Como buenos corredores de fondo, La Muñeca de Sal saben que resistir es ganar. Victorias pequeñas, si se quiere. A veces pírricas, pero suficientes como para no tirar la toalla tras más de quince años de música. También ayuda saber que, por algo, siempre han estado ahí. No han necesitado arrimarse al sol que más calienta, ni frecuentar con insistencia aquellos ambientes en los que se supone que hay que medrar para prosperar en un mundillo tan inhóspito y amnésico como es, muchas veces, el de la independencia rock de este país. Tampoco lo necesitaban, porque lo suyo era facturar una propuesta generalmente ajena a modas de temporada. Sí, ni podían negar el influjo de Corcobado en sus inicios, ni podían obviar la importancia que los aderezos electrónicos fueron cobrando años más tarde, ni podían rehuir el ascendiente que la constelación post rock (Mogwai o Godspeed You Black Emperor) ejerció luego sobre su sonido. Pero todas esas filias, más o menos evidentes, eran tan de largo alcance que son una de las escasísimas bandas capaces de haber estado presentes en las recopilaciones de lo más granado de la escena valenciana de la segunda mitad de los 90 (incluso bajo aquella etiqueta de La Explosión Naranja) y en las más recientes, elaboradas hace solo unos meses. Gozaron de su particular momento de gloria (gloria muy relativa, pero gloria al fin y al cabo, eso que los sajones llaman “finest hour”) a primera hora de una tarde de agosto de 2002, en aquella época en la que no era raro ver en los conciertos vespertinos del FIB a varios miles de personas, puntuales como clavos y sumamente atentos a cualquier propuesta hispana que presentase sus credenciales bajo el calor extenuante de sus carpas. Un año antes, habían teloneado con solvencia a Yo La Tengo en sus conciertos de Valencia y Madrid, bajo la atenta mirada de un Ira Kaplan encantado de tenerles como compañeros de escena. El futuro parecía sonreírles. No solo porque aquellos conciertos (especialmente el del FIB) fueran espléndidos, sino porque la rama hispana de una importante discográfica independiente les tenía en su catálogo. Desgraciadamente, las perspectivas sobre su creciente repercusión popular fueron poco más que un espejismo. El desinterés promocional (que también ha perjudicado recientemente a bandas valencianas cuyos discos son editados por sellos de ámbito estatal que se vuelcan en licenciar discos de luminarias foráneas, y que en consecuencia priorizan sus intereses hacia esos trabajos), unido a determinados imponderables (las consabidas obligaciones laborales, los desplazamientos, etc…), obstaculizó su progresión. Una progresión que había tocado techo en 2005, con el estupendo El objeto inexistente. Más tarde siguieron manteniendo el nivel, ya desde la autoedición y bajo el abrigo del reducido núcleo de incondicionales que les rendía fidelidad, y se reforzaron con una colaboración foránea, la de Anthony Reynolds (ex vocalista de Jack, banda británica de pop de cámara que facturó sus mejores discos a finales de los 90) que, prácticamente, no necesitaban. Pero aquella colaboración, quién lo iba a decir, fue el germen para que, merced a un cúmulo de circunstancias azarosas y casualidades (si es que estas existen) de lo más diverso, gestadas a lo largo del último año y medio, se convirtieran en la primera banda valenciana en protagonizar, íntegramente, uno de los CDs exclusivos que acompañan cada mes a la veterana publicación escrita Rockdelux, todavía una insoslayable referencia (pese a que algunos textos recientes, absolutamente desmerecedores, difícilmente hubieran justificado su presencia en la revista hace unos años) dentro de la mejor prensa musical de este país. Su CD de mayo va acompañado por “La Muñeca de Sal y Los Profetas”, un álbum de versiones de temas emblemáticos de la historia de nuestro pop, del de aquí y del de fuera. De Gainsbourg a Leonard Cohen, pasando por Radio Futura, Beatles, Gabinete Caligari y algunos más. Ejecutados por la banda valenciana en compañía de un elenco de vocalistas invitados (Nacho Vegas, Antonio Luque, Corcobado, Tórtel, Fernando Alfaro, Joaquín Pascual) sin parangón. Así que no duden en acercarse a su quiosco más cercano para hacerse con el número de mayo, porque el disco vale la pena.

Aprovechamos, pues, para que Juan Luis Salmerón (guitarrista de una banda que ahora mismo completan Sergio Devece, José Juan López, Pedro Roque, Roberto Timón y Sergi Calvo) nos explique los pormenores de tan singular trabajo. Desde la obligada visión de conjunto hasta el repaso, canción a canción, de todos los temas que lo integran.

SOBRE EL PROYECTO, SU GÉNESIS Y SU REPERCUSIÓN
Juan Luis nos comenta que “el proyecto tiene dos comienzos. La primera versión que grabamos fue “Wonderful life” con Anthony Reynolds. La grabamos la primera vez que vino a España a colaborar con nosotros, antes de pasar unos meses viviendo y trabajando con nosotros en Valencia. Después de que Anthony se marchase, seguimos componiendo temas propios y haciendo alguna versión. Entre ellas “The Partisan” de Leonard Cohen. Fue entonces cuando pensamos en llamar a alguien para que la cantara y, ya de paso, llamar a algunos cantantes más, a los que conocemos y admiramos, para que también grabasen versiones con nosotros. El trato habitual era que podían elegir libremente la canción que quisiesen. Nosotros la adaptábamos a nuestra sonoridad, les mandábamos la pista instrumental y cuando ellos tenían clara su parte, venían al estudio y grababan las voces. Estamos muy contentos de la magnífica respuesta obtenida por parte de todos los “profetas”, son unos profesionales enormes, y también cercanos y humildes. La publicación del disco con una revista de prestigio es una oportunidad para llegar a muchas personas que no nos conocen y que esperamos que disfruten con esta colección de versiones”.

“LA MUÑECA DE SAL” Y LOS PROFETAS, CANCIÓN A CANCIÓN
Juan Luis Salmerón nos explica los porqués de todos y cada uno de los cortes que integran el álbum. De las diez versiones y los tres originales de la banda.

-“Manifiesto” (La Muñeca de Sal):
Hipnótico tema instrumental, marca de la casa, que incide en su vena más paisajística. Parece que tenía todos los visos para ser la introducción: “Siempre lo hemos visto como un primer tema de disco. Teníamos pensado que arrancase nuestra próxima entrega de material propio, pero no quisimos dejar pasar la oportunidad de que abriese este trabajo. Llevamos ya tiempo trabajando en varios proyectos a la vez: nuestras nuevas canciones, entre las que se encuentra “Manifiesto!”, algunas de las cuales ya hemos ido presentando en directo, el disco de versiones, el material que grabamos con Anthony Reynolds, nuestra aportación al enorme proyecto “Canción de amor de un día” ideado por Javier Corcobado, proyectos paralelos…por tanto, este tema es anterior a algunas versiones y posterior a otras”.


-“La Estatua del Jardín Botánico” (Radio Futura) con Jorge Pérez (Tórtel):
Mantiene, en líneas generales, el tempo del original, pero añade la intensidad inherente al tremendismo instrumental de la banda: “Con Jorge manejamos varias opciones, pero cuando surgió la idea de hacer algo de Radio Futura, vimos la posibilidad de llevar a nuestro terreno esta canción tan mítica para todos nosotros. El ritmo del principio del tema original es algo discontinuo, y eso crea una sensación de incertidumbre muy curiosa. Tratamos de mantener esa idea al principio de la canción y luego la rompimos con un ritmo más continuado. Al principio nos costó encontrar el lugar exacto de algunos arreglos, pero enseguida acabaron encontrando su sitio”. Salen más que airosos del envite, en el que sorprende escuchar a Jorge Pérez en un registro considerablemente más trascendente que en el de la (bendita) liviandad de Tórtel.

-“Underwear” (The Magnetic Fields) con Nacho Vegas:
El blues lo fi de Stephin Merritt convertido en una sórdida sacudida de electricidad, adaptándose como un guante al registro de Vegas: “Olga Pérez, quien hizo una labor impecable, junto con Sergio Devece, a la hora de contactar con los colaboradores, coincidió con Nacho (Vegas) en la entrega del premio Príncipe de Asturias de las Letras a Leonard Cohen. Allí Javier Mas y ella le contaron por encima el proyecto, y le comentaron que Javier había metido guitarras en una versión que había grabado yo de Bob Dylan. Cuando después le contactamos para el proyecto, Nacho pensó que le estábamos hablando de la versión de Dylan, y se mostró dispuesto a hacerla, aunque indicando que era complicado, sobre todo porque él quería adaptar la letra al castellano. Cuando le indicamos que podía elegir libremente la canción que quisiese, rápidamente se decantó por esta y nos envió la letra adaptada al castellano que ya tenía pensada. Además de cantarla, grabó algunas guitarras ruidosas que hemos utilizado en los momentos de más intensidad”. Pues las casualidades no deben existir, a tenor de la magmática y sucia viñeta de voyeurismo de arrabal que les ha salido.

-“Qualsevol nit pot sortir el sol” (Jaume Sisa) con Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho):
Aquí la sorpresa es, sobre todo, escuchar al músico albaceteño cantando en catalán: “Fernando eligió él solo esta canción. Nos quedamos muy sorprendidos. Es un gran reto adaptar algo así. Además de ser muy conocida, la original tiene muy pocos elementos, y la ronda se repite muchas veces. Era muy importante que no sonase repetitiva. Nos costó mucho trabajo diferenciar cada estrofa con algún detalle que la hace diferente de la anterior. Fernando, asesorado por Sara Arco, la cantó de maravilla desde el principio. Es muy perfeccionista y autoexigente en el estudio y, como es ya habitual en sus versiones, introdujo un guiño personal en la letra de la canción, refiriéndose a la serie de animación “Arròs covat”, de la que somos seguidores”. El tono folk del original de Sisa aquí se torna aquí en rock. Un cambio de textura que no transgrede el original.

-“Faithless Lover” (Nick Lowe) con Elle Belga:
Una de las elecciones más insospechadas del disco. El encanto crooner clásico de Nick Lowe se transforma casi en una amenazante y, por momentos, tormentosa letanía de los primeros Manta Ray. Por su sinuosidad, sirve además para desengrasar tras tanta intensidad a cara descubierta. Aunque Juan Luis, por contra, no comparte que la transformación sea tanta: “Esta es, en mi opinión, la versión más respetuosa con la original. Nuestra contribución más importante es la dinámica de intensidades que le hemos aportado. Además de las maravillosas voces de Fanny y Josele, las guitarras “marca de la casa” con trémolo del ex-Manta Ray le dan un ambiente especial a la canción”.

-“El vell i el jove” (“O Velho o moço”, en el original de Los Hermanos) con Miquel Àngel Landete (Senior i el Cor Brutal):
Coincidimos de pleno en que esta es la gran revelación del disco. Olvídense del americana (o del valenciana) y déjense atrapar por esta absoluta gema pop, compuesta por una banda que lleva, desde finales de los 90, cosechando discos de platino en su país (Brasil) conjugando bossa, samba y rock anglosajón: “La gran revelación del disco. No conocíamos la canción, ni tan siquiera al grupo que la compuso. Quedamos absolutamente maravillados tanto con la original como con el magistral trabajo de adaptación de la letra a nuestra lengua que ha hecho Landete, un entusiasta que lo hace todo sencillo. Muy grande el primo”.

-“The Partisan” (Leonard Cohen) con Javier Corcobado:
Era cuestión de tiempo. Que Corcobado se implicase, y que lo hiciera con un tema de esas características: “Esta canción fue el comienzo real del proyecto. Teníamos ya hecha la versión, la estábamos tocando en el local por el mero placer de tocarla, llevábamos tiempo queriendo versionar este tema. Cuando pensamos en contar con alguien para cantarla, la elección de Javier Corcobado fue inevitable e inmediata. Cuando contactamos con él, nos dijo que si le hubiésemos planteado cualquier otro tema, seguramente no hubiese aceptado porque tenía mucho trabajo, pero precisamente esta canción tenía muchas ganas de cantarla desde hace tiempo. Una maravillosa conexión. Javier ha sido el colaborador que más se ha implicado con la parte instrumental. Es muy exigente. Propuso cambios en la estructura, modificó la entrada inicial, grabó guitarras tormenta y estuvo con Sergio en el proceso inicial de mezcla. Es la única versión del disco que ya ha sido presentada en directo en un par de ocasiones”. El resultado final añade salmuera al original, amplificando el dramatismo bélico en el que se inspiró.

-“A Day In The Life”, de The Beatles, con Jesús Sáez (Llum):
La grave tesitura vocal de Sáez cambia aquí las tonalidades de crooner y los efluvios de bossa para marcarse el órdago de releer a los Fab Four. Pero lo hace, y quizá esa era la única manera de no despeñarse en el intento, a través de un filtro insospechado: “Supongo que esta habrá sido, posiblemente, la que más haya acostado acercar a vuestro terreno. Yo creo que hay algunas canciones que es mejor no tratar de versionar, y eso incluye la mayoría de las creaciones de los Beatles. Cuando se trata de composiciones tan conocidas por todo el mundo, es muy difícil que una nueva orientación resulte más sugerente que la original, te resistes a aceptar ninguna variación en un tema que conoces tan bien. Afortunadamente, Jesús nos dio una pista genial cuando nos dijo que para la versión no nos basásemos en la original, sino en la versión de Neil Young. Gracias al camino de distorsión abierto por el maestro nos atrevimos a retorcer un poco este temazo, y la voz de crooner de Jesús ayuda mucho a cambiarle el registro. La coda final es posiblemente lo más muñequero del disco”.

-“La chanson de Prevert”, de Serge Gainsbourg, con Antonio Luque (Sr. Chinarro):
Otro añejo tema de hechuras folk convertido ahora en vibrante pop eléctrico, en un registro vocal al que Luque ya no nos tiene muy acostumbrados. Y en francés, claro. Que nadie se extrañe, después de escuchar a Fernando Alfaro cantar en catalán: “La elección personal de Antonio Luque nos encantó. Tenemos un gran respeto por Gainsbourg. La original es básicamente guitarra y voz, así que más que adaptar lo existente, hubo que crear toda la base rítmica que no tiene la canción. Las guitarras en algunos trozos emulan los arreglos originales, que son enormes. Antonio la cantó en un par de tomas, rápido y directo”. La clase no se negocia, claro.

-“La sangre de tu tristeza”, de Gabinete Caligari, con Joaquín Pascual (Surfin’ Bichos, Mercromina, Travolta):
El pop castizo y torero de Jaime Urrutia y los suyos ralentizado como si lo visionaran Mogwai. El tratamiento, pese a estar a años luz del original, no parece tan descabellado, si nos atenemos a que Joaquín Pascual sabe muy bien de ambas cosas. Tanto de lo que supone acercarse a la constelación Mogwai (Bingo, de Mercromina) como a un formato pop más, digamos, convencional y en lenguaraz castellano (presente en gran parte de la obra de Surfin’ Bichos): “Una de las elecciones más insospechadas. De niños nos encantaba el Camino Soria y este tema nos trae buenos recuerdos, a pesar de estar muy alejado de nuestra sonoridad. Es quizás la adaptación más arriesgada del disco. Joaquín se quedó sorprendido cuando le mandamos la pista instrumental, pero cuando vino al estudio, la grabó con mucha facilidad, de un modo muy natural. El tratamiento espacial de la voz en algunos fragmentos y la linea de batería le dan un aire nuevo muy interesante”.

-“Wonderful Life”, de Black, con Anthony Reynolds (ex Jack):
El precedente más claro de todo este proyecto. La colaboración que, sin saberlo, puso la simiente para que La Muñeca de Sal y Los Profetas existiera algún día. El exitazo mainstream de los 80 adaptado a la proverbial densidad sonora de los valencianos. “Esta versión fue la primera que grabamos, mucho antes que las demás, antes incluso de haber concebido el proyecto de colaboraciones. Es una de las mejores interpretaciones vocales de todo lo que grabamos con Anthony. Ha resistido muy bien el paso del tiempo, ya que la grabamos con un equipo técnicamente más limitado que el que tenemos en nuestro nuevo estudio. Se nota el buen hacer de Sergio en la producción del tema, ya que no desmerece en comparación con el sonido del resto del disco”.

-“Zelig” (La Muñeca de Sal):
Fieles a esa elástica capacidad para mudar de piel, adaptándose a la personalidad de quienes les han rodeado, tal y como hizo el personaje de Woody Allen en el film que da nombre al tema, es esta otra composición recuperada para la ocasión: “Lo fuimos probando en directo este último año. En el concierto del pasado Día de la Música en el Matadero de Madrid nos pareció que la reacción de la gente era buena y decidimos incluirla al final”.

-“13” (La Muñeca de Sal):
No hacen falta títulos para justificar esta guinda. Una pista prácticamente oculta que puede interpretarse como una ejemplar síntesis de todo lo anteriormente expuesto. Pero también, yendo a la meta lectura, como expresión de la fragmentación del consumo musical actual, o como una banda sonora más para ilustrar el caos moderno en el que vivimos: “Durante el proceso de mastering, de repente las canciones se reprodujeron una sobre otra, en lugar de una a continuación de la otra. Lo consideramos un bonito apéndice de este proyecto lleno de casualidades y sorpresas. Se escuchan fragmentos superpuestos de todas las colaboraciones, como si fuese un esfuerzo colectivo de todos los cantantes invitados. Escuchada de modo independiente resulta algo extrema, está concebida como una pista oculta a la que llegará el oyente que escuche el disco entero”.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.