Querida gentuza, algunas de las grandes ausentes durante al actual campaña electoral, más allá de la desaparición eventual de cierto presidente ectoplásmatico, han sido las propuestas sobre política cultural. Por tanto, resulta loable la iniciativa de Patacho, exguitarrista de Glutamato Ye-Yé  y Presidente en la actualidad de la Junta de Autores de Música, de promover el Ciclo de Debates “El Estado de la Música. Alternativas de política cultural” en colaboración con la fundación SGAE. Después de las ediciones celebradas en Madrid y Barcelona, el ciclo aterrizaba en la Sede de la SGAE de la calle Blanquerías, por lo que hice acopio de autocontrol para evitar mi atávica tendencia a aprovisionarme de un collar hilado con cabezas de ajo y un crucifijo cada vez que me veo en la necesidad de poner el pie en tan insigne institución. Entre el público, músicos, prensa, y demás gente del gremio, y en la mesa de oradores, el propio Patacho junto al moderador del debate, Raúl Tamarit (Los Radiadores, Galavera, Tal vez mañana, etc.), y representantes de Compromis-Podem, PSPV, PPCV, y EU-Unitat Popular. El representante previsto por parte de Ciudadanos, Toni Cantó, excuso su presencia a última hora, lo que nos dejó sin sus inigualables perlas de sabiduría y sus irreprochables muestras de arraigados e irrenunciables principios políticos.

En lugar de coger al toro  por los cuernos, los representantes de los diferentes partidos tiraron de manual de político en campaña optando por hacer uso de tópicos y no meterse en jardines. Necesidad de reducción del IVA cultural, de adaptarse a las nuevas tecnologías, de crear un circuito capaz de aprovechar los contendores culturales construidos sin ton ni son…Mucho qué hacer, y muy buena voluntad para hacerlo, pero, para variar, poco sobre cómo hacerlo. Ni una sola propuesta en firme.

Como anécdota, resulta curioso que después de veinte años de ausencia de política cultural más allá del escaparate de los grandes eventos, el representante del Partido Popular se descolgase durante su intervención con conceptos como “respecto”, “tolerancia”, “educación”, etc. Hubiese sido como para echarse a reír, si no hubiese sido como para echarse a llorar. En eso andaba la sucesión de monólogos transcurriendo por los cauces previsiblemente soporíferos y el público asistente con cara de pensar de qué color pintar la cocina o si hacía falta o no comprar pan de molde antes de volver a casa, cuando al representante de Compromis-Podemos le dio por salirse del guion.

Josep Nadal, cantante de La Gossa Sorda y diputado en Les Corts por la coalición de izquierdas decidió, como quien no quiere la cosa, meterse en el barrizal de la piratería con un comentario sensato para variar en el tema en cuestión como que el problema se había enfocado mal desde un principio criminalizando al consumidor y que preferiría que no se defendiesen sus derechos como autor a base de correr a porrazos por la calle a los inmigrantes del top manta. Sí, se atrevió a salirse del discurso oficial sobre piratería en la misma sede de la SGAE. Y como suele ocurrir por estos lares con cualquier comentario sensato que se aparte de la norma, debía ser rebatido y su autor despedazado en público. Respecto a la solidez de los argumentos en contra, ya tal. Así, se escucharon reproches por parte de policías especializados en delitos contra la propiedad intelectual, músicos, compañeros de mesa, etc., ante un atónito Nadal que no sabía muy bien cómo reaccionar habida cuenta de cómo le había ido empleando el sentido común.

Servidor tuvo que abandonar la sala antes de tiempo para cumplir con sus obligaciones laborales, pero al paso al que iba el linchamiento no me habría extrañado en absoluto que el acto concluyese con un Auto de Fe en el que Nadal hubiese sido quemado vivo en el mismo hall del edificio para regocijo de parte de la concurrencia. Según me cuentan compañeros que aguantaron hasta el final, por fortuna la sangre tampoco llegó al río.

La discusión no dejaba de traslucir una indudable brecha generacional. Por un lado, la generación de aquellos que añoran los días de vino y rosas, días que inevitablemente ya no van a volver. Por otro, la de aquellos que tratan de jugar lo mejor que pueden con las cartas que les ha repartido el mundo en el que viven hoy en día, y que sospechan que en el tema de la piratería, en lugar de lo que se les ha repetido por activa y por pasiva, los tiros bien pudieran ir por otro lado.

Más allá de la coincidencia entre unos y otros  en la importancia de la educación para concienciar sobre la importancia de retribuir de forma justa a los autores por sus obras, tal vez no estaría de más poner sobre la mesa una pregunta más bien incómoda: ¿Es más fácil criminalizar, perseguir y atemorizar a manteros y consumidores, que apuntar a los grandes operadores telefónicos que se están lucrando a lo grande con las descargas ilegales? Sin embargo, tampoco me hagan mucho caso, que yo no hago más que juntar letras y  no soy un profesional del gremio. Tal vez el hecho de amenazar y plantear leyes represivas que hasta el momento no han dado fruto, y darse garbeos en apisonadoras sobre montañas de CDs ilegales que suponen el chocolate del loro respecto a las ganancias generadas por las descargas ilegales sean el camino a seguir. Después de todo, en un país en el que las ventas no dejan de descender en picado desde hace ya décadas, la táctica hasta ahora ha dado unos resultados estupendos.

PD: Según me cuenta otro de los asistentes, me he perdido otro momento glorioso. El Presidente de la asociación de los Djs valenciano ha intervenido para denunciar que los Djs que van a actuar en nochevieja en el la plaza del ayuntamiento de Valencia no son valencianos. Preocupación sin duda de suma trascendencia aunque a la postre haya demostrado no ser del todo cierta. Pues sí, este es el nivel…

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