Especies a preservarCarlos Pérez de Ziriza 30 enero, 2010 Con frecuencia una parte del público local ha tildado al Tanned Tin de demasiado experimental o de excesivamente aferrado a la languidez en sus presupuestos sonoros. El razonamiento no carece de razón al cien por cien, pero sí que queda prácticamente invalidado cuando uno hace recuento de los grandes nombres que se han dado a conocer a través de la cita castellonense cuando apenas eran nadie por aquí (Antony & The Johnsons, Animal Collective, Xiu Xiu o The Wave Pictures) y cuando se han podido testar este año, sin ir más lejos, propuestas tan enérgicas, e incluso estruendosas, como las de The Wowz o DD/MM/YYYY. Precisamente los neoyorquinos The Wowz se constituyeron, tal y como vaticinaba Jesús Llorente, organizador del certamen, en una de las revelaciones del fin de semana con su rock vintage, haciendo levantarse al personal de sus butacas el sábado tarde, en una última jornada en la que también destacaron Sea of Bees, Richard Buckner y, sobre todo, la reverencial recuperación que del legado de Galaxie 500 hizo Dean Wareham, en compañía de la misma banda con la que se presentó el jueves. Y no fueron The Wowz los únicos en poner en pie al público: el pop encantadoramente soleado y naïf de los suecos Lacrosse también lo había logrado en la tarde del jueves, en una jornada en la que compartieron protagonismo con las extravagancias (no siempre justificadas) de David Thomas Broughton, la sutileza de los excepcionales McEnroe (única presencia estatal, justificadísima en vista de cómo tradujeron al directo su notable Tú nunca morirás), el folk espectral de Arborea, el oficio de unos Dean & Britta que aún lucen más cuanto más recuperan el legado de Luna (“Moon Palace”, “Indian Summer” o “Bonnie & Clyde”), unos The Wave Pictures que siguen siendo auténticos maestros a la hora de seducir en las distancias cortas (poco que añadir a lo ya visto en Wah Wah hace unos meses, si acaso un sonido aún más exquisito) o unos Giant Sand que se dedicaron a reivindicar los temas del disco más legendario de Johnny Cash, en una actuación enérgica que, no obstante, dejó con ganas de mucho más a todos quienes hemos tenido muy pocas ocasiones de ver a Howe Gelb con su banda de siempre interpretando su producción propia. No pudimos ser testigos de la actuación de Aidan Moffatt, pasadas las dos de la madrugada, y a fe que nos duele, ya que voces dignas de todo crédito que sí que aguantaron hasta tan intempestivas horas nos aseguraron que el ex Arab Strap estuvo portentoso. Más homogeneidad deparó la tarde noche del viernes, marcada por una rítmica menor. La bizarría de la electrónica casera de Ecstatic Sunshine y sus cachivaches, al servicio de un bucle sonoro continuo, aburrió al más pintado. No así el francés Yann Tambour al frente de Thee, Stranded Horse, que desgranó un puñado de melodías plenas de sensibilidad e influencias exquisitas, con ayuda de guitarra acústica y una kora. Particularmente, uno esperaba más de unos Picastro decididamente tenues, amanerados y faltos de hervor. Su pop delicado, sustentado en piano e instrumentos acústicos, pasó con mucha discreción. No como Callers, otra banda con voz femenina al frente, que demostró moverse con soltura entre el rock arty de vanguardia de estirpe neoyorquina (por algo son de allí) y los efluvios jazzies cercanos, también por las similitudes vocales de Sara Lucas, a la siempre brillante Leslie Feist. Remataron la noche Sleep Whale (otros a quienes sólo un puñado de valientes se quedó a ver hasta las tres de la mañana), pero mucho antes de ellos The Third Eye Foundation (sin Yann Tiersen) habían descargado de forma inmisericorde todo el arsenal rítmico de su drum n bass espectral, prácticamente sin solución de continuidad; el ex Cocteau Twins Robin Guthrie ofreció el concierto más bello de toda la noche, extrayendo infinidad de matices a esa guitarra que hace años creó escuela; y el nunca bien ponderado Luke Haines, enorme compositor harto de permanecer injustamente a la sombra de otras luminarias brit pop mucho más romas cuando lideraba a los sublimes The Auteurs en los 90 (sobran los nombres, pero están en mente de todos), desgranó de forma muy poco imaginativa, sólo son su guitarra acústica, algunos de los mejores argumentos de sus discos con su banda madre, con Baader Meinhoff, con Black Box Recorder o en solitario. No era el mejor formato, ya que nunca fue ni un virtuoso de la guitarra ni un vocalista de excepción. Sí un grandísimo compositor y letrista que no siempre supo venderse, y a esa cierta aureola de loser respondió su tibia actuación. Una pena, porque su enorme repertorio quedó algo deslucido. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ