas aprovechar el dinero de una cosa para pagar el alquiler y hacer durante ese mes otra cosa, pues estupendo.

¿Esa inquietud, ese enlazar un proyecto tras otro, es alimento para sacar el animal interior, para sacar fantasmas o para sentirse uno mejor consigo mismo o alcanzar algún objetivo?
Objetivo no hay ninguno. El objetivo es imposible, el objetivo es salvarse de la muerte y al fin y al cabo y no lo vamos a conseguir. En absoluto es por sacar fantasmas, que a menudo es necesario sacarlos. Yo el proceso de creación lo veo más como divertimento, un divertimento que a veces ayuda a sacar fantasmas. Pero no sé, es que sino me muero. He luchado toda la vida por no fichar en una oficina a las siete de la mañana. Es lo que he perseguido, básicamente mi objetivo ha sido ese. Eso me parece un crimen: que hagan a la gente levantarse de noche para ir a trabajar. Eso va contra natura, absolutamente. Es una cuestión de salvar el pellejo.

O también de libertad…
Sí, básicamente es algo muy parecido eso de salvar el pellejo y la libertad. Siempre he buscado un poco hacer cosas que me gusten, el dinero es algo necesario para poder hacerlas, pero el dinero a veces entra o a veces no entra, pero siempre te queda la satisfacción de que estás guardando tu filosofía personal lo más posible y no te estás sintiendo alienado en la medida de lo posible. Porque no te digo que no me sienta alienado, porque me siento bastante alienado. Pero al menos tengo unas pequeñas satisfacciones que son éstas con las que me puedo pagar el alquiler tranquilamente y aprovecho para lo que quiero hacer. Porque en el fondo amo la vida y se pueden hacer cosas muy bonitas a pesar de todo y lucho por ello. Ya que estoy aquí, en este mundo, vamos a divertirnos un poco.

Para desarrollar esa actitud que has explicado hay que estar muy convencido de la faceta de uno, del rol de artista…
Bueno, pero es que la palabra artista me chirría un poco. Buufff… llamémoslo persona creativa, creador…

Que vives del arte, el arte, la palabra, no chirría tanto…
Sí, pero es que hay tanta maldad en este mundo que la palabra artista tiene bastantes connotaciones muy feas actualmente.

No debería, no debería.
Bueno, me da igual cómo me llamen, pero yo prefiero utilizar otras palabras. En cualquier caso es lo de menos. Sí, soy una persona creativa y lucho por ello. A Bob Dylan le preguntaron que qué era y él se definía como poeta. Pero Bob Dylan es muchas más otras cosas.

Pero lo más importante es convencerse a uno mismo de que es eso, creador, artista o lo que sea.
Yo no sé si lo soy. Podría ser muchas otras cosas, seguro. Podría ser un fabuloso apretador de tornillos en una fábrica de montaje. Seguro que lo haría muy bien también. Actualmente soy esto. Pero también he currado en un videoclub y por lo tanto he sido videoclubero. Me gusta hacer este tipo de cosas, me llama en el arte todo un poco. Hay cosas para las que soy un negado, como la pintura. También hay cosas que no se las enseño a nadie por lo malas que considero que son. Pero hay otras con las que me divierto y el resultado es mínimamente mostrable. A mi me da mucha pena la peña que hace arte y lo guarda en un cajón, porque creo que todos somos creadores, artistas, todos tenemos una faceta, y lo que hay que hacer es fomentarla y luchar por ella. Sería mucho más bonito un mundo en que todos fuésemos más creativos y menos destructivos.

Hablando de lo que comentabas de pagar el alquiler y tal, le he preguntado a un amigo común que vive en Madrid porque no sabía el tiempo que llevas allí, si ibas y volvías a Jerez…
No, no, de Jerez me fui a los 18 años y no he vuelto a vivir allí, ahora llevo como un década en Madrid…

Y mi colega me dice: “vive en el 13 Rue del Percebe del indi”. Porque me ha dicho que ahí también vive Abraham Boba y no sé quién más. ¿Habrá mucho ruido ahí, os molestáis unos a otros?
Sí nos molestamos y esa es parte de la gracia, que es un bloque en el que puedes hacer algo de ruido. A ver, te cuento la historia. Yo al llegar a Madrid estaba preparando mi primer disco en solitario, el M.O.S., y estaba buscando piso. Y con el batería con el que grabé M.O.S., Jorge Fuertes, que también es el batería de mi último disco, era mi amigo y estábamos ensayando y le dije que había encontrado una casa, pero era para dos personas. Él, que acaba de terminar una relación y también buscaba casa, pues nos acabamos yendo a vivir juntos a este bloque. Y a partir de ahí, como todo el bloque es de la misma dueña, pues no alquila los pisos en público, sino que nos informa a los inquilinos para meter a nuestros amigos y conocidos y así tener alguna confianza. Cada vez que la dueña nos enviaba un email informando de un piso libre, pues llamaba a mis amigos y a partir de ahí fueron viniendo amigos. Y como la mayoría de mis amigos son músicos… Jorge, que también ha tocado en Nudozurdo, y yo fuimos los primeros y así fui metiendo a otros. A Pau de LHR, a Iván de Litoral, Josie Montero violinista en muchas bandas, Rusos blancos… vamos muchos.

Ese vecindario ayuda a la hora de la creatividad, beneficia o cuesta más aislarse.
¡Que tenemos paredes! No estamos dándonos la brasa todo el día…

Os veis más en el bar entonces.
Sí, respetamos nuestro espacio.

Entonces de Jerez queda poco en tu obra…
Pues no te creas, porque pasé mis primeros 18 años allí y eso te marca mucho. En la novela que saqué hace poco, en ‘Peaje’, hay muchas cosas de Jerez. De hecho la novela se desarrolla en la autopista de Sevilla a Cádiz, que es la que siempre cojo y he cogido. A menudo vuelvo, mi familia sigue yendo y a mi me encantan las playas de Cádiz.

Volvamos al disco, a ‘Pequeños trastornos…’ Es un disco que requiere atención, que de primeras demuestra mucha carga argumental. Es un disco de construcciones muy largas.
Me lo plantee así, quería hacerlo así, hasta donde me llegara. No ponerme trabas.

No sé si el personal está para tantas profundidades. El disco es en muchos casos una orgía en la que muestras la fiera de dentro.
Sí, pero al medirlo lo estás midiendo en comparación a otras cosa. Y yo no tengo la culpa de que la gente haga música para estar en festivales o para hacerse famosa. Yo para bien y para mal garantizo una serie de cosas que pueden gustar más o menos en función de tu oreja.

¿Es el orgullo de crear tu propio camino y no seguir ninguno de los establecidos o evidentes?
Es que no queda otra. Lo dijo Josele Santiago, hace años, que Los Enemigos nunca fueron un grupo a la moda porque sabía que las modas te matan. Puedes pegar un pelotazo, puedes estar de moda dos años, tres, pero ¿para qué? ¿Para hacer música de mierda? Yo tengo que subirme luego a un escenario, enseñárselo a mi gente, y sentirme orgulloso de lo que hago. Y si siento que estoy mintiendo al hacer algo, no estoy haciendo nada honesto y sino ¿qué nos queda?

Si te digo que ‘El espectador’ es el disco tuyo que más me ha marcado. ¿Qué diferencias con los que le han seguido le encuentras? Es un disco más vintage, con mayor teatralidad…
¿Tú crees? Yo no lo sé muy bien. Creo que en ‘El espectador’ ahora mismo no estoy muy orgulloso del orden, me sobran algunas canciones, pero creo que es un disco en el que yo intentaba 'ser' más que 'era'… al margen de que haya algunas canciones que me gustan mucho como ‘Amigos de mirar’ o ‘Caradura’, pero luego hay algunas en las que yo intentaba ser algo. Lo veo un disco más de búsqueda más que de encuentro. Luego el efecto que crea ya en el oyente son cosas tan personales, que el creador es el menos indicado, porque lo hace desde su punto de vista. Estaba buscando algo y los dos siguientes son más de encuentro…

Son más rotundos, siguen una línea.
Claro, en los discos siguientes había encontrado algo. En ‘Las leyes del equilibrio’, también. En M.O.S. estaba buscando pero sí estaba encontrando. No sé, es la apreciación que cada uno tiene de su propia obra.

¿La psicodelia del Hombre Burbuja, de 'Nadando a Crol' y eso queda muy lejos, no?
‘Nadando a Crol’ creo que era muy pop, tenía algún ejercicio más psicodélico como 'Piel de mosquito'. Eso queda lejos en cuanto años, pero sigue estando ahí. La vida va dándote vueltas, va siendo de otra manera, tienes otras experiencias y vas plasmando otros estados de ánimo. ‘La paz está en las matemáticas’ del Hombre Burbuja es una transición de la juventud a cierta madurez, que te das cuentas de que tienes que buscarte la vida y hacer algo, es ese punto estacionario de bloqueo ante ese descubrimiento. Y eso ya pasó en mi vida.

¿Nunca se ha planteado la vuelta?

Ha habido reuniones puntuales, incluso una agencia llegó a programar una gira que por motivos personales no pudimos hacer. Quién sabe. No se puede prever el futuro pero ahora uno vive en el País Vasco francés, otro Londres, el otro en Jerez y yo en Madrid.

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