Grupo: King Gizzard & The Lizard Wizard
Sello: Flightless
Año: 2019

Ya no es ningún secreto que King Gizzard & The Lizard Wizard es una de las bandas más prolíficas, peculiares e innovadoras del panorama actual. En su trayectoria, han publicado trabajos con el sonido más fuzz y psicodélico, discos mucho más minimalistas, han coqueteado con el jazz, con los instrumentos microtonales e incluso en 2017 asumieron el estresante reto de lanzar 5 álbumes en un solo año (saliendo airosos, por cierto). En Redacción Atómica, ya hablamos de ellos hace un tiempo. Se podría decir que 2019 ha sido un año tranquilo para la formación australiana; al fin y al cabo, solo han publicado dos discos. Y como ambas referencias no pueden distar más entre sí, en este artículo hacemos una comparativa.

King Gizzard & The Lizard Wizard es un grupo que va de etapa en etapa, como los adolescentes que son góticos una semana, emos a la siguiente e indies a la otra. La banda comandada por Stu MacKenzie oscila siempre entre trabajos marcados por la brutalidad sonora (I’m In Your Mind Fuzz, Nonagon Infinity, Murder of the Universe), y otros álbumes más folk, calmados y acústicos (Paper Mâché Dream Balloon, Sketches of Brunswich East); al tiempo que construye su música en motivos temáticos como el Lejano Oeste, la Edad Media o la fantasía distópica. Fishing For Fishies, publicado a finales de abril, claramente se enmarca en el segundo grupo, pero probablemente sea el álbum menos interesante de los quince lanzados hasta la fecha.

Fishing For Fishies es el resultado de la apuesta de King Gizzard por el sonido blues y el boogie. Y lo del boogie no es ninguna interpretación, pues la banda no se preocupa por ocultarlo y titula nada menos que tres canciones haciendo referencia a este estilo (me imagino cómo se tirarán de los pelos aquellos músicos que se escandalizan al ver cómo la crítica musical etiqueta sus creaciones). El disco, que está construido en loop (no es el primero), arranca con el tema que le da nombre, y la banda sonora perfecta para una escena de una road movie ligera. Desde el inicio uno se da cuenta de que no está ante el trabajo más contundente en el apartado sonoro de los australianos, pero «Boogieman Sam» introduce los ritmos boogie y sitúa la escena en un prado primaveral por el que dar un paseo. Incluso MacKenzie se pone en la piel de un pajarillo en «The Bird Song», un tema con reminiscencias a la actitud más chill de Sketches of Brunswich East, solo que con bastante menos frescura (en aquel álbum, ayudaba la presencia de los estadounidenses Mild High Club). «Plastic Boogie» nos trae el estribillo más agradable a los oídos, pero cuando llega «The Cruel Millennial», la harmónica se torna cansina.

«Acarine» es la rara avis (seguimos con los pájaros) del disco, pues es una suerte de pieza ambiental que sirve de preludio a «Cyboogie», el tema con el que concluye Fishing For Fishies y cuyo título define el contenido de todo el álbum. King Gizzard intenta producir un blues boogie con el valor añadido de la psicodelia, el loop y la jam; el sonido más orgánico mezclado con algún que otro sintetizador. El resultado es una especie de engendro cyborg, que no es ni humano ni robot.

El siguiente paso de King Gizzard tras publicar Fishing For Fishies no podía ser otro que lanzar un álbum de thrash metal. Y así fue. Infest The Rats’ Nest es la incursión del colectivo australiano en la música del guitarreo espídico, las melenas kilométricas y la cultura headbanger. Ese adolescente con inquietudes ha pasado de cantar a los pajarillos a anunciar el fin del mundo y la búsqueda de un nuevo planeta en el que asentar la raza humana.

«Planet B» es un comienzo notable, en el que se puede apreciar ya la aproximación a la anarquía sonora que reinaba en Nonagon Infinity o en Murder of the Universe. «Mars For The Rich» convierte un riff más propio de los Doors o de los Black Sabbath más reflexivos en un poderoso derroche de energía. En medio de la ambientación futurista distópica, «Superbug» aporta el toque stoner al conjunto, y se convierte en el tema más estimulante del álbum. A partir de ahí, comienza una deriva verdaderamente anfetamínica en la que los humanos sobre los que canta MacKenzie con voz gutural deambulan en la inmensidad del universo en busca de un nuevo hogar. El argumento, afortunadamente, tiene un final cerrado. «Hell», el infierno, es el tema que concluye el disco.

La evolución de King Gizzard & The Lizard Wizard con la publicación de Infest The Rats’ Nest va en la línea del camino tomado por una banda muy similar en lo que se refiere a la psicodelia ensordecedora, los californianos Thee Oh Sees. Ambas formaciones han sorprendido lanzándose a un sonido mucho más pesado y colindante con el metal, y ambas han contado con el rechazo de algunos puristas del género. No obstante, en un mundo como la devoción musical en el que tan difícil es adaptarse a los cambios en el sonido de un grupo idolatrado, bandas como King Gizzard & The Lizard Wizard instan a divertirse, canción a canción, en la fiesta de la psicodelia.

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