Discazo. Obra maestra. Álbum atemporal. Disco del año. Son expresiones que pueblan cada vez con mayor frecuencia las páginas tanto de prensa escrita como online. Cada vez con mayor benevolencia y frivolidad, no vaya a ser que podamos levantar ampollas, y puedan haber hondanadas de hostias en un reducido panorama local valenciano en el que tarde o temprano nos acabamos conociendo todos. Y antes de que desenfunden rápidamente y con furia el dedo acusador, el que estas líneas suscribe entona el mea culpa, ya que ha caído en este mismo defecto (¿recurso fácil?) en más ocasiones de las que podría haber sido disculpable.

Hace poco hablaba con un músico, y pese a ello amigo, de que el exceso de jabón en la crítica musical puede llevar a un estado de complacencia muy peligroso. Así, muchos músicos locales no se llegan a explicar como en su tierra son alabados como semidioses mientras por fuera sus propuestas son sistemáticamente ignoradas, y no se comen un rosco. Unos días después, lo que son las coincidencias, hablaba con el editor de un medio musical, también amigo (de acuerdo, no sé elegir a mis amigos, pero bueno, ellos tampoco), quien trataba de razonar que hay demasiadas cosas sobre las que escribir y publicar como para perder el tiempo con cosas que no te gustan. Ni tanto ni tan calvo.

Tal vez la objetividad no esté de moda, y se pase de las críticas hagiográficas al raje salvaje gratuito con pasmosa facilidad, teniendo más en cuenta amiguismos de barra y posibles intercambios de alabanzas y favores mutuos, que la posible calidad intrínseca de la obra. Puede que eso no dependa de la mayor o menor profesionalización de cada medio, tanto como del criterio y la personalidad de cada redactor. Y luego también habría que ver si la crítica podría contravenir los intereses comerciales y publicitarios del medio en cuestión, y ahí el follón ya es de aúpa, porque con la pasta hemos topado.

Una crítica debería ser elaborada desde el distanciamiento profesional contraponiéndose a intereses más o menos afectivos, contando con cierto bagaje de conocimientos musicales, y siempre desde un punto de vista constructivo. Alguien que trabaje en prensa y firme una crítica no debería convertirse en una prolongación del departamento de prensa de tal o cual discográfica. Otra cosa es publicar notas de prensa sobre determinados eventos, que todos hacemos y hemos hecho, aunque, o porqué (vaya usted a saber) ahí uno no se pilla los dedos. Esto, que en la teoría puede parecer sencillo, en la práctica ya es otro cantar, y aunque la crítica perfecta no existe, igual los que nos lanzamos a pontificar (arghhhhh) deberíamos tener en cuenta ciertos parámetros antes de encarar el teclado. Tanto como los músicos deberían entender que una crítica constructiva siempre ayuda para mejorar, y no por ello debería implicar ningún tipo de animadversión personal. Cosa que debería estar de más recordar, pero que últimamente parece haberse olvidado. Ya ven, uno es de la vieja escuela, y cree que un colega es aquel que te dice la verdad, en lugar de freírte la espalada a palmaditas. Y sobre todo espero que esto no se quede en un consejos vendo, que para mi no tengo…

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