El que no tiene cabeza para prever, tiene que tener espaldas para aguantar, dijo el poeta. Antes de empezar a escribir este artículo he ido a la cocina y me he traído conmigo el cubo de la basura. Lo he puesto en el suelo, a mi derecha, en previsión de que más adelante sienta la necesidad de expulsar de alguna manera el exceso de bilis que me genera este tema. Indignaos, pero no lo pongáis todo perdido. Haced el favor. Aunque no hay que ser muy previsor para armarse con un cubo para la bilis por esta cuestión; cualquier ilustre miembro de la llamada gente de bien que viera el estreno de ‘Generación Rock’, el mismo día en el que se destapaban los planes del director de RTVE para Radio 3 y la impune ineptitud de un gobierno autonómico consentido cerraba una televisión pública, habrá tenido su dosis de arcadas.

Hace unos meses asistía a una charla de Diego A. Manrique en La Nau con motivo de la presentación de su último libro. En ella le preguntaban por su salida de Radio 3. Venía a decir algo así como que era demasiado feliz haciendo lo que quería sin rendirle cuentas a nadie, y ese nadie lo había detectado. Seguramente fue lo más rápido que se le ocurrió para salir del paso, se palpaba que no tenía ganas de hablar de ese tema, pero ahí estaba el poso de verdad. RNE se cargó a un asesor de dirección de Radio 3 y ‘El ambigú’, un programa de casi dos décadas, con la misma soltura con la que más tarde el nuevo director del ente, Tomás Fernando Flores, finiquitaría a Javier Gallego y ‘Carne cruda’: la fulminación sistemática y cobarde del libre albedrío y el pensamiento crítico amparada en las estrecheces económicas. ¿Os suena?

No son los únicos cadáveres periodísticos que ha conocido el filo de ese hacha. Y la limpieza étnica de Radio 3 se puede rematar con su antikafkiana metamorfosis en una radio fórmula cualquiera. Esos son los planes de Gónzalez Echenique, exasesor de Rato y presidente de RTVE, por ese orden, según CC.OO. y algún medio. La noticia aparecía, como he dicho antes, el mismo día en el que TVE estrenaba en La 1 su última gran apuesta por el entretenimiento musical; el resultado final tuvo de entretenimiento lo que el espectáculo circense de las hermanas siamesas, y de música, la pianola que suena mientras bailan acompasando obligatoriamente sus movimientos. ‘Generación Rock’ permitía aguantarse el vómito mientras ofrecían a Melendi en modo maestro del rock, una especie de Robert Plant con acceso ilimitado a la plancha del pelo para un grupo de ancianos a los que dijeron que iban a convertir en rockeros. Primero las pensiones, luego el ‘repago’, y ahora esto: la derecha española cuidando a nuestros mayores.

La alternativa a la irrealidad musical sigue siendo ‘Los conciertos de Radio 3’, un programa que debe de costar lo que la peluquería de Melendi y que es deporte de riesgo para los que madrugan al día siguiente. Pero, tranquilos, está todo controlado: la máquina de fabricar españoles que no tienen que madrugar sigue funcionando a pleno rendimiento así que, quién sabe, cualquier día tiene la audiencia necesaria como para retrasarlo un par de horas más y que no lo vean ni los familiares de las bandas. Es cierto, hace poco se estrenó ‘Cachitos de hierro y cromo’, un guiño al fondo de armario de RTVE muy disfrutable. En La 2 y los domingos por la noche, para que no incordie mucho.

Se me rellena el saco de la bilis cuando pienso en que, hasta hace cuatro días, había en la televisión de todos un programa de música y de músicos: ‘Mapa Sonoro’. Nos han cambiado un formato relativamente original, de factura notable y con una calidad innegable, propio de una televisión pública seria, por un fraude conceptual (si Melendi es rock, Arcade Fire es flamenco-pop) con el que estultizar masivamente al respetable sin ningún tipo de miramiento o escrúpulo social. Resulta que el empobrecimiento financiero también tenía un hermano siamés: el empobrecimiento intelectual. Si esta es la forma que tenemos de salir de la crisis, a mí que me busquen en el agujero más infecto de la ciudad.

Sintiéndolo mucho por la gente inocente y profesional que hay detrás de todo esto, de la que no dudo que la habrá al mismo nivel que tampoco lo hago de la presencia de terroristas sociales y sociópatas de lo público, cada episodio que ‘Generación Rock’ consiga alargar su vida significará un clavo más en la crucifixión de una sociedad a la que quieren matar de hambre y de incultura.

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