Me preguntaron: ¿Qué pongo bajo el nombre? ¿Periodista musical?

Supongo que después de concluir una licenciatura (plagada de intrusismo, pero con título firmado por Juan Carlos y todo) periodista era. Porque hay mucho indocumentado por ahí y, joder, un dinero les costó a mis padres y muchas horas de estudio (aunque algunas ya fueran con banda sonora de fondo) al que escribe. Y hablando de mi padre, el Dr. Medina y los suyos nunca permitirían que un polizón sin título se colara en el hospital y diagnosticara el mal, o la cura, de sus enfermos. Ojo, que no digo que no se pueda escribir de música sin acreditación (muchos de mis predilectos lo hacen, y mejor que bien), pero que no usen el apellido. Informador sonoro, crítico musical, prescriptor …que elijan. Dirán que es una tontería. Simplemente aplíquense el cuento en sus respectivas profesiones.

Luego venía lo de musical, más peliagudo. Supongo que tras catar más de 1.000 conciertos (salgo a 6 por mes desde el año 2.000, los de antes los perdono para redondear), otras tantas barras de bar, consumo periódico de bibliografía y prensa musical de aquí y de allá, cientos de entrevistas y artículos firmados y una obsesión por el vicio sonoro que ha costado relaciones sentimentales, telarañas en los bolsillos y daños irreparables en la audición, ya tengo el título: un post-grado en rock esta vez firmado por Los Planetas, The Beatles, Bowie, Strokes, Mogwai o Gilbertástico. Ejemplos también hubo. En Valencia, sin ir más lejos, Carlos Pérez de Ziriza o Rafa Cervera.

Y en esas sigo: intentando sacar un medio de comunicación adelante (ya van 7 años más los que me tiré convenciendo al jefe de redacción de turno que Lori Meyers, La Costa Brava, Nacho Vegas, Sr. Chinarro o Love Of Lesbian no eran caprichos míos), documentando lo que redacto (aunque patas he metido), pagando por escribir (algo que, os lo prometo, antes se hacía), leyendo y escuchando todo lo que me cabe por jornada y compaginando una profesional pasión con otros trabajos inexorables al hecho de vivir bajo techo y consumir.

Y ahora, claro, toca ponerse las pilas con las redes sociales (las que vinieron y se fueron, las que están y las que vendrán), seguir respetando a los que aguantan (ahora que sé de qué va esto, más que nunca) y echar una mano y aprender de aquellos que se animan a intentarlo y muestran cultura y, sobre todo, ganas (no subrayarlos en negro por el cobarde miedo al derroque).

Entonces respondí: sí, periodista musical.

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