De nuevo, hago llamamiento a no posicionarse. El análisis del concepto “contradicción” es el núcleo de estos textos. Se presenta el blanco y el negro, pero hay toda una paleta de configuraciones posibles. Cada cuál configure la suya, aunque luego la deje marchar, pues de nuevo, no hay que posicionarse.

 

Individuo X es un músico reconocido, con éxito.

Conversa con un músico emergente.

A mi me hace gracia cuando converso con músicos

que nunca han salido de su fracaso, y critican a los que han

llegado a un cierto reconocimiento, por ser unos vendidos,

unos judas del escenario.

Se ahogan en su propia frustración, tratando de echar sus males

de ojo a otros artistas, que no han cometido otra falta que

alimentar su envidia.

Creen que su obra ya debería tener un reconocimiento

por contener rarezas y estilismos

que llaman “personales”, y que realmente no es ni un disco

decente.

Eso implica en sí ya una crítica a la música de los que triunfan,

encasillados todos dentro de lo vendido, sin personalidad.

Y eso es porque no entienden que el arte no es arte hasta que

hay consenso entre el público.

Los músicos tenemos que hacer música para y por el público.

Y con la saturación actual, debemos trabajar cada vez más

para sorprenderles.

Hablan del marketing musical como si fuera el pecado capital.

Este es otro mundo, y no el pasado en el que se anclan todos

esos artistas callejeros que dan culto a un tipo de arte ya obsoleto.

Mi obra ha pasado el filtro del público, por eso estoy aquí.

No lo olvides.

 

Individuo X ejerce de músico, que tras años de obras carente del talento inicial, ha perdido todo su reconocimiento.

Conversa con un amigo reciente que no conoce mucho de su otra etapa. 

La música se ha pervertido hoy en día.

¿Sabes?

Viajemos a un tiempo más puro.

Siglo XII.

Recordemos al trovador, o juglar dedicado a cantos populares.

El arte, era un medio de comunicar.

Propio de la calle. El pueblo se enlazaba a los cánticos,

 con el que se informaba, o se divertía.

Era un medio parido sin esperar el éxito.

Solo fluía.

Hoy creo que se comete mucho el error de crear para vender.

Se pierde las esencias interiores, y únicas de cada persona

por culpa de rascar los recovecos posibles para la masificación.

Se pierden los mensajes puros.

Yo, decido no subirme al tren de la “carrera musical”.

Hago lo que me nace, ya que pretendo volver al origen de ese arte.

Comunicar.

A mi manera.

Trazar planes de marketing y mover los hilos emocionales del público…

Me parece una devastación a la música.

¿El éxito?

Un estatus que te tienes que ganar.

Sólo si tienes los elementos de un artista original y único,

y el ambiente, el público, la época, lo detecta, y lo comparte,

entonces lo aceptas.

Pero buscarlo me convertiría en farsante.

Nada, no formo parte.

Mi obra es así.

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