Grupo: FIB´10 (VIERNES)
Sala: Benicàssim

Llegamos al FIB con el sonido de fondo de los Cola Jet Set. En la distancia maneras y actitud de grupo prefabricado de la Motown con chicas uniformadas, pero alarmantemente inofensivos al acercarse a las primeras filas y asistir a su ñoñipop reconvertido a base de pincelada formal, lejos de unos Pepper Pots, por poner un ejemplo patrio que si capta esa onda de la vieja radiofórmula con vetas de soul y orfebrería negra.

Salimos trasquilados y corremos a la carpa grande a ver a Fionn Reagan. Su correcto indie folk -en la primera parte del bolo, un singalong con acústica, y en la segunda, un ajustadito set con banda- empieza a entonar la tarde después del false start y a ponernos contentos: esto si que pega en una ociosa tarde de verano festivalera.


El noise destartalado de los Triángulo de Amor Bizarro toma el relevo. Modernitos/as y guiris sucumben a su apisonadora pro-Sonic Youth, y de ahí a Señor Chinarro, y tiro porque me toca.

Delicioso repertorio cohesionado en torno al nuevo cancionero engendrado tras el cisma de El Fuego Amigo -primer LP del neoChinarro masivo y ultrarradiable- y multitud de fans que corroboran lo erróneo de pensar que el FIB es un pack etílico-festivo para guiris con cartel orientado a la horda anglosajona.

El Stroke Julian Casablancas tocó el cielo de la jornada del viernes con su espectáculo aeróbico plagado de miradas a su pasado glorioso -«Reptilia», «Automatic Stop», «Modern Age»-, ejecutado por una banda impecable que dota de un nuevo sentido al pop frío y electrobizarro de su reciente disco en solitario. Buen sabor de boca y ganas del regreso de la banda de NY.

Entre medias, Mumford&Sons daban una lección de directo y juego de intensidades para delirio de todos los guiris, y fueron muchísmos, congregados en torno al Fiber FIB. No cabe duda que los británicos tienen la fórumla de esa nueva moda llamada alt-country.

Lo de Peter Hook no tiene nombre, y no pensamos comentarlo aquí. Yacht And The Straight Gaze nos pareció una espantajería previsible, como unos The Sound para gafaspasta. Y Goldfrapp… Pues Goldfrapp.

El juguete perfecto de Vampire Weekend saludó la madrugada del sábado con su afro-indie gamberro y (casi) autoparódico, invitando a bailar al personal y desatando el nervio hooligan de la noche. No hay que pedirle más al show hiperactivo de una banda que se repite con gracia, y sin otra pretensión que divertir. Hot Chip se nos pasó por completo, en el limbo de los horarios que no encajan y los empachos de comida que se desparrama por los bordes.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.