Lean on Pete: el obstáculo es el caminoCésar Pereyra Venegas 17 mayo, 2018 Hay películas cuyo estilo encajan en algo que desde hace unos años he acuñado como “cine de reposo”, comprendido por relatos con un desarrollo carente de altibajos emocionales o giros narrativos que desvíen nuestra atención de los objetivos impuestos por el protagonista desde un inicio. En él, la cámara y el montaje optan por mostrar antes que sugerir, por la natural antes que lo artificial, y los personajes, lejos de impactarnos o dejarnos una evidente lección, cumplen una función netamente estructural, es decir, reflejar los principales conflictos de la historia. En “Lean on Pete” (2018), homónima adaptación cinematográfica del libro escrito por Willy Vlautin, conocemos y acompañamos a Charley, quien a los 15 años debe poner un alto al curso natural de su vida, y a los sueños que en ella residen, por mudarse junto a su desinteresado padre a una enésima plaza de trabajo. Allí, mientras se acostumbra a los desayunos con cereales congelados (“…porque la refrigeradora es el único lugar donde no llegan las cucarachas”) descubre un hipódromo que, por alguna razón no explícita, llama su atención. Días después, durante una de sus rutinarias maratones, conoce al malhumorado Del (eterno Steve Buscemi), dueño de un maltrecho caballo de carreras llamado Lean on Pete, por quien Charley comienza a sentir una especial conexión, llegando al punto de emprender a su lado un viaje en busca de su tía Margy (Alison Elliott), la única figura materna que jamás ha tenido. “[Andrew Haigh] deja de lado su probada virtud en la composición y posicionamiento de la cámara para apelar al talento de su reparto” La odisea de nuestro mancebo protagonista entra en la categoría de aquello que los estadounidenses llaman “coming of age”, un género literario y cinematográfico que retrata la transformación física y emocional de alguien en plena transición entre la adolescencia y la adultez. Charley huye de un entorno familiar convulso y agresivo para adentrarse en la incertidumbre de la informalidad y la supervivencia, cruzándose en su camino con figuras representativos de la idiosincrasia estadounidense: desde jóvenes veteranos de guerra hasta miembros de marginadas y olvidadas minorías sociales. Andrew Haigh, mundialmente conocido por dirigir la premiada “45 años” (2015), deja de lado su probada virtud en la composición y posicionamiento de la cámara para apelar al talento de su reparto. Junto al solvente aporte de Buscemi y Chloë Sevigny, quien interpreta a la curtida jockey Bonnie, tenemos a Travis Fimmel (“Vikingos”, “Warcraft”), como Ray, el padre de Charley, cuya única reflexión para su hijo será “todas las buenas mujeres han sido camareras alguna vez en su vida”, una idea que, si ponen atención, será importante en el devenir de la historia. “[Lean on Pete] presenta momentos conmovedores sin llegar a ser melodramática” Charlie Plummer, de quien ya hemos hablado en nuestra crítica a “All the money in the world” (2018), interpreta a un adolescente de mirada perdida y alma inocente. Un muchacho que encuentra en su dócil caballo la única figura que por momentos parece responder de manera intuitiva a sus cuidados y atenciones, los mismos que jamás recibió por parte de su más íntimo círculo familiar. Ante tan duro contexto, Plummer dosifica muy bien las emociones de su personaje, eligiendo muy bien cuándo contenerse y cuando explotar. Cuándo sonreír y cuándo llorar. Depurada y concisa, “Lean on Pete” presenta momentos conmovedores sin llegar a ser melodramática, enseñándonos a apreciar la pérdida como elemento imprescindible en la maduración y el descubrimiento personal. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ