Siendo una de las citas más importantes en el panorama cinéfilo español, el Festival de Cine Alemán en Madrid inauguró su vigésima edición el pasado 12 de junio con “En tránsito” (2018), la última propuesta de Christian Petzold, autor de la multipremiada “Phoenix” (2014).

Cinéfilo y confeso admirador de Alfred Hitchcock, el director alemán recibió a un selecto grupo de redactores en uno de los ambientes del mítico Palacio de la Prensa para entablar una conversación sobre la película, un melodrama protagonizado por Paula Beer y Franz Rogowski, y ambientado en un hostil y anacrónico contexto social y político.

¿Quiso aplicar una narración atemporal que trascendiera los límites del tiempo y del espacio? ¿O algo abstracto que pudiera interpretarse en cualquier momento y escenario?

Cuando pensé en rodar «En tránsito» y situarla en la actualidad, viajé a Marsella y me pregunté sobre lo que está ocurriendo realmente allí.  ¿Qué pasaría si llegase un tren y los pasajeros tuviesen que saltar en su intento por escapar de las fuerzas de seguridad? ¿O si en este momento, en esta oficina, entrase una mujer buscando a su desaparecido marido? Y lo más sorprendente fue que me di cuenta de que tenía que contar esta historia en Marsella, por ser una ciudad actual pero que encierra distintas épocas. Esos contenedores de tren que aparecen en cierta parte de la película, por ejemplo, nos recuerdan inmediatamente al encierro que sufrían los judíos en Auschwitz. De esta manera hago que el presente corresponda con el pasado. Otro ejemplo de ello es el Museo Mucem, ubicado en una vieja edificación militar que servía para proteger a Marsella de los ataques enemigos. Ahora es un museo europeo bastante transparente a raíz del acuerdo Schengen. Una ciudad como Marsella alberga el ayer, el hoy y el mañana.

¿Cómo decidió adaptar la novela “En tránsito”?

Debo decir que el libro (de Anna Seghers) es uno de los más importantes en toda mi historia como cineasta y cuya belleza ha inspirado todas mis películas. Llegó un momento en que, junto a mi amigo Harun Farocki, pensamos: “¿por qué no adaptamos esta historia al cine?”, ante lo cual él respondió “No creo que sea buena idea […] los buenos libros no deberían llevarse al cine”. Hice un pequeño boceto pero no le gustó demasiado a Harun. Tras su muerte, estuve dos años apartado del proyecto. Al perder toda la información recopilada en un imcidente con mi ordenador portátil, me liberé de aquella historia para, algún tiempo después, volverla a sacar. Fue así que me di cuenta de que, si la cuento desde el hoy, es una historia que puede tener fuerza. Si lo cuento desde el pasado, tal.y cómo lo indica la novela, es una historia que está muerta.

Trilogía de la identidad de Petzold: Barbara, En tránsito y Phoenix

Teniendo en cuenta la gran cantidad de puntos de contacto que tiene esta película con «Barbara», me gustaría saber si en este caso ha querido realizar una historia más abierta a interpretaciones en cuanto a contexto histórico se refiere, siendo un ejemplo de esto el vestuario de los personajes, similar al de los años 40 a pesar de estar ellos en un contexto actual. ¿Se busca una historia más abierta a interpretaciones con respecto a la migración, al nazismo, a la ocupación y fenómenos similares?

Efectivamente, mi intención era un final abierto para la película de modo que así motivo distintas interpretaciones. Además, tengo que explicar que a la hora de hacer cine pienso en clave de trilogías, de modo que si hablamos de «En tránsito«, que concluye lo iniciado con «Barbara» y «Phoenix«, diría que son historias de amor en sistemas opresores. «Bárbara» es el amor de una mujer detrás del telón de acero en la República Democrática Alemana y «En tránsito» es una historia de amor en el limbo de pasar de un estado a otro. En el cine, el amor actúa como bálsamo para las personas que sufren y cuando conocen a alguien vuelven a sentirse bien, o al menos ese es el mensaje de la mayoría de las películas. Ante esto, hay que decir que el amor es fruto de las circunstancias que viven mis personajes.

“…hacer una película es buscar una identidad

cinematográfica […] tu propia identidad

cinematográfica”

Existen dos puntos de vista bastante marcados en la película. El primero de ellos pertenece a una voz en off que describe algunos hechos puntuales en la historia. Del segundo es dueño Georg, nuestro protagonista, con una naturaleza más subjetiva y hasta podría decirse que onírica. ¿Podría ampliar un poco sobre este apartado?

En realidad, me molesta el uso de la voz en off en las películas ya que se asemejan a una especie de dios que está por encima de la historia y los personajes, explicando absolutamente todo lo que sucede. Es por eso que en este caso, la voz en off es la de camarero cuyo relato a veces ni siquiera está sujeto a la verdad, como en aquella escena donde describe un beso entre dos personajes cuando en realidad lo que vemos es a ellos sujetados de la mano. Esa voz en off, además de relatar los hechos, me sirve para equiparar memoria y actualidad, es decir, al contar un suceso lo convierte en algo perdido, algo que es parte del pasado. Y los personajes, así mismo, han perdido su pasado pero también han perdido su presente.

Paula Beer cómo Marie, en un fotograma de «En tránsito»

Una constante en el cine alemán, y en el suyo evidentemente, al menos en sus tres últimas entregas, es el tema de la identidad a partir del encuentro, el amor y las pérdidas. ¿Es esto algo que le interesa particularmente o que interesa en el cine de su país?

Sinceramente, no lo había reflexionado. Sin embargo, considero que cineastas alemanes como [Wim] Wenders o [Rainer Werner] Fassbinder están muy solos y no se encuentran arropados por una cultura cinematográfica, entre muchas cosas, por la intervención de los nazis en el desarrollo del cine. Ante esto, ambos deben forjar sus historias sin apoyo de nadie y bajo una constante búsqueda de referentes. Wenders los encuentra en John Ford y el romanticismo tardío alemán, y Fassbender en Douglas Sirk y (Max) Ophüls. Cuando tenía 16 o 17 años, etapa en la que empecé a ir al cine, también buscaba mi propio imaginario cultural y lo encontré en estos dos directores, razón por cual «Barbara» pueda presentar mucho de Wim  Wenders con respecto a los paisajes y «Phoenix» más de Fassbinder en su constante búsqueda de tradición. En cualquier caso, hacer una película es buscar una identidad cinematográfica […] tu propia identidad cinematográfica.

¿Cómo describiría el panorama cinematográfico alemán, en particular, y europeo, en general, al día de hoy?

Es una pregunta muy difícil de contestar. Lo que puedo decir es que el cine alemán estuvo por muchos años fuertemente influenciado por la televisión pública alemana, una institución muy fuerte pero víctima de ciertos momentos de crisis que a su vez han permitido, como suele suceder, el surgimiento del buen cine. Con respecto a Europa, considero que lo que sucede actualmente solo puede ser abordado por el cine.

[Wim] Wenders o [Rainer Werner] Fassbinder están

muy solos y no se encuentran arropados por una

cultura cinematográfica”

Al haber cerrado esta trilogía (Phoenix, Barbada y En tránsito), ¿cuáles son sus siguiente proyectos?

Acabo de terminar una trilogía de películas policíacas para la televisión alemana, y lo siguiente será una trilogía de cuentos alemanes. El primer título de esa trilogía se tratará sobre una ninfa de agua que mata a los hombres que la abandonan.

¿Podría comentar sobre aquellos personajes que se repiten en la historia, apareciendo y desapareciendo de manera sorpresiva, algo bastante relacionado con la naturaleza enigmática de Marie, personaje interpretado por Paula Beer?

Tan solo por su nombre, pensamos que Marie (o María) no es la proyección de un personaje real sino la de un hombre. Esto es algo visto en la historia de la música, de las canciones, de los marineros, así como en muchas canciones en alemán que hablan de ‘La María del Puerto’ . Es decir, el nombre de Marie evoca, no una persona de carne y hueso sino algo parecido a una aparición casi litúrgica o divina. De hecho, en la novela el personaje de Marie es algo etéreo, un detalle que la misma autora ha llegado a mencionar, afirmando que “parece un personaje escrito por un hombre y no por una mujer”. Dicho esto, Paula Beer, la actriz protagonista, supo darle vida a Marie. Los zapatos que eligió, por ejemplo, son prácticamente de baile, y convierten a Marie no en una proyección sino en una mujer de carne y hueso.

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