Entrevistamos a: Quequé
Redactor: Alba Cordero
Género: humor
País: Moderdonia

Si te has entregado en cuerpo y alma al pachachismo, es probable que Héctor de Miguel Martín, Salamanca, 1977 (lo has leído con la voz de Julio, locutor de la Cadena SER, quiero pensar) haya ocupado, junto con David Broncano e Ignatius una parte muy amplia de tu tiempo libre. ‘La vida moderna’ forma parte de tu rutina diaria, ‘Locomundo’ de la semanal y ‘La lengua moderna’ ocupó el vacío de tu corazón que dejó LVM en verano. Para muchos este boom puede haberle pillado de nuevas, pero en realidad, los tres llevan mucho tiempo formando parte del núcleo duro del humor de nuestro país. En el caso de Quequé, puede que le conocieses en aquellas tardes en las que Cuatro emitía ‘Estas no son las noticias’, o cuando fuiste a ese bar de tu ciudad que programa monólogos (si estudiaste en Salamanca, era un clásico ir a verle presentar los ciclos de comedia de La Espannola), o cuando fuiste a ver ‘The Hole’, o cuando pusiste un día ‘El club de la comedia’, o cuando tu grupo favorito visitó ‘Abierto hasta las 2’ de RNE, o incluso desde esa loca época de la televisión en la que había late nights en las cadenas generalistas y aparecía al lado de Manel Fuentes. Pero bueno, fuese como fuese, menos mal, ¿no?

Esta entrevista íbamos a hacerla hace unos meses pero al final no pudimos cuadrarla, y cuando he vuelto a revistar las notas he tenido que quitar un montón de cosas que ya no me servían. El programa está en constante evolución, y lo hace de manera muy natural, porque igual un día decís una tontería que gusta al público y os aguanta dos semanas.

Sí, es un poco la clave del programa. Nosotros somos tres amigos soltando tonterías, igual que las puedes soltar tú con tus amigos. Estamos diciéndonos tonterías constantemente, con la confianza de que el otro la va a recoger y la va a hacer más grande, como un balón que va pasando de uno a otro y se va inflando cada vez más. Y es verdad lo que dices: hay cosas del año pasado que ya no decimos, y sin embargo, en los dos o tres meses que llevamos de esta temporada han surgido mil cosas nuevas. Esa es la velocidad que nos hemos autoimpuesto, que es una mierda, en realidad (ríe). Dentro de que tiene que ser muy rápido, las cosas van surgiendo de forma muy natural, que es lo que nos importa, porque no queremos que haya nada forzado.

Esa es una de las claves de ‘La vida moderna’: que se ve que todo es súper fluido.

Sí, porque la radio a veces, al igual que la televisión, es muy impostada. Puedes estar escuchando una tertulia de cuatro personas que en realidad sabes que no se llevan bien, o que más allá de esa tertulia pues tampoco se irían de copas. Hay programas donde no pasa eso, como por ejemplo en ‘Sálvame’. Yo comparo mucho ‘La vida moderna’ con ‘Sálvame’.

Me parece una comparación maravillosa, la verdad.

No en el fondo, claro, pero sí en ciertas cosas de forma. En ‘Sálvame’ hay una especie de lenguaje propio, y allí no pasa nada, no hay independencia de Cataluña, están todos felices con sus rollos. O no. Y hay cierta química entre ellos, para bien o para mal. Ves muy claro quiénes son amigos y quiénes son enemigos. Nunca sabes lo que va a pasar, y eso sí que nos une mucho. Y como en ‘Sálvame’, nosotros hemos sacrificado mucho la forma: nos da igual que la cámara no coja algo, o que el plano no se vea perfecto. Lo que nos importa es el contenido.

(En este momento, Quequé me anuncia que se va a comer un plátano. Héctor de Miguel y Terelu: definitivamente almas gemelas)

Se ha creado como una especie de secta de fans de Moderdonia, con el lenguaje, las coletillas… que si las usas con alguien que no ve el programa te va a mirar con cara de “¿qué cojones estás diciendo?”.

Está pasando, está pasando. Es muy bonito, a nosotros nos hace mucha ilusión, porque todo ha pasado sin planificarlo, ni esto ni nada del programa. Hay otra cosa que la gente nos dice mucho que es que hemos llevado los límites del humor a no sé qué punto. No, nosotros no consideramos para nada que hayamos roto ningún límite del humor, ni en ninguna reunión hemos dicho “oye, ¿rompemos los límites del humor?”. Nosotros nos dejamos llevar y decimos y hacemos cosas que nos divierten.

“El otro día nos mandó Youtube una placa, y yo se lo agradezco mucho, pero me gustaría más que nos mandaran dinero”

Yo creo que el éxito del programa está en que la gente se identifica mucho con el humor que hacéis, porque no hay etiquetas de nada. Una de las cosas que tenía apuntadas para aquella entrevista de hace unos meses es este tema de las etiquetas a raíz de un programa de Diario Vice que hablaba del posthumor, en el que Ignatius preguntaba por qué hay que ponerle etiquetas a todo, cuando realmente lo que él hace no tiene nada que ver con lo que hace Miguel Noguera, por ejemplo.

A mí “posthumor” es una etiqueta que me da tanta rabia como me daba “humor inteligente”, que hace años se usaba mucho para hablar de los monólogos. “Es que haces humor inteligente”. Mira, no, yo hago humor. El humor, por definición, es inteligente. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero el humor, para ser humor, tiene que ser inteligente, porque el humor es una caricia a la inteligencia. Con el posthumor pasa un poco lo mismo. Es que es eso, ¿qué coño tiene que ver Noguera con Ignatius? Nosotros ya lo dijimos un día en el programa: por muy modernos que seamos, y muy de Malasaña, tenemos más que ver con Arévalo que con León Benavente. Que me encanta León Benavente, eh, yo a tope con ellos, pero me siento mucho más identificado con los problemas que pueda tener Arévalo.

Pero vosotros recogéis esa identificación, o esas influencias, y las lleváis a un lugar actual, porque vuestros fans salen de internet. Me recuerda mucho a los chanantes, porque al igual que ellos, estáis en un medio tradicional, que en vuestro caso es la radio y en la suya fue la televisión, y al igual que les pasó a ellos, vuestro público ha llegado a vosotros a través de internet. ¿Cómo vivís vosotros eso de tener fans en Latinoamérica, o que os escuchen desde cualquier otra parte del mundo?

Es raro, sobre todo para la SER. Ellos están sorprendidos, no esperaban para nada todo esto. Es curioso, porque en el EGM tradicional luego no se traduce, nosotros no hacemos más audiencia que ‘Hablar por hablar’, que es lo que había antes, entonces están como despistados, pero vamos, como está ahora todo el mundo en los medios de comunicación. Estamos en una transición que está llevando a un sitio que no sabemos muy bien qué es. El otro día nos mandó Youtube una placa, y yo se lo agradezco mucho, pero me gustaría más que nos mandaran dinero. La placa está muy bien, y la colgaremos por aquí, pero algún día, Youtube, nos tendremos que sentar y hablar, porque algo está pasando.

Es que yo, por ejemplo, no conozco a nadie que escuche el programa por la radio. Yo lo veo en youtube, casi todos mis amigos lo ven en youtube y alguno que otro en podcast, pero no sé de nadie que lo escuche en la radio.

Las señoras que salen en la cabecera nos escuchan en la radio. Una de ellas nos dijo “ah, ¿sois los que dais voces de madrugada en la SER?”. Radio e internet sí que es un buen maridaje. Tele e internet aún no, la tele está aún un poco despistada, pero el podcast es un invento maravilloso. Seguramente la gente mayor sí sigue escuchando la radio de manera tradicional, pero la gente joven tira mucho de podcast.

Pero me choca muchísimo que esas señoras, por ejemplo, escuchen el programa. Que de repente una señora ponga la radio y escuche a Ignatius gritando cosas de Moderdonia y se quede.

Supongo que por inercia. Se pondrán ‘Hablar por hablar’ para dormir, pero efectivamente, antes hay que tragarse a Ignatius soltando soflamas. Es curioso, también. Cuando llegas a esa capa de la sociedad que no es tu público, no es tu target… es bonito.

Volviendo a lo que has dicho antes sobre lo bien que os complementáis David, Ignatius y tú, es algo que me recuerda mucho a Ilustres Ignorantes. Que el público puede tener su favorito, ir a veros cuando actuáis en solitario, o en otros proyectos, pero luego juntos es que funcionáis muy bien, que es lo que pasa también con Coronas, Colubi y Cansado.

Porque no tenemos nada que ver entre nosotros. Nos llevamos muy bien, pero no tenemos nada que ver. David no bebe, es un tío deportista, que se cuida, que se va al monte; Nacho es un tipo que vive por y para la comedia, aparte de su vida personal, que ya la cuenta en el programa; y yo soy un señor mayor que quiero trabajar lo menos posible. Como no tenemos nada que ver, es algo que mola mucho para hacer humor, porque cada uno tiene una visión distinta de las cosas. Y también tenemos discusiones, ¿eh? Que igual yo quiero enfocar la gira de este año de una manera y ellos de otra, y cosas así. Discusiones no violentas y desde el amor y el cariño, claro…pero es que no tenemos absolutamente nada que ver, y eso está muy guay.

“Por muy modernos que seamos, y muy de Malasaña, tenemos más que ver con Arévalo que con León Benavente”

Habéis aprovechado mucho ese buen rollo y esa complicidad para estar en ‘La vida moderna’, en ‘Loco mundo’, en ‘Late motiv’, en ‘El fin de la comedia’… Se ha creado como una especie de “secta” que es muy guay, porque realmente vuestro público os va a seguir en todo lo que hagáis.

Yo creo que ha pasado una cosa muy bonita, que ya era hora de que pasara, y es que los cómicos, sobre todo en la tele, nos hemos ido a donde teníamos que estar. Los cómicos no tenemos que estar haciéndole la competencia a Sálvame, ni en el prime time de la televisión, porque nos vamos a estampar siempre. Los cómicos podemos estar, como mucho, en ‘Tu cara me suena’, que acepta comedia y a la vez hace buena audiencia. Pero los cómicos tenemos que estar en la televisión de pago, se nos tiene que buscar. Ya no funciona lo de estar cenando, poner la tele y que aparezca alguien que te hace gracia y lo dejes de fondo. Y en la SER con ‘La vida moderna’ nos pasa un poco lo mismo: no es prime time, no es un programa que se publicite mucho…nos tienes que buscar. Y es verdad que se ha creado ahí un grupito que mola mucho, también con Ricardo Castella, que espero que no empalaguemos ni demos esa sensación de “coño, están aquí los mismos otra vez”.

Pero yo creo que son cosas distintas. Pasa con Broncano, por ejemplo. En ‘La vida moderna’ está en su papel de presentador, de moderador, y llega a ‘Late motiv’ en su posición de colaborador, y se la suda todo muchísimo y va loco. Entonces es muy guay, porque es el mismo lenguaje, pero realmente estáis haciendo cosas distintas. Y mola mucho porque creo que a raíz de eso llegó ‘Locomundo’, que está hecho para vosotros. En Movistar dijeron “toma, David, un programa, para ti”.

Sí, y con un “y lo va a dirigir Castella”. Esa es otra clave que también estábamos deseando que pasara, y es que los cómicos empezaran a tomar puestos de mando. La siguiente vueltita es que ya se sienten en las juntas directivas, aunque creo que eso va a tardar un poco más.

Hace poco, a raíz del programa de ‘Locomundo’ sobre el franquismo, leí un tuit de Hugo Martínez Abarca, político de Podemos, en el que decía que vosotros, como cómicos, explicabais mucho mejor lo que está pasando actualmente que los políticos.

Lo que se infiere de ese mensaje es que tenemos políticos muy mediocres. No es mérito nuestro, es demérito de ellos. Nosotros hacemos comedia y ya está, y explicamos el franquismo, o lo que sea, con comedia. Pero tampoco hay que fliparse. Hay gente que dice “es que ahora no podéis decir esto o lo otro, porque estáis educando a una generación”. Mira, no, yo no estoy educando a nadie. Educo a mi perra, a mi gata, que no me hace ni puto caso, y ya está. Ni la tele ni la radio están para educar a nadie, si acaso somos un reflejo de la sociedad, eso sí que lo podemos ser, pero no hay que fliparse. Es como cuando Juan Y Medio le corta la falda a su compañera y sale Teresa Rodríguez en plan “y los niños que lo ven, qué pasa con eso”. Si dejas que tus hijos vean el programa de Juan Y Medio, entonces no estás siendo un buen padre o una buena madre. Edúcalos tú, y no la tele, joder. Entonces hay gente que se flipa con nosotros y nos dice cosas como “sois la voz de la nueva izquierda” o “cómo podéis estar en contra del procés”. Mira, no te flipes. Ni somos la voz de nada ni tenemos ningunas ganas de serlo. Nosotros queremos hacer comedia. Y si luego pasa algo como el Procés y pensamos lo que pensamos, por qué no lo vamos a decir.

Es como el tuit que puso Broncano sobre Rajoy, que es un poco “ok, hacemos comedia, pero es que nos estáis tocando los cojones ya porque sois unos inútiles”.

Claro, y eso lo puede poner David, que es pachacho, o lo puede poner el frutero de abajo, y nadie le va a decir al frutero “oh, qué valiente eres por decir esto”. Vale que David o cualquiera de nosotros tenemos más exposición, pero no tiene ningún mérito decirlo. Yo esos tuits me los tomo más a nivel personal que a nivel profesional, estás dando tu opinión y ya está.

El otro día, en una entrevista en ‘La Script’, Ignatius dijo una frase que me parece maravillosa, pero que descontextualizada puede sonar horrible.

Como tantas y tantas de Ignatius… (risas)

Sí, exacto (risas). La frase era “las mujeres son los nuevos negros”, y me encantó, porque significa que están saliendo muchas mujeres haciendo humor con una situación delicada, porque realmente nuestra situación en la sociedad es una puta mierda, pero está muy guay enfocarlo desde la comedia.

Siempre ha habido cómicas, pero es verdad que han tenido menos visibilidad, y la siguen teniendo. Ahora, por ejemplo, hay cómicas como Patricia Sornosa, o Valeria Ros, que hablan de eso y lo hacen muy bien.

Valeria me gustó mucho en ‘La lengua moderna’. La conocí de casualidad en un micro abierto poco antes de la emisión del programa y dije “joder, esta tía mola mucho”, porque está contando cosas que son verdad, no hace el típico humor que se nos presupone a las mujeres, y está muy bien que haya mujeres como ella haciendo eso.

Para mí es la revolución pendiente. En la comedia y en todo, pero es que en la comedia es una situación gravísima, es un campo de nabos. En todos los sectores, pero en este, que es de exposición y de visibilidad, necesitamos más cómicas urgentemente que nos paren los pies y nos pongan los puntos sobre las íes.

“Ni la tele ni la radio están para educar a nadie, si acaso somos un reflejo de la sociedad, eso sí que lo podemos ser, pero no hay que fliparse”

FECHAS DE LA GIRA:

15 diciembre – Fuenlabrada – teatro Josep Carreras: ENTRADAS EN TAQUILLA
17 diciembre  – Huesca – teatro Olimpia: ENTRADAS AGOTADAS

19 enero – Granada – Palacio De Congresos: ENTRADAS AGOTADAS
¡Nueva fecha! 21 enero – Granada – Palacio De Congresos: COMPRAR ENTRADAS

2 febrero – Valladolid – teatro Carrión: ENTRADAS AGOTADAS
3 febrero – Valladolid – teatro Carrión: ENTRADAS AGOTADAS
¡Nueva fecha! 4 febrero – Valladolid – teatro Carrión: COMPRAR ENTRADAS

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.