Puede parecer raro pero para un nacido a finales de los ‘80 como yo su primer contacto con David Bowie fue a través del cine, en concreto a través de la pequeña pantalla y el VHS de “Dentro del Laberinto”, de 1986.

No sé exactamente como ocurrió, pero en algún momento le regalaron el vídeo a mi prima, 4 años mayor que yo, e inmediatamente me enamoré de Jennifer Connelly, el ser más bello que hasta entonces había visto. Me enamoré perdidamente de esa fantástica fantasía tan bien construida por el maestro Jim Henson (que tiempo después me enteraría que era el mismo artífice de mis queridos habitantes de Barrio Sésamo), pero por encima de todo por primera vez sentía algo indescriptible. Se suponía que el malo debía ser malo y me debía de dar miedo, como bien marca el patrón de todos los clásicos de Disney que veía semana sí, semana también, pero en este caso no era así.

jareth_sarah

Jareth, el Rey de los duendes, fue verdaderamente el primer villano que me sedujo. Sabía que no era bueno, pero tampoco quería que perdiera. Jareth era David, el primero de una larga lista de facetas del duque blanco que después fueron llegando a mi vida de forma incesante.

No sabría decir si fue el primero, pero la verdad es que David Bowie fue el gran artífice en patentar en la música el concepto de la regeneración del personaje como tabla de salvación del show business. Y es que lo que él hizo con “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” no lo ha vuelto a hacer nadie.

Como si se tratara delprofeta toda una civilización creó y enterró su propia mitología. A partir de ahí el mito. Una discografía-vida inabarcable, de la que si tengo que destacar algo me quedo con tres momentos: El “Let’s Dance”, ya que no por ser su disco más vendido es el peor, ni mucho menos. En su decimoquinto disco Bowie seguía aprendiendo y seguía sorprendiendo, y es que como le dijo Nile Rodgers (productor del disco) “si vas a hacer un disco que se llama Let’s Dance mejor que los hagas bailar de verdad”.

El “Diamond Dogs” es para mí otro esencial. Un trabajo que transpira rock, pop y glam por los cuatro costados. Si alguna vez estás en una fiesta y decae pon “Rebel Rebel”, el respetable te lo agradecerá.

Y cuando pensábamos que ya estaba acabado, que sus discípulos más aventajados lo habían sobrepasado con creces en el 2003 nos dio un guantazo en condiciones con “Reality”, uno de esos discos que a cada año que pasa gana más adeptos.

Después llegaría esa angioplastia a la que se tuvo que someter en 2004 y ese retiro obligado junto a su queridísima Iman.

Cada uno tendrá sus discos, canciones y momentos preferidos, eso es indudable, pero lo importante es que una vez se ha ido el hombre, el artista y el padre su obra queda para la eternidad, por recojo un mensaje que ha compartido Gaz Coombes (exlíder de Supergrass) en su perfil:

“Si alguna vez estás triste, sólo recuerda que el mundo tiene 4.543 billones de años y de alguna manera tú has existido al mismo tiempo que David Bowie”.

Gloria eterna padre, y gracias infinitas por mostrarnos el camino hasta las estrellas.

David-Bowie

@SuperSergiof

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.